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paramensajeDEL CIELO A LA TIERRA
 
SETUN SHENAR COMUNICA:
 
LA CONFEDERACIÓN INTERESTELAR ESTÁ COMPUESTA POR MILES DE MILLONES DE MUNDOS EN LOS QUE VIVEN Y OPERAN CIVILIZACIONES HUMANAS EXTRATERRESTRES DE LA TERCERA Y DE LA CUARTA DIMENSIÓN.
ALGÚN DÍA NO LEJANO, EN LA TIERRA, VIVIRÉIS Y SABOREARÉIS LA FRESCURA Y LA LIMPIDEZ DE LA VIDA, DEL AMOR, DE LA PAZ Y DE LA JUSTICIA.
PARA NOSOTROS, “ALIENÍGENAS DE LUZ”, NO ES DIFÍCIL “RAPTAR DULCEMENTE” POR LA NOCHE A UNO DE VUESTROS JÓVENES Y DARLES LA CERTEZA DE QUE LA FRATERNIDAD CÓSMICA PREDICADA POR NUESTROS OPERADORES ES REAL, CIERTA Y VERDADERA.
MARCO MARSILI, UN JOVEN ALUMNO DEL CÁLIZ VIVIENTE DE LA COMUNIÓN.
¡LEED! ¡MEDITAD! ¡DEDUCID!
¡PAZ!
 
SETUN SHENAR SALUDA
 
Roma (Italia)
30 de Junio de 2013
16:34 horas
G. B.
 
EXPERIENCIA
(Por Marco Marsili)
 
¡Salud a Ti, Hijo de la Luz!
¡Salud a Ti, Espíritu Solar!
¡Salud a Ti, Hermano Maestro!
 
Escribo a Ti esta Experiencia Astral, para hacerte saber lo que me ha ocurrido la mañana del 29/06/13, antes del surgir del Astro Padre Nuestro.
Me encontraba con Francesca, mi hermana Claudia y su marido Gabriele, Eugenio Riganello y Licia, sentados en círculo en la Posición de meditación del Loto, sobre una especie de alfombra blanca grande de forma rectangular.
Estábamos todos en esta gran “alfombra voladora”, suspendidos en la envolvente oscuridad del Espacio Cósmico.
Habíamos partido en misión desde el Planeta Tierra, con cascos e indumentarias blancas de cosmonautas, si bien yo me sacaba bastante a menudo el casco, porque lograba respirar incluso sin él. No se precisamente cuál era la misión, pero creo que se trataba de verificar la posibilidd de permanecer por largos períodos de tiempo en el Espacio Sideral.
Nos sentíamos felices.
 
En ese contexto de gran silencio, la Telepatía era el único lenguaje utilizado. La Intuición compartida dejaba en evidencia nuestros diferentes grados de evolución animica, pero esta consciencia no provocaba nunguna tristeza ni controversia, es más, estábamos muy serenos porque no podíamos escondernos nada y entendíamos la enorme importancia de esas diferencias: eramos conscientes del valor específico que cada uno de nosotros aportaba a la misión.
Por ejemplo Eugenio y Licia estaban – en cierto sentido – “separados” de la situación: estaban envueltos por la misma Luz y eran como una sola cosa; pero esa “separación” no los dejaba ajenos, mejor dicho, todos sabíamos que si no hubiera sido por la enorme energía que ellos estaban emanando la misión misma habría sido imposible.
Al mismo tiempo Francesca, Claudia, Gabriele y yo absorbíamos esa energía y nos servíamos de ella justamente para mantener estable la blanca y resplandesciente “alfombra voladora” sobre la que nos encontrábamos.
De improviso vi venir desde lo alto del Espacio Estelar una Flor luminosa de color lila-perlado, de dimensiones similares a las de una Cala: de hecho era una hermosísima Flor de Liz.
Esta Flor de Liz se posó delicadamente en el centro de nuestro círculo y del suyo, donde una flor común tendría que tener el polen, comenzó a aparecer una neblina luminosa que proyectó en el éter una especie de stargate: un portal formado de luz clara.
Y justo desde este portal vemos salir una bella joven de largos y ondulados cabellos rubios. Sin dirigir una palabra comenzó a tocar y a escudriñar desde cerca nuestra alfombra.
Instintivamente sabía que era una científica encargada de controlar el buen funcionamiento de nuestro medio de transporte. Sin embargo era bastante distante con nosotros, casi como molesta ante nuestra presencia, por lo muy concentrada que se encontraba cumpliendo con su trabajo de control y de mantenimiento.
Ninguno de nosotros osaba dirigirle la palabra.
 
En un determinado momento tomé coraje y atraje su atención gesticulando, dado que mis intentos telepáticos no obtenían respuesta.
Se giró hacia mi y me miró como un padre mira a su hijo que es exageradamente agobiante, telepáticamente me hizo entender que no estaba allí para hablar con nosotros, sino simplemente para supervisar nuestro medio de transporte; agregó severamente que no teníamos que seguirla cuando se fuera.
No contento con su respuesta y con gran curiosidad le dije: -“¡Pero tendrás una casa! ¡Tendrás un lugar de procedencia, un Planeta de origen! ¿Cómo se llama el Planeta en el que vives? Nosotros al nuestro lo llamamos Planeta Tierra ¿cómo llamáis vosotros al vuestro?”.
Ella respondió: -“Nosotros no somos como vosotros: no acostumbramos darle nombre a todas las cosas, por lo tanto nuestro Planeta no tiene un nombre real, pero si quieres puedes llamarlo TAO”.
 
Apenas dijo esto se dio la vuelta y se fue... pero precisamente mientras atravesaba el portal, Gabriele dio un salto y la siguió, entonces yo también salté de la misma forma... y de repente (ignorando las explícitas recomendaciones de la bella científica) nos encontramos dentro de un pasillo de una gran Astronave ¡caminando justo detrás de ella!
Después de habernos reprendido brevemente dijo: -“No tendríais que haberme seguido, porque no es lícito que os encontréis aquí porque hay circunstancias que podrían retrasar o impedir vuestro regreso”.
 
¡En lugar de entristecernos Gabriele y yo nos sentíamos inmensamente felices por oir esas palabras! ¡De hecho la perspectiva de no volver a la Tierra no era tan desagradable! Respondí: -“¡Qué estupendo! Ojalá pudiera ser que no volvamos atrás y que vayamos a vivir a otro Planeta”.
La joven científica, al comprobar nuestro nivel de infantil exaltación, nos dejó en manos de un colega suyo más paciente, precisamente como una educadora cinófila entrega a los perros que no logran aprender ni siquiera las ordenes básicas.
 
De todos modos, ya estábamos allí, por lo tanto teníamos que desembarcar en su Planeta para luego intentar hacernos regresar.
Apenas pusimos pie en tierra, una emorme emoción se adueñó de nosotros: estábamos en el Planeta TAO: estábamos en otro Planeta... ¡estábamos REALMENTE en otro Planeta!
Para nuestra suerte el colega de la científica fue amable: era severo, pero amable. Nos guió en una especie de visita turística-instructiva por la ciudad en la que nos encontrábamos.
No era una ciudad como las que tenemos nosotros: no era tan poblada; se entendía que era un Planeta que albergaba una Humanidad compuesta por miles de millones de personas, pero que ellos habían elegido no construir una ciudad: parecía que habitaban a lo largo de toda la superficie del Planeta de manera homogénea y sin aglomeraciones urbanas.
 
El primer lugar al que nos acompañaron era una Escuela.
Nos mostraron pequeñas obras de arte, entre las que se encontraban algunos vestidos en miniatura (¡similares a los vestidos que realiza Antonio Urzi!) realizados con una especie de hilo de “cobre plástico”, maravillosamente trenzado y bordado. Pensé que solo un experto artista podría realizar trabajos de ese tipo, porque parecían realmente obras de arte de gran valor y de impecable manufactura. Mientras volvía a mirar esos objetos y mientras pensaba en estas cosas nuestro guía nos dijo que eran las “manualidades realizadas por los estudiantes más jóvenes: niños de cuatro años de edad”.
Me quedé en silencio.
 
En ese momento, de una especie de puerta que se encontraba frente a nosotros, salieron tres jóvenes que según lo que a mí me parecía tenían aproximadamente mi misma edad: 27 o 28 años.
Nos saludamos y yo les pregunté a qué nivel de estudios se encontraban. Sonriendo me respondieron que en su Planeta no había un verdadero “final de los estudios”: cada uno podía seguir estudiando las materias que más le interesan ¡incluso durante toda la vida!
Entonces reformulé la pregunta diciendo desde cuándo estaban estudiando, imaginando que (al tener mi edad) habría podido relacionarme con ellos en base a los estudios que yo también amo realizar en mi vida. Quedé estupefacto al notar la expresión divertida de sus rostros, mientras me respondían que ya hacía cuarenta años que estudiaban: eran jóvenes de 44 años de edad... ¡no tenían para nada mi edad!
 
Mientras razonaba en medio de mi estupor, nuestro guía me transmitió una información telepática: “Aquí la edad de las personas no se puede deducir de su aspecto físico, porque el envejecimiento es para nosotros una característica muy relativa de la vida, de hecho aquí no envejecemos como vosotros, porque nuestra decadencia física no está dictada por las enfermedades o por los traumas y, de hecho, no se puede llamar envejecimiento. Nosotros no padecemos enfermedades. Hemos eliminado todo tipo de enfermedad, adoptando – colectiva e individualmente – un estilo de vida de adaptación a los ciclos de crecimiento y de decadencia a los que está sujeta toda la Naturaleza. Además, si se nos llegara a presentar dicha necesidad poseemos medios muy válidos como para transmutar toda desarmonía psicofísica, transformando las causas negativas en efectos positivos que aporten una evolución psicológica al individuo que llegara a necesitarlo”.
¡Sin comentarios!
 
Salimos de ese edificio y emprendimos camino hacia una bonita avenida, muy amplia y tibiamente soleada.
Las casas a lo largo del trayecto eran bajas y anchas, algunas redondeadas y otras más “parecidas” a las nuestras prefabricadas (¡los habitantes de TAO me perdonarán por esta comparación poco apropiada!) todas pintadas con colores ténues rodeadas por verdes jardines muy bien cuidados, donde también vi algunos animales de compañía (libres); también había muchos parques con árboles muy altos y varios juegos o elementos gimnásticos diferentes a los que tenemos en la Tierra.
 
En general todo daba la impresión de ser una enorme, ilimitada “ciudad balnearia”, donde la paz privada de cacofonías reinaba soberana, una paz tan inusual para nuestros sentidos que por momentos me llegué a sentir “incómodo”, casi como deseando sentir el estruendo de un coche o los gritos de algún bar.
En cambio todo permanecía perfectamente equilibrado y toda su vida transcurría dulcemente.
Tuvimos la absoluta certeza de que ninguna de sus puertas tenía cerraduras: de que no se necesitaba ninguna llave, porque a nadie se le podría ocurrir que alguien pudiera pensar en entrar en un lugar para perpetrar alguna acción negativa. En fin, realmente el Planeta TAO me pareció un extraño sueño, si bien estaba allí y estaba caminando libremente por las calles planas de esa gigantesca ciudad: podía vivir esa realidad y no estaba vinculado en cuanto a mis decisiones: me movía libremente y libremente hacía preguntas a cualquiera, y todos expresaban su humanidad en un modo honesto y para nada falso... algo a lo que nosotros no estamos acostumbrados en la Tierra.
 
Mientras caminaba a lo largo de la calle vi algo que según mi opinión eran pequeños negocios. Vi personas que entraban en una de estas pequeñas tiendas y que cuando salían llevaban un sombrero en la mano, o bien otros objetos, que no llevaban consigo cuando entraron.
Le pregunté a nuestro guía de qué se trababa y me respondió de la siguiente manera: “En este Planeta toda la gran producción de bienes se desarrolla a través de las máquinas y por lo tanto nadie necesita trabajar para producir lo necesario para vivir. Toda persona tiene gratuitamente todo lo que necesita para vivir y no tiene que trabajar para tener la posibilidad de disfrutar de los bienes, porque todos los bienes son compartidos, ni siquiera las casas que, si bien sean entregadas gratuitamente a las familias, son estética y funcionalmente personalizadas por la gente que las habita. En eso que tú crees que son negocios en realidad no se vende nada porque no hay nada que comprar. Te he dicho que la producción de los bienes está garantizada y que todos pueden tener gratuitamente todo aquello que necesitan. Por lo tanto lo que ves no son negocios sino que son lugares en los que todos estos bienes son entregados, reparados y puestos nuevamente a disposición de todos. En cambio el lugar del que viste salir a esa gente con el sombrero en la mano es un taller artesanal”.
 
Quedé sorprendido porque me preguntaba ¡¿para qué podría servir un taller artesanal en un Planeta en el que la producción de bienes es completamente automatizada?!
Dándose cuenta de mi estupor, el guía me dijo: “¡La producción de bienes de consumo masivo está completamente automatizada! Los talleres artesanales, sin embargo, dan la posibilidad de expresarse artísticamente a todos los que tienen este tipo de talento”.
En ese momento me pasó por la mente que los artesanos tenían que ganar algo con su trabajo... pero nuestro guía enseguida interceptó este pensamiento y dijo: “La ganancia que tú imaginas no existe aqui. La única ganancia que existe es la de la expresión creativa, una ganancia evolutiva. Aquí en el Planeta TAO no se paga nada: ¡nada se vende y nada se compra! Te explico: los artesanos no tienen que pagar las materias primas, no pagan absolutamente nada por el material con el cual realizan sus obras. Simplemente, van a los lugares apropiados, toman el material que necesitan para su trabajo (materiales que provienen de la gran producción automatizada) y vuelven a sus talleres para dar via libre a su creatividad. Y precisamente porque su trabajo no es obligatorio, sino que es una elección libre, lo realizan lo mejor que pueden, serenamente, sin fechas de entrega y con la mayor eficiencia, porque no lo hacen para sobrevivir, sino  para disfrutar libremente de las ideas, de la inspiración y para mejorar cada vez más la propia expresividad. ¿No es maravilloso? Todos los que quieran pueden entrar en un taller artesanal y tomar lo que quieran, sabiendo que el artista será muy feliz de ver que su trabajo es apreciado y sabiendo que la cualidad de sus obras es elevadísima, precisamente por el empeño y la felicidad con las que las realizan.
Proseguimos el camino y nos encontramos en un parque grande completamente privado de estructuras y cubierto sencillamente por un bonito manto de hierba, sobre el cual de lejos sobresalían árboles altos y majestuosos.
 
Fue en ese momento que vi llegar a Francesca.
¡Pensaba que era demasiado maravilloso para que fuera verdad!
Ella me hizo entender lo que le explicaron los que la habían acompañado: dado que los criterios de Espacio-Tiempo presentes en el Planeta TAO no coincidían con los que corresponden al Espacio Sideral (donde todavía estaba esperando nuestra ‘alfombra voladora’), un día entero transcurrido en TAO equivalía a unas semanas en el Espacio Sideral. Ahora, dado que mi presencia en el Planeta TAO debía a este punto prolongarse a la fuerza, por necesidades que concernían a mi viaje de regreso), se decidió tomar también a Francesca para que estuviera conmigo. En efecto, en el contexto astral-anímico presente en el Espacio Sideral, era desaconsejable que yo y Francesca estuvieramos separados, porque, estando acostumbrados a estar siempre juntos, habríamos podido sufrir daños energéticos debido a la distancia.
 
Francesca agregó que Eugenio y Licia no habían sido tomados porque sin su energía nuestro medio de transporte se hubiera destruído a causa de la potencia de los Rayos Cósmicos presentes en los Circuitos Etéricos de la Galaxia; por el mismo motivo, Claudia se había quedado allí con ellos para hacer de ‘antena’ y dar estabilidad al Aura que emanaban Eugenio y Licia.
Y bien, nos detuvimos todos ahí, sobre la hierba del gran parque, contemplando la vastedad del cielo que -un poco velado- irradiaba la luz solar abarcando todo el espacio visible del paisaje, como si fuera un manto turquesa pálido.
 
De improviso Francesca exclamó a voz alta: “¡Marco, mira!”, e indicando hacia el cielo me hizo notar cometas inmensas, gigantescas de verdad, que volaban a gran altura. Eran cometas de formas sencillas, pero su grandeza se podría comparar a la de un edificio o un rascacielos grandes.
Recuerdo tres de ellas en particular, una a lo lejos de color anaranjado y de forma lineal, vertical; otra más cercana de forma cuadrada con tonalidad ocre, otra aún más cercana, de color amarillo oro y de forma perfecta circular... realmente colosal, majestuoso. ¡Eran enormes y cada una de ellas era maniobrada por una persona!
El guía dijo estas palabras: “Éste es uno de los pasatiempos más comunes para la gente del Planeta TAO, sobre todo en días de viento como éste. Es un deporte, como lo llamaríais vosotros, donde no existe competición y cuyo único objetivo es manifestar la Belleza de los movimientos armoniosos y nutrir el Alma con esta Belleza, ya que durante esta actividad se puede entrar en profunda Sintonía con los Elementos de la Naturaleza, incluso con aquellos Elementos Sutiles que solo la intuición puede percibir y, a veces, manejar. Se empieza desde niños con objetos muy pequeños, para después maniobrar otros cada vez más grandes, hasta llegar, teniendo ya mucha experiencia, a jugar con objetos grandes como los que estáis viendo”.
 
Y así es que ante nuestra emoción, la cometa de forma circular se colocó justamente en perspectiva delante del Sol, de forma tal que una enorme extensión de prado (aproximadamente como una ciudad de grande), se obscureció completamente, casi como si hubiese habido un eclipse inesperado y muy sugestivo.
¡Incluso me pareció notar una variación de las condiciones atmosféricas justo en el espacio “cubierto” por este “eclipse artificial”, al punto de que una suave llovizna, como vapor, impregnó el aire alrededor nuestro!
Poco después el viento desplazó ese enorme círculo volador y el Sol volvió a resplandecer sobre nosotros mostrando su potencia luminosa a nuestros ojos.
Las cometas estaban conectadas a la persona que maniobraba los movimientos por medio de cables larguísimos y muy sutiles semi-transparentes, de un material desconocido; en ese lapso de tiempo mi di cuenta de que alguno de los cables de la cometa circular se había enredado en la copa de un árbol muy alto.
Pensé que podía ser peligroso: ¿Y si ese gigante se caía? ¿De qué material estaba hecho? ¡Quizás pesaba como una casa! ¡¿Y cuántos días tendrían que pasar antes de lograr salir de esta inmensidad?!
Nada de todo esto.
 
En cambio ocurrió algo completamente imprevisto: vi la persona que maniobraba aquella cometa tumbarse en el suelo comodamente, teniendo apretada en la mano una pequeña asta blanca conectada con todos aquellos suaves hilos, ¡y esa persona no estaba preocupada para nada! Me miró y me sonrió con amabilidad, mientras me decía telepáticamente estas palabras: “No soy solo yo el que mueve este gran círculo, yo Siento hacia donde el Viento quiere guiar el vuelo y yo lo acompaño con los movimientos, armonizando mi voluntad con la Voluntad de Aquel que mueve el Viento mismo... cómo podría yo obligar al Viento a que sople en otra dirección? Yo puedo entrar en sintonía con la Gran Ley que reside en el Viento y de esta forma puedo tejer su soplo, sincronizando mi respiro con él. Y como podría la Gran Ley contrastarse a si misma? Es la perfección de la Ley, de esa Ley que está también dentro de mi, que me sincroniza a Su Gran Respiro: ¡este es el Gran Secreto! Y yo no debo hacer nada más que complacer, dentro de mi, la Espontaneidad de la Ley! ¡Mira, mira como también los árboles responden a esta Ley!”.
Y en ese instante vi las ramas del árbol alto doblarse suavemente, como si los moviera una inteligencia, liberando los cables y haciendo posible que la cometa volviese a tomar altitud... y comprendí cuanto son maravillosas todas aquellas verdades ignotas que rigen el dinamismo de las cosas y de los eventos, esas realidades sutiles que residen en el origen de todo lo que se manifiesta y vive.
Seguimos por nuestro camino y dejamos atrás el parque de las cometas.
 
Era casi la puesta de Sol y una vaga luminosidad era profusa a los lados de las amplias calles, sin que hubiera sin embargo una específica fuente luminosa: era simplemente luz difusa, que la materia misma de la que estaban compuestas las calles propagaba.
En medio de esa atmosfera, de esa extraña calma, vi llegar a dos personajes cuya aura emanaba luz.
Quiero decir: ¡A diferencia de todos los que encontraba en mi camino, estos dos personajes tenían un Aura visiblemente luminosa, que sus mismos cuerpos emanaba! Provenían de la dirección opuesta a la nuestra y mientras se acercaban pude notar que su fisionomía era un poco diferente a la nuestra: eran altos, más de dos metros, vestidos con trajes adherentes de un material blanco desconocido. Vestían botas altas que parecían livianas.
Tenían espléndidos cabellos rubios: de color como oro claro con reflejos plateados.
Caminaban con pasos lentos, sincronizados, manteniendo una posición perfectamente erecta, con una dignidad real que infundía un gran respeto, casi una sumisión espontanea.
 
Nadie se dirigía a ellos, ni siquiera con un gesto de saludo y además parecían extraños, casi indiferentes, aunque emanaban una serenidad que te envolvía; pareciera que – si bien eran completamente conscientes de todo- tuvieran algún cometido importante que cumplir; un lugar importante a donde ir, algo importante que hacer, algo que no era importante decir, porque el Valor de su presencia de por sí demostraba la importancia.
Cuando pasaron a nuestro lado, me quedé fascinado por el esplendor de sus rostros alargados, la frente amplia, contorneados por los cabellos lisos que llegaban apenas debajo de la espalda.
Sus ojos almendrados eran muy alargados y me hicieron venir a la memoria los relatos de los “Señores de la dulcísima mirada”... intenté, en vano, identificar de qué género eran, pero eran como gemelos andrógenos, y se podía distinguir el uno del otro no por el aspecto físico, sino por la diferencia de su energía: eran prácticamente idénticos, pero sus figuras atléticas reflejaban un carácter diferente, como decir, una diferente ‘actitud interior’.
No se como, pero les amé.
 
En ese momento me pareció comprender que para los habitantes de TAO era bastante normal ver pasear a personajes como ellos. Y como por encanto me imaginé el Tiempo en el que también en el Planeta Tierra veremos caminar por las calles a seres como aquellos, cuando estaremos juntos con otras Razas de Hombres, otros Hermanos distintos, otros hijos del Único Padre Creador.
¡E imaginando todo esto me emocioné, y me sentí muy, muy feliz!
 
Por último llegamos a un caserío de color de madera, donde se estaba celebrando una especie de “fiesta de amigos”, que después descubriríamos que era algo normal casi a diario para esa gente desconocida tan amable.
Sin embargo, cuando llegamos, tuve la sensación de que a esa fiesta hubiese concurrido más gente de lo normal, precisamente para vernos a nosotros de la Tierra.
Y dicha sensación me fue confirmada cuando muchos de ellos se acercaron a saludarnos cordialmente; pero no era una fiesta como la podemos imaginar, porque aunque había música, era una música infinitamente delicada, y si había alegría, era una alegría para nada contaminada con cualquier cosa material: no se percebía ninguna atración física entre los presentes y no había ni siquiera la sombra de esos jolgorios a los que estamos acostumbrados nosotros.
Era una dulce velada y el aire suave quería regalar un toque de amor de primavera a esta insólita situación: una sensación de amor joven, como asimismo es joven ese amor que no deja lugar a la malicia, ese amor que desea solo donarse y, con ligereza, garbo y atención desea conocer y hacerse conocer.
Era como encontrarnos en una amena remembranza de juventudes pasadas, mientras en los rostros brillaba la honestidad de quien vive para amar y compartir la Sintonia Inefable del Amor.
No entré, sino que me quedé allí fuera para saborear la dulzura de aquella atmosfera.
 
Fue en ese momento que se acercó a mí la joven científica que yo recordaba tan fría y distante, la misma científica a la que no quisimos obedecer, yendo detrás de ella hacia el portal que nos llevó a la aventura que estoy contando aquí.
Se acercó más a mí y yo vi brillar una gracia extraña en sus grandes ojos de oro.
Hizo como para hablar en voz baja y estas fueron sus palabras telepáticas: “¿Ahora comprendes porque no era oportuno que me siguierais? ¿Comprendes ahora por qué razón no era lícito que vosotros vinierais aquí?”...
Sinceramente, no comprendía.
“¿No ves cómo os estáis ya transformado? ¿No ves cómo cambia la forma de vuestros pensamientos? ¿Y no ves que esto sucede también a las personas que viven aquí?”
 
Seguía incapaz de captar el concepto, aunque quizás comenzaba a intuir lo que ella revelaría después: “Cuando los Seres Humanos se encuentran, ellos se transforman recíprocamente... y estas transformaciones pertenecen al reino de las Almas. Ahora intentaré explicarte: en cada Planeta las Almas están todas conectadas la una a la otra por medio de lazos sutiles. En un Planeta como la Tierra, la Humanidad de vuestro tiempo empieza apenas ahora a darse cuenta de estos lazos, aunque por el momento logra solo acariciar la idea racionalmente, sin vivir conscientemente estos lazos. En un Planeta como en el que tú estás ahora, por el contrario, nuestra Humanidad vive completamente en simbiosis consciente con el Alma del Mundo y percibe, dependiendo de los distintos niveles de experiencia, tanto individualmente como colectivamente, todas las variaciones que son aportadas a esta Gran Alma”.
 
No comprendía porqué diera tanta importancia a una realidad que, en definitiva, yo intuía que fuera obvia.
“Debes saber que todo esto es un aspecto fundamental de nuestra vida aquí. Te explico: mientras en vuestro Mundo coméis, trabajáis, os véis, y hacéis todo para obtener resultados tangibles o para alcanzar metas que consideráis justas, aquí no es lo mismo. Los estudios, los trabajos, lo edificios y todo lo que has visto aquí, no existen para un fin que tú puedas definir concreto: aquí no existen metas que alcanzar... no como lo entiendes tú. Todo lo que hacemos, lo hacemos en función de la evolución individual y colectiva: lo hacemos por Espontaneidad Creativa, la misma Espontaneidad que puedes identificar como Ley de Dios: una Espontaneidad que es perpetua e incansable Dinamismo Creador y que se compone de infinitas esferas de posibilidades, de las cuales recibimos en cada momento, en cada circunstancia, en cada ámbito de nuestra vida, precisamente para participar a dicho Dinamismo conscientemente. Una parte fundamental de esta Espontaneidad es justo el Unísono Consciente que existe entre todos nosotros y todo el planeta”.
Estaba extasiado.
 
“No es fácil para ti comprender a fondo estos conceptos, pero debes esforzarte en intuir el Valor: La verdad es que vosotros no estáis preparados todavía para vivir en un contexto como éste, pero el hecho de que hayáis logrado de una manera u otra estar aquí, tiene sin duda una Razón Superior que tampoco para nosotros es fácil de captar. ¿Comprendes? Es por esta razón que te estoy hablando: para lograr elaborar vuestra presencia. Compartimos los pensamientos que vuestra presencia ha originado: iluminamos, con la Luz de la Inteligencia, la emotividad que se ha generado por vuestra presencia. Esto nos permite crecer, evolucionar, incluso a través de algo imprevisto como vuestra visita. ¡Y para nosotros es una Preciosa Enseñanza de Espontaneidad!”
 
Después de estas palabras de verdad la atmosfera se hizo más serena, como si “elaborar” toda esta experiencia hubiese provocado efectos tangibles, no solo en el flujo de energía, sino también a nivel físico, incluso sobre la temperatura, sobre el crecimiento de las plantas que estaban ahí al lado y sobre la intensidad luminosa de las pequeñas luciérnagas que parecían acercarse cada vez más.
“¡Exacto!” dijo con dulzura, leyendo en mi mente que me estaba dando cuenta de los efectos que habían surgido de esa “elaboración”: “¡Has logrado intuirlo!: El simple hecho de haber compartido contigo estos conceptos, el simple hecho de haberte comunicado la realidad de las cosas, ha hecho reaccionar a toda la Naturaleza, a partir de la más sutil... ¡es por ello que nosotros vivimos aquí! Para nosotros es algo habitual, espontáneo, justamente, para vosotros sería un esfuerzo demasiado grande tratar de adaptaros a estos ritmos de realidad. Sufriríais y terminaríais por enfermaros, porque sería como enseñarle a volar a un pajarillo sin plumas. Cada cosa tiene un Tiempo Justo. Vosotros tenéis mucho Trabajo por hacer en el Mundo en el que habitáis. Llegará el Día en que todas estas verdades maravillosas ya no tengan más secretos para vosotros, de la misma forma que ocurrió con nosotros”.
 
En una fracción de segundo me di cuenta de que esa “elaboración” había creado las condiciones adecuadas para que nosotros los de la Tierra pudiéramos dejar el Planeta TAO: en un instante comprendí el motivo por el cual al inicio nos habían dicho que podían verificarse algunas “circunstancias que podrían retrasar o impedir nuestro regreso”.
¡Comprendí que esa “elaboración” no se limitaba a mi y a ella, sino, como una especie de “dominó energético” había sido simultáneamente (¡espontáneamente!) extendida hacia todos los presentes, hacia todos los habitantes, hacia todo el Planeta!... y, quizás, hacia todo el Universo.
Comprendí que en toda esta historia, desde el comienzo hasta el final, era inmanente un Sentido Superior que tal vez solo ahora estoy comprendiendo, al recordar, al transcribir esta Experiencia.
 
La joven científica, que ya era una amiga, quiso agregar algo: “Tienes que saber algo más: nadie es infalible. Ser infalible no es tarea de nadie. Solo la Gran Ley es infalible. Aquellos que administran la Ley, a pesar de ser infalibles en el resultado, son impredecibles [¡espontáneos! - n.d.t.] en su Libertad. Y en lo que nos concierne a los Seres Humanos tenemos que recordar siempre que el único fracaso es salir del Flujo de la Ley de manera voluntaria, porque en nuestra voluntad reside una Chispa de la Voluntad Creativa, por lo tanto cuando salimos deliberadamente del armonioso Flujo de la Ley es como si estuviéramos obligando a Dios a equivocarse... ¡así de grande es nuestra Libertad! Pero en ese momento es cuando interviene automáticamente la Ley, para armonizar lo que no puede ser desarmonizado”.
Percibía que sus próximas palabras habrían sido las últimas: “Ahora podéis iros, podéis regresar a casa. ¿Ves a todas estas personas? Ninguno de nosotros es infalible... hay un afecto que se mueve hacia vosotros: un afecto que sale de nuestros corazones hacia vosotros, pero vosotros no sabríais corresponder a la Pureza de este afecto... es un afecto muy grande y alguna alma joven de aquí podría seguir el curso de la misma y quedar eclipsada... y esto no es lícito, no ahora, no aquí. Es mejor que os vayáis”.
Entramos en algo que parecía un automóvil pero éste en realidad emprendió vuelo.
 
Y sin muchos rodeos, sin recordar ni cómo, ni dónde, me encontré en la cama de mi casa, despierto, un instante antes de que el Astro Padre Nuestro invitara a nuestro Planeta Tierra a despertar para un nuevo día... ¡un nuevo día para vivir en la Espontaneidad, en el Amor Creativo de la Gran Ley!
[P.D.: He transcripto todos los diálogos así como me  los recordaba, fielmente, tanto en el concepto como en la terminología. Sin embargo quisiera destacar un hecho que no puede pasar desapercibido: dichos diálogos ocurrieron casi completamente a través de la telepatía, por lo tanto el aspecto discursivo ha sido un forzado peso narrativo.
Lo mismo vale para las descripciones de las ambientaciones y de las situaciones: para describir una escena que duró pocos instantes fue necesario utilizar muchas palabras, para agilizar la imaginación de quienes leen.]
Quisiera concluir esta carta citando la primera frase del Salmo 23 (o 24 según las versiones):
 
“DEL SEÑOR ES LA TIERRA Y CUANTO LA LLENA, EL MUNDO,
Y TODOS SUS HABITANTES”.
 
Con Amor, un Beso Solar
 
Marco Marsili.
30 de Junio de 2013

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