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altHan pasado dos años desde el fallecimiento del hombre que se hizo famoso porque declaró que había encontrado a los pies del sugestivo volcán Etna a los extraterrestres.
Sin embargo, el eco de su fama, rodeado de una discreta dosis de polémicas, no se ha apagado todavía: vive en el recuerdo.
Ya. ¿Pero el recuerdo de qué?

Es mas bien arduo intentar traducir al gran público, “la masa”, lo que ha representado, o lo que ha podido representar, la obra de Eugenio Siragusa. Dado que “el mundo de la mayoría”, se adapta mal a recorrer los senderos que exceden de la canónica cotidianeidad…

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EUGENIO SIRAGUSA: LA MEMORIA QUE VALE

27 de agosto 2008

Es fácil decir que fue un ufólogo, así como lo definió por décadas la prensa coterránea, incapaz de comprender pero pródiga de sarcasmo: Eugenio no se identificaba ni siquiera de lejos con el modelo del estudioso ufológico, si bien se debe a él, de alguna manera, el mérito de haber llevado alto el estandarte de la sensibilización al fenómeno durante muchos y difíciles años. Después se encontró un atributo que le iba mejor, el neologismo “contactista”, un título que le diferenciaba (en Italia, incluso le contraponía) al de ufólogo: pero también contactista, si puedo decirlo, parece insuficiente para describir su personalidad. En fin, tomando en consideración su infatigable empeño de adelantar los males de nuestro tiempo, algunos le definían profeta: y aquí quizás empezamos a acercarnos a la dimensión real si quizás focalizamos el inmediato significado que nos ofrece la etimología de la palabra, es decir anunciador.

 

En el curso de los más de 50 años de actividad misionera han sido miles las personas, de la zona etnea, hasta los Alpes, que se han encontrado con él, que se han frecuentado con él incluso asiduamente madurando una estima y un afecto hacia él que, quizás, parece un pecado no llamarlo con su verdadero nombre: amor y devoción. Lo mismo se puede decir de los otros miles de personas que Eugenio encontró durante sus varios viajes al extranjero y/o con quienes su secretaria estaba continuamente en contacto por correspondencia o telefónicamente. Y lo que más sorprende hoy es el hecho de que muchísimos, quizás la mayor parte, sin haber tenido jamás la posibilidad de conocerle, estaban fascinados de él, pero sobretodo participaban de lleno en el compartir el “mensaje” que filtraba a través de él.

 

“Personaje magnético”, como si casi se le debiera hacer pasar por un hipnotizador, así solía definirlo el pálido color de la prensa, siempre la provincial, casi en la tentativa de exorcizar el miedo y los límites de su propia incapacidad de penetrar el interior de la belleza de un espíritu extraordinario: pero ¿Qué es lo que empujaba a tantas personas hacia él?
No creo que sea fácil explicarlo con palabras, siendo que con ellas desafiaríamos... el común racional, si bien a veces este último sea materialista y superficial.

 

Su increíble experiencia, hoy abundantemente conocida, de contactos a varios niveles y de profundos trastornos interiores le llevó rápidamente a asumir una personalidad y una conciencia que no eran las de antes, además de conocimientos que hundían sus raíces en el tiempo perdido y que podríamos definir de carácter iniciático. Además de la excepcional dote del “verbo”, la palabra con la que modulada en sonidos o escrita en hojas, con la que conseguía estimular y despertar el recuerdo y la conciencia de formar parte de un proyecto grande y antiguo a cuyo epílogo estamos llamados a concurrir. No de cierto para suscitar el tribunalezco asenso de los predicadores de multitudes, sino una “taumatúrgica” capacidad que mire a suscitar el “despertar”, insisto, de aquellos que evidentemente llevaban dentro de si mismos una particular predisposición. Quienes, poco después, vivirían un propio y verdadero redimensionamiento cognitivo: rechazo de los valores normales, del vivir a favor de los valores evangélicos, fuerte sensación de fraternidad con quien comparte tu experiencia, predisposición al amor hacia el prójimo, sentirse profundamente parte de lo creado y del cosmos, deseo irreprimible de comunicar a los demás lo que estás viviendo, elevada consideración hacia los pasajes de la escatología evangélica, deseo de volver a leer el evangelio y percibirlo con más profundidad hacia el espíritu que hacia las letras, considerar los hechos y eventos religiosos de manera más coherente y “compatible” con la lógica moderna de los siglos XXº / XXIº, y más todavía…
Así se intuye repentinamente también que el actual paréntesis Ufo está claramente relacionado con el de los eventos prodigiosos de la Biblia y también con otros contextos históricos que conciernen otras épocas y otras civilizaciones, que los ángeles del pasado son hoy los que llamamos extraterrestres, aunque este término sea hoy menos apropiado que ayer y que si hoy están aquí es porque deben “poner en acto” la Parusia, preparar todo para el retorno del Maestro...
Esta era la “esencia”, la finalidad que Eugenio Siragusa no perdía ocasión de evidenciar, sin medias palabras y sin ningún compromiso, con el riesgo de ser escarnecido y ridiculizado incluso como hereje.
Por cuanto pueda parecer increíble, él se consideraba, y las circunstancias concuerdan, el bíblico “profeta” que tenía que reunir, como afirma el Apocalipsis, a los vivientes”, es decir a los vivos en el espíritu.
Todo ello respaldado por muchísimos escritos, a menudo firmados de forma impersonal “Del Cielo a la Tierra”, que constituían de por sí amaestramiento, consolación, advertencias y amonestaciones hacia el pueblo de los “despertados”, con un lenguaje y un estilo casi siempre de inconfundible dialéctica Crística, páginas sublimes de lírica elevadísima que permanecen grabadas en nuestros corazones y en la documentación a la que cualquier persona puede acceder.

 

¿Y cómo no recordar la intensa e incesante actividad pública de “mensajero” hacia los potentes, los responsables del gobierno de nuestro planeta?
Portador, como se definía él mismo, de advertencias, amonestaciones y consejos que provenían de una dimensión superior y que eran filtrados a través de su redimensionada conciencia, que han trazado a menudo un diagnóstico casi profético de los problemas que condicionarían el desarrollo de nuestras sociedades, ante todo, como se recordará, lo que se refiere a los peligros que derivan de la escisión atómica: la experimentación y el uso de la energía nuclear, tema, como se sabe, aún hoy candente y de polémica actualidad. Al mismo tiempo, portavoz de la “voluntad” de aquellos que el definía “maestros cósmicos”, la importante exhortación a activarse eficaz y colectivamente a favor de la energía solar, a realizar un satélite grande orbitante capaz de dirigir la energía del sol y distribuirla gratuitamente en todo el planeta y abandonar de esta manera definitivamente la era de la carburación: y si hoy, 2008, se teme todavía que estalle un conflicto donde se utilice el mortal potencial bélico nuclear, no podemos no darnos cuenta de que la causa de ello es el control y el acaparamiento de los recursos energéticos residuales del planeta, es decir, el petróleo y/o el gas.
Por lo tanto, Eugenio había hecho una observación sacrosanta y profética.

 

Durante el camino operativo contraseñado por distintas actividades, fueron muchos, y lo son todavía hoy, los grupos de amigos estudiosos, o mejor dicho “hijos espirituales” como les gustaba definirse, que empezaron a colaborar con su obra, sobretodo con la tarea de divulgación y de sensibilización tanto del  tema de la ufología con sus implicaciones históricas y espirituales, como de la denuncia de lo que Eugenio definía las deletéreas “fuerzas condicionantes” que debilitan la estabilidad y el desarrollo sereno del planeta y de sus habitantes. Muchas personas, incluso de distinta clase, raza o credo,  han abrazado con profunda convicción interior su “misión”...
Faltaríamos a la honradez intelectual y rendiríamos una injusticia a la Verdad si no nombrásemos entre ellos a Giorgio Bongiovanni, hoy estigmatizado, una persona que no necesita de ulteriores presentaciones. Desde siempre en “primera línea” en la relación con Eugenio Siragusa, a finales de los años 80 Giorgio empieza a vivir una experiencia que le llevará a Fátima en 1989, para “recibir” los estigmas y cambiar profundamente su propia existencia además de la del mismo Eugenio. “El gran signo”, el de los estigmas, imprevisto, inesperado, había llegado, diría después Eugenio. Eran los años en los que el aspecto del fenómeno que se refiere, mas o menos, a los “contactos”, se había agotado para dar lugar a una “amarga conciencia” que le hacía a menudo despotricar contra la humanidad “ciega y sorda” a las llamadas del cielo, incapaz de frenar la “loca carrera degenerativa” y que pronto caería bajo el severo juicio de Dios... Precisamente en esos años Eugenio sintió la exigencia de pasar las redes de su “obra” a aquel que con perentoria conciencia espiritual indicó como “el cáliz viviente de la comunión Crística”, una imagen muy fuerte para remarcar con claridad la continuidad lógica y fisiológica de su misión en la persona del “hijo espiritual” Giorgio: en varios escritos y en varios encuentros públicos documentados y concurridos en los primeros años 90,  ratificó su firme convicción de la consigna de la obra.
Es también verdad, las crónicas lo han consignado a la historia y no seríamos honrados si lo omitiésemos, que algunos años después, con la misma determinación tomó las distancias oficialmente de Giorgio: una amarga e imprevista separación que se consumó por motivos que todavía hoy no parecen estar bien explicados y que, si se me permite, no son para nada los que están expuestos en alguna página de internet o en algún pésimo video de la “red” pero verosímilmente, como pretenden de conocer los “bien informados”, atinentes a comportamientos del ámbito privado de terceras personas....

 

De cualquier manera, de lo que estamos seguros es de que Giorgio nunca, ni siquiera en sus momentos de crisis mas aguda, ha traicionado el respeto y el amor hacia “su padre espiritual” y mucho menos hoy el recuerdo: es mas, siempre ha exaltado el aspecto mesiánico y la trascendencia de “gran mensajero”; su obra y sus actividades, inclusive la importante tarea social, responden claramente al “sacrificio” y a la “donación” siempre solicitadas en las exhortaciones de Eugenio en armonía con el dicho que explica que “el evangelio no es una invitación a la resignación, sino a la acción”; la divulgación de los apremiantes y actuales signos de carácter ufológico o de otros temas, relacionados también con el anuncio del inminente retorno del Cristo para el comienzo de una nueva era para la humanidad, la denuncia contra los poderes nefastos que engañan y mienten a las conciencias de los hombres y la salvación de los múltiples males de la indigencia de muchos niños, aunque se trate de “una gota en el océano”, con actividades humanitarias constituyen la continuación ideal y concreta del “periodo de adiestramiento” de la misión que ha desarrollado Eugenio Siragusa.

 

De Eugenio se ha dicho de todo: ignorante, loco, iluminado, mitómano, Dios, demonio, estafador, maestro, mago, la “potencia”, paranoico, el “Padre”, etc.
Detractores y “cortesanos” no ahorraron efectivamente sus epítetos y sus adulaciones.
Probablemente este es también el precio normal de la fama, si bien su fama fue en efecto “anómala” e incómoda bajo muchos aspectos.

 

El, aún viviendo en simbiosis con una experiencia fuera de lo normal, fue y vivió como hombre, cohabitando con la humana naturaleza, lo que para algunas personas será difícil... metabolizar, y   que expresaba cualidades y defectos, capaz de grandes arranques y de grandes contradicciones...
El no era ni perfecto ni infalible.
Pero Alguien se ha servido de él, de una forma que comprenderemos con mas claridad en el futuro, para despertar a los espíritus que dormían el sueño de la materia.
Y no es poco.
El no nos ha dejado casi nada de pruebas testimoniales sobre sus experiencias, como es el caso de otros ilustres “colegas” suyos como George Adamsky o Billy Mejer, pero queda la “prueba” mas grande, la que vive: hay miles y miles de almas, en todo el mundo que detrás de su inicio han “renacido a los valores de la vida verdadera comenzando a trabajar y dar “buenos frutos” así como el Patrón de la viña desea.

¡Gracias Eugenio: infinitamente gratos a tu recuerdo!

Rosario Pavone, 27 de agosto 2008

(Recordando a Eugenio)

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