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medina-fiaccolata-memoria28 de Diciembre de 2014

Por Rafael Montiel, corresponsal

El compañero de trabajo Pablo Medina regaló una sonrisa a los sicarios que le acribillaron a balazos el 16 de octubre último.
Según publicaciones, antes de la ejecución, el valiente periodista de ejemplar tarea en Curuguaty, en una reacción noble, se identificó a sus verdugos, quienes a falta de conciencia y escrúpulos cumplieron con la orden de sus jefes narcopolíticos y abrieron fuego contra la humanidad del corresponsal de ABC y la joven Antonia Almada.

Nos imaginamos la Navidad que pasaron los padres de Pablo, de su esposa e hijos. Solo nos queda sus ideales, su alegría y optimismo. Muy al contrario de los forajidos sin Patria, él exteriorizaba los nobles ideales de ver un país mejor, libre del crimen organizado metido en la política y en los poderes del Estado.

Pablo –ya entonces amenazado– vino a San Juan Bautista (Misiones) en mayo de 2001, a indicación del entonces jefe de redacción de este diario, Juan Luis Gauto, quien sacó del escenario a nuestro colega para descomprimir la terrible presión sobre él.


Entonces, Curuguaty ya estaba minada de delincuentes que sometían a la población. Las autoridades eran cómplices, pues era más fácil ponerse del lado de los criminales que hacer cumplir las leyes de la República. Pablo vivió en medio de la corrupción, la impunidad y los soplones.

Tras el asesinato, que de acuerdo a los informes fue de manera premeditada, con violencia y saña, surgen desafíos para el 2015, como la detención y juicio de los autores morales y materiales.

También la necesidad de renovar la justicia, cuyos magistrados tienen la responsabilidad de aplicar las leyes y poner tras las rejas a los corruptos, ladrones, mercaderes de la política, contrabandistas, sicarios y asaltantes.

La máxima instancia judicial debe sanear sus filas de modo que cada juez actúe conforme a las leyes, sin dejarse avasallar ni someterse por el crimen organizado.

La clase política tiene la obligación moral de sancionar a quienes mancharon el nombre de sus respectivas nucleaciones, pues la política es una actividad de servicio y búsqueda del bien común.

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http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/desafio-buscar-el-bien-comun-1320854.html

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