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Publicado en Ciudades
Enviado por Redacción en enero 4, 2015
Monseñor Pablo Cáceres, de la Diócesis de Concepción, denuncia la “brasilerización” del Departamento y asegura: “La soja y los campesinos no pueden convivir en un mismo lugar”.
(www.Ecoradiotv.com)- “Me causa gracia cuando los militares y policías dicen que van a venir a cuidar la soberanía. Es risible, la soberanía hace rato que fue atropellada, hace rato, desde 2005 tenemos registrado muchísima gente que compra tierras. Se instalan en las mejores tierras, estratégicas, como en puerto San Salvador, un sitio histórico y estratégico, así como otros que hoy están en mano de brasileño” lamenta el sacerdote.
Cáceres resalta que una gran parte se usa la ganadería para solapar negocios de narcotráfico “para tener su pista clandestina. Es terrible. En muchas estancias no se puede entrar”.
A esto se suma lo que producen los agrotóxicos de la soja, que usa grandes maquinarias para fumigar desde aviones, afectando a los campesinos. Esto genera la producción de franjas de miseria alrededor de los pueblos: “En Concepción ni que decir”.
Pobladores consultados indican que “Aparte del EPP, que es un flagelo, hay varias otras siglas que operan con impunidad en Concepción, como los narcos, abigeos, otros tipos de grupos que dirigen diferentes tipos de mafia en la frontera y que van penetrando en la región desde el Amambay, etc. Al final de cuentas, a ellos nadie les molesta, viven “tranquilos”, porque ellos mantienen el aparato político y económico de la zona”.
El negocio de la Guerra.
En el fondo la guerra es un negocio. Como ejemplo podemos citar lo que ocurre en Colombia, que está en proceso de firmar un acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC, luego de más de más de 50 años de conflicto armado y de reconocer que el único camino para el desarrollo es la Paz.
La fábrica de hipótesis de conflictos y la guerra es un negocio rentable que enriquece a unos pocos por los millonarios recursos que se invierte en la confrontación, mientras condena a la miseria a la mayoría de la población que no accede siquiera a servicios básicos. (Don Tomai, un agricultor de Concepción en el país de una de las mayores hidroeléctricas del mundo – Itaipú, no tiene aún energía eléctrica y tampoco agua potable, incluido todo el vecindario que le rodea a su chacra, que se abastecen con agua del pozo).
La guerra es a la vez un justificativo político para que tropas extranjeras operen en territorio paraguayo como sucede con la base militar de Estados Unidos y agentes del Mossad Israelí, también sirve para mantener a las fuerzas militares y del orden público custodiando el avance de la desigualdad y la instalación – consolidación del agronegocio.
Combatir la pobreza con tanques de guerra nunca trajo buenos resultados, la violencia engendra más violencia. Colombia está aprendiendo esta dura lección luego de más de 50 años y millones de víctimas. Sería absurdo de parte del Paraguay copiar el Plan Colombia impuesta por Estados Unidos y el ex presidente de Colombia Uribe. El fracaso de Uribe no es un modelo a imitar. Sin embargo, nuestra clase política conservadora lo siguen escuchando a él y no al pueblo paraguayo empobrecido.
Mientras el gobierno, los militares, el Parlamento, la justicia, dicen librar una guerra santa hoy contra sus propios compatriotas para defender intereses de empresarios extranjeros, Paraguay tiene su propia guerra por la superación de la pobreza, la desigualdad y su soberanía perdida, con un 25 por ciento de su población pasando hambre.
Mientras los militares juegan a la guerra la población pasa hambre.
La suma de dinero que se gastó en la lucha contra el EPP, es de aproximadamente 64 millones de dólares, lo cual sigue generando dudas, debates, no solo por la cantidad de la inversión sino por el escaso resultado que arrojó. Cuántas escuelas, colegios, hospitales hubiéramos construido en Concepción con los recursos que se malgastan.
La plata del pueblo se derrocha para jugar a la guerra, en un país que necesita de un combate serio a la pobreza. Y si hiciéramos una hipótesis sobre la existencia de un grupo armado en Paraguay (del cual dudan varios analistas paraguayos) de Colombia lo único que tenemos que aprender es que el camino es la Paz y no la Guerra. Si elimináramos con eficacia y voluntad patriótica las causas que provocan la violencia, se acabaría al instante las razones que se esgrimen para la guerra.
Concepción está cercada, bloqueada, en medio de una guerra interna, que la mantiene aislada, víctima de abusos del poder y violaciones a los derechos humanos como en la época de Stroesner, constantemente denunciada por la población.
La ciudadanía concepcionera tiene su propia guerra, el de la supervivencia, contra el hambre, la falta tierra, salud, educación, empleo y la pobreza creciente.
http://www.altoparanadigital.com/2/paraguay/ciudades/narcos-brasilenos-operan-y-acaparan-tierras-en-concepcion/8911





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