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Por Adriana Navarro
12 de noviembre de 2014.
De todos los viajes que hemos hecho por la Obra, éste es el más especial.
En Montevideo nos hemos despedido de Faty, mi hija menor y Victoria, compañera de Un Punto en el Infinito, – que nos acompañaron hasta que subimos al ómnibus-, con una gran emoción.
Hacia Asunción partíamos en este día mamá Raquel, Loreley, Domingo, Daniel, Marita y yo; otros ya lo habían hecho, y otros lo harían después.
Todos nuestros sentimientos más íntimos, nuestros pensamientos y creencias, todo se ha puesto en juego en estos días con esta invitación de Giorgio: acompañarlo a Paraguay, ser su escudo humano, manifestar por la Justicia, sentirnos al lado de un hombre muy valiente que dio su vida, por la vida de los otros: Pablo Medina, periodista muerto el 16 de octubre, junto con una jovencita de 19 años, por manos que todavía no están todas identificadas... ¿Una invitación del Cielo? ¿Una orden del Cielo? Es fácil pensar o sentir hipotéticamente que debemos dar todo por la Obra, pero para llegar a afirmar “Hágase tu voluntad” con los hechos hay que ir hasta el fondo del alma, a nuestra esencia, y hasta la comunión de nuestro espíritu con Dios.
Amar es estar dispuesto a perder lo que se ama. Amar es despedirse para encontrarse...
A pesar de que humanamente, un crimen no puede ser una motivación positiva para viajar, a pesar de ser concientes de que existían riesgos, y que dejábamos a nuestras familias e hijos, poco a poco, el verde paisaje que la naturaleza nos regalaba, y saber que nos encontraríamos con esos hermanos paraguayos que siempre admiramos, -porque siendo quizás los que están “más solos”, no cesan nunca de trabajar y trabajar para la obra,- hizo que comenzáramos a disfrutar de este viaje. Asimismo ese ser que ha dado sentido a nuestras vidas, estaría llegando para dirigir como a él gusta decir: la batalla.
No sabíamos cuántos hermanos de todo el mundo encontraríamos, la cita era incierta, pues no es fácil prepararse a estar tantos días fuera del país con tan poco tiempo.
13 de noviembre de 2014.
Apenas llegados, dos rostros conocidos nos estaban esperando, Jorge Figueredo y Martín Cardoso. “Los están esperando”, dijeron. Hubo solo el tiempo de dejar las valijas en el hotel, y ya estábamos en lo de Omar. Sonrisas, abrazos, se mezclaban con las indicaciones del trabajo a realizar. Unos nos dedicamos inmediatamente al pliego del tríptico que debíamos repartir por toda Asunción, otros se dedicaron a continuar el recorrido por las radios y canales de TV. Desde hacía días otros hermanos trabajaban en la casa o en la organización del evento. Aunque estamos acostumbrados a que la llegada de Giorgio siempre está llena de actividad, esto era distinto, había que correr contra el reloj para organizar una gran movida, queríamos sacudir Asunción, no queríamos la formalidad de pedir justicia. Así llegó, la tardecita y la noche, entre charlas y plegados, que intentábamos realizar cada vez a mayor velocidad. Es de destacar, la entrevista que se consiguió en Radio Ñanduti, la más escuchada en la ciudad, que fue transmitida en directo hacia la nochecita y que duró una hora. El periodista Cardoso conocía a Pablo Medina y mientras los entrevistaba transmitía el juicio que se estaba realizando a la Suprema Corte de Justicia, ya que la misma había dejado hacía un tiempo a “Neneco” en libertad, una de las cosas que facilitó materialmente el asesinado de Pablo. Pudimos escucharla gracias a que Omar Cristaldo, llegó a la casa de realizar otras entrevistas, fue hacia la computadora y sintonizó el programa para que todos pudiéramos ser partícipes. El detalle de este viaje vendrá en otras crónicas, aquí quiero acercarlos a la huella que dejó en nuestras almas toda esta experiencia, que como diría Georges Almendras en una reciente crónica, en 25 años de obra no hubo otra igual...
14 de noviembre de 2014.
Llegamos temprano en la mañana a la casa de Omar. Algunos hermanos iban al aeropuerto, pues llegaba Giorgio, otros nos quedábamos para prepararpyadriana3 el almuerzo y hacer los últimos arreglos para recibir a tantos hermanos que todavía no llegaban.
Por suerte estaba mamá Raquel para tomar las riendas, -con nuestra ayuda- de la cocina y decidimos hacer pasta, pues como diría Giorgio bromeando en alguna de las tardes venideras, “la pasta para mi, es como el mate o el pan para ustedes, o la sopa paraguaya”.
A pesar de la rabia y el dolor por la muerte de Pablo Medina, Giorgio llegó con su sonrisa clara, y cuando vio la cantidad de trípticos nos decía en un tono bajo, pero muy determinado, cargado con el fuego de su corazón: “Hay que repartirlos todos, hasta el último” de los volantes que anunciaban la concentración en Plaza Democracia el día 18 de noviembre, porque ahí estaba él, su foto, sus ojos... También había que pegar grandes afiches, y asistir a cantidad de conferencias de prensa, programas de radio o TV.
Hacia el fondo del patio de la casa de Omar, a la salida de su dormitorio, bajo un techito, y con una mesa pequeña que le servía apenas para apoyar su computadora Giorgio instaló “su trinchera”. No quiso estar aislado de nosotros, o en el interior de la casa. Ahí lo vimos todos los días de estadía, como el fondo de una cuadro –pero muy activo-, desde muy temprano en la mañana, cuando llegábamos ahí estaba, cuando nos retirábamos en la noche todavía estaba ahí. Desde ese lugar, llamaba a los hermanos que debían suministrarle la información de los preparativos, o de los hechos que se iban dando, o hacía chistes, o preguntas grupales recabando información de nuestros países, o quizás sólo buscaba estar cerca de nosotros. También desde aquí, nos preparaba para entender lo que estaba pasando, para saber a qué debíamos atenernos, cómo prepararnos, y comprender porqué el Padre permitía el sacrificio de Pablo.
15 de noviembre de 2014.
Esta jornada fue la primera en la que salimos a la calle con la volanteada, después de muchas horas de plegado, las cuales continuarían por varios días. Un trabajo rutinario, pero que nos permitió estar juntos, preparando las “armas”, intercambiando sentires hasta tarde en la noche y pese a algunos desacuerdos iniciales, en los que quizás los egos intentaron aflorar, bastaba mirar el volante, y el rostro que teníamos delante para dar el justo valor a cada cosa, qué era lo importante, cuál era nuestro objetivo. Comenzábamos a experimentar qué importante era tener al hermano al lado, era nuestro respaldo, todos debíamos cuidarnos a todos, todos ser el respaldo del otro, aunque casi no nos conociéramos. En cuanto comienza ese intercambio, se empieza a sentir una tibieza, una alegría, ... estamos hablando con alguien que nos entiende.
Los que salieron en el primer grupo a volantear volvieron abrazados por el calor, -a pesar que los paraguayos nos decían que estos días estaban fresquitos-, pero felices de poder comenzar a cumplir la tarea. Llegaron también las primeras anécdotas. Algunos hermanos se paraban en los semáforos y desde allí repartían a quienes viajaban en los colectivos, ya que las ventanillas iban abiertas, era fácil realizarlo desde el suelo, otros, preferían directamente subir a los coches, repartían, bajaban y corrían para llegar al punto de partida, pues la consigna era no dispersarse. Algo que fue una constante es con la amabilidad y el interés con que la mayoría de la gente recibía el tríptico, estiraban sus manos desde las ventanillas de los ómnibus, lo agradecían si iban caminando, hasta llegaron a sacarnos de las manos los volantes, nos deseaban suerte. Es más tengo el convencimiento que esta actitud del pueblo paraguayo, fue la que posibilitó que pudiéramos completar la tarea. En Montevideo, donde la gente reacciona indiferentemente, a lo mejor porque están cansados de tanto volante, esta tarea hubiera sido casi imposible en este mismo tiempo, y nos habría dejado un sabor mucho más amargo.
En particular en este primer reparto quedé junto a Francesca Panfili, italiana. Con ella decidimos internarnos por las callecitas que salían a la avenida por la que íbamos, ya que cada grupo se separaba en subgrupos. Ella iba por una acera, yo por otra. Aquí fue donde comenzamos a sentir las calles de Asunción, el aire de Asunción, ese que viven sus habitantes todos los días. En un momento, repartimos a un grupo de hombres que se encontraban en una esquina, y uno de ellos comienza a cantarnos en tono burlón... “justicia para Pablo”. Francesca no entendía obviamente el idioma, así que yo con mi menos que medio italiano, le expliqué. Sus juveniles ojos se agrandaban. Pero no se amedrentaba, sino que seguimos repartiendo. Yo sentía una obligación de cuidarla, de protegerla, pero percibí inmediatamente su convencimiento en lo que hacía y su fuerza. Así fue que comenzamos a hablar de cómo ella había sentido la muerte de Pablo, lo había sentido como a alguien muy querido, pidió permiso a Giorgio, y preparó su viaje en una semana. Esta chica, que habíamos visto de lejos cuando visitamos Italia con Domingo, ahora estaba junto a mi, acompañándonos como hermanas. Por alguna razón, quise contarle hasta unos extraños sueños que había tenido unos días antes. Quienes me conocen saben que no soy de contar cosas así todo el tiempo, pero ella inspiró en mi hasta un deseo de hablar el italiano, su frescura, su no juzgar hacía que yo no me inhibiera en absoluto.
A la noche tendríamos las palabras de Giorgio explicándonos que debemos hacernos concientes de que estamos en una guerra contra el mal... Si lo pensamos bien, ahora quizás toman sentido total las palabras de la Virgen de 1989: “tienes que desenmascarar el rostro del anticristo”. Pues en Paraguay, -como en tantos otros países-, ese rostro intenta esconderse, y atemorizar a la gente, aplastarla, para aniquilar, no solo sus cuerpos sino sus almas, o llevarlas directamente a la perdición.
Ya en la madrugada, los grupos destinados a la pegatina nocturna de afiches, partíamos en tres autos. Hubo hermanos que habían preparado grandes cantidades de engrudo que cargamos en los vehículos, junto con los rollos de afiches y las brochas. Hubo algunos desatinos, porque no nos conocíamos, y debíamos coordinarnos, cuándo bajar, elegir los lugares, saber cuándo retirarnos, subir rápidamente a los coches. Georges, decidió que para poder afinar más la tarea, al día siguiente se mantendrían los grupos.
16  de noviembre de 2014.
En la mañana hemos preparado el trabajo del día y varios grupos nos fuimos de reparto. Se marchó hacia la costanera, pero el calor y la fuerza del sol eran insoportables, además casi no había gente, así que decidimos abandonar el lugar.  El día anterior en ese mismo lugar, se habían repartido los trípticos, en un barrio muy pobre, un asentamiento, de casas totalmente precarias, chapas o cartón, no sé, que están ahí instalados. Nos comentaron que quieren irse de ahí, porque con la cercanía del río, todo el lugar se inunda. Cruzando la calle se encuentra el Congreso Parlamentario. Una ironía más. Con Loreley, Silvana  Lazarín, José Guzmán, y Ricardo... decidimos continuar el reparto -el tiempo antes del almuerzo- en las cercanías de la casa de Omar. Aquí recogimos otra anécdota bien importante. Paso por un pequeño puestito, no sé ni qué hace el hombre que está ahí sentado, pero le entrego un volante y sigo. Este hombre comienza a llamarme “señora”, “señora”. Vuelvo hacia él, y me pide si tengo más para repartir. Pensando que querría 4 o 5, le extiendo mis manos para que tome los que desee. Entonces me pide la mitad o más del mazo que llevo, deben ser unos trescientos quizás. Me dice que los va a repartir en el barrio donde vive, y agrega: “sabe, yo también son Medina”. Junto a mi, se encuentra Loreley, automáticamente nuestros ojos se llenan de lágrimas, nos vamos, no queremos que nos vean así, pero la gente nos hablaba con sentimiento, no era solo amabilidad o cortesía.
En la tarde han seguido los preparativos intensos, las entrevistas radiales y televisivas, y también sería el segundo día de las pegatinas nocturnas.
En la tardecita se produce una sangración de Giorgio. Creo que todos sabíamos que sucedería pero eso no cambia lo especial del momento. Algunos hermanos como Carmen Alegre no lo han visto nunca durante una sanguinación, y él por supuesto pide que todos entremos, ochenta o más personas. Cuando salimos de verle, cosa que hacemos en pequeños grupos, vamos quedando silenciosos, consternados...me detengo a mirar a cada uno, ¿cómo vive este momento cada uno de nosotros?, y de pronto me causa ternura ver a Esmilce. Ella es un torbellino constante, no puede parar de moverse o hablar, sin embargo luego de pasar al cuarto donde está Giorgio, se queda sentada en el patio, sin mirar a nadie, arrollada sobre sí misma, su rostro parece el de una niña en penitencia. No puedo ir hacia ella ni preguntarle nada, porque yo también me encuentro en esa actitud introspectiva en la que todos vamos quedando...
Llega la madrugada y nos disponemos a una nueva pegatina nocturna. Cargamos los autos y salimos. Comenzamos la tarea, el auto que va delante es el que debe mirar cuál es el lugar apropiado. Llevamos poco rato pegando cuando, al abandonar un lugar de pegada, somos inmediatamente detenidos por la policía. Nos piden documentos, pero no nos preguntan que hacemos, no miran los autos, ni siquiera miran quienes vamos dentro, tampoco nos hacen bajar. Pensamos que obviamente nos vieron en las cámaras que están en las calles, pero no quieren que relacionemos la detención con la actividad que seguramente saben que estamos haciendo. A pesar de que tenemos dudas al respecto, si lo consideramos junto con la detención a Agustín en la Terminal de ómnibus, y otros hechos, como que los medios que habían confirmado su asistencia a la conferencia de prensa para el día siguiente no aparecieron, etc., etc., entonces parece confirmarse el hecho de que estábamos molestando y querían de alguna manera sutil intimidarnos.
17 de noviembre de 2014.
Para la mañana de este día estaba convocada una entrevista de prensa a la que se habían comprometido más de 10 medios de prensa. Sin embargo, por motivos que no están del todo claros, sólo concurrió un medio televisivo, -Telefuturo-, con la asistencia de un joven periodista que fue inteligente y claro en sus preguntas. La misma se llevó a cabo con total sencillez en el living de la casa de Omar... Tratamos de escuchar la misma, y marcar presencia, que se notara que éramos muchos.
El periodista explicó que las personas vivían con miedo y preguntó a Giorgio que podían hacer. Giorgio dijo que los ciudadanos deben unirse exigiendo con su firma la creación de leyes antimafia, - como lo ha tenido que hacer Italia, cuna de la mafia-, y así fortalecer al Estado, darle armas para luchar contra este flagelo. Leyes con fuertes penas para los mafiosos, que les den la opción de arrepentirse y colaborar con la justicia, creándoles una nueva identidad para garantizar su protección. Asimismo hay que fortalecer a la policía, con educación en estos temas, brindándoles los medios materiales necesarios, etc., etc. También explicó que es importante ya en las escuelas que se invite a magistrados y se enseñe a los niños que existe la mafia y que deben “estar lejos de ella”. Así se fortalece a la población porque si todos “estamos lejos”, entonces la mafia se debilita. También el voto debe ser conciente, apoyando a políticos honestos que puedan luchar contra la mafia, trabajar por la justicia y el bienestar del pueblo. Esto no es algo que se hace en un día, -explicaba Giorgio-, esto se debe hacer paso a paso. La gente no tiene que tener miedo, porque no se trata de enfrentarse al mafioso y decirle “tu eres mafioso”, sino de “estar lejos”, entonces la mafia se debilita, pierde fuerza. A propósito uno de los testimonios que recogimos en la calle, de un vendedor ambulante, fue que la elección de “Neneco” se hizo posible porque se compraron los votos por el equivalente a lo que serían unos $2.500 uruguayos, o unos 83 euros, por cada persona. Si bien no podemos comprobarlo, esto nos sirve para ver la importancia de lo que expresaba Giorgio, que sabemos que también ocurre en Italia. Quizás una persona sumida en la pobreza, con terribles necesidades básicas sin cubrir, y convencida por su experiencia diaria de que no se puede hacer nada, necesitada de dinero,  piensa: “bueno, acepto este dinero, igual nada se puede cambiar”, quizás lo necesita para sus hijos. Y de esta manera contribuye a acrecentar este mal de la corrupción, sin pensar que su acción tiene más consecuencias de lo que parece; es por ello tan necesaria la educación en los valores y en la legalidad.
18 de noviembre de 2014.
En la mañana me tocó salir con un grupo de reparto de volantes que antes de comenzar el mismo, debía pasar por la terminal para recoger una chicapyadriana4 que venía desde Rosario. Junto conmigo iban Alejandra Maceira, Loreley, José, y Prasilio. Al llegar a la terminal de ómnibus, Prasilio y José se fueron al mercado para continuar el reparto, y nosotras nos quedamos en la terminal a la espera de la hermana que venía desde Rosario. Mientras esperábamos Loreley me dice: ¿por qué nos miran tanto esos hombres? Eran los vigilantes de la terminal. Inocentemente le dije a “Lore” que no se preocupara, que debían hacerlo por rutina. Sin embargo, más tarde al volver, me enteraría de que habían detenido a Agustín, cuando estaba haciendo la tarea de repartir en la terminal. No solo estos vigilantes lo detuvieron, sino que lo interrogaron dentro de un cuarto al que lo hicieron pasar, luego de terminado ese interrogatorio lo hicieron pasar a otro cuarto y hubo un segundo interrogatorio. Cuando me entero de esto, me doy cuenta de que ha habido una guía interna, que ha actuado sin que nos diéramos cuenta, ya que estando en la terminal, en muchos momentos pensé en repartir volantes, sentía una inquietud por el tiempo que transcurría, y estábamos quietas. Sin embargo algo me paralizaba, de todos modos Prasilio se había llevado los volantes en el auto. Eran otras las cosas que debíamos hacer en ese lugar... Alejandra Maceira se puso a conversar con una señora que vendía la famosa chipa paraguaya y otros productos tradicionales, y recogió un testimonio tan conmovedor que nos sobrecogió el alma a todas. Esta señora de la terminal, de pequeña estatura, con su rostro “guaraní”, y el semblante marcado por los años, había sido la protagonista de esta historia. Le pedí a Alejandra que escriba este testimonio para compartirlo con todos, porque es un ejemplo de cómo el sacrificio y la fe de una madre pudieron vencer al mal, y cómo la fuerza y el coraje del amor pueden conmover hasta el corazón de un asesino. Esta mujer consiguió salvar a su hijo, que era un chico que fue reclutado por los narcotraficantes para trabajar en los campos de producción de la marihuana. No hay libre elección en este tema, si te llaman tienes que ir. Pero su madre decía: “Dios me dio a mi hijo para cuidarlo, no para que me lo maten estos desgraciados”. No fue tiempo perdido ese tiempo en la terminal, pues continuábamos aspirando Asunción. Otra señora que trabajaba junto a esta mujer, con la venta de los mismos productos dijo: “todo esto pasa porque las personas se olvidaron de lo importante, de los afectos, quieren tener como los demás”. Sobre la manifestación en Plaza de la Democracia, me extiendo en la crónica detallada que hiciéramos junto a Domingo Silva. Sólo diré que este día se dio un fenómeno a causa del Sol, en que se veía un disco oscuro alrededor del mismo, cuyo borde tenía los colores del arco iris, y que por alguna razón, las personas lo relacionaban con el volante que repartíamos. ¿Qué tenía que ver? Pero la forma en que tomaban el volante señalándonos el Sol hacía que no pudiera evitar sentir que este pueblo dolorido y aplastado por la mafia, “pide ayuda”. Quizás por ello el sacrificio de Pablo y la llegada de Giorgio con sus estigmas, son la llegada de un rayo de luz, -como una espada- para liberar al menos a la parte gentil y buena de esta gente.
20 de noviembre de 2014.
Hoy han ido a la entrevista con la fiscal que investiga la causa del crimen de Pablo Medina. A pedido de Giorgio, acudieron a la misma Georges Almendras,  Jorge Figueredo y Erika Pais, para hacerse cargo de la filmación.
Más distendidos Esmilce junto a otras hermanas ha preparado la “sopa paraguaya” y “chipa”, para darnos a conocer estas comidas típicas. El patio que estos días era un centro de preparación de actividades, ahora es una sala de tranquilo intercambio. Todavía estamos aquí un grupo grande de hermanos, y después del almuerzo bajo la sombra de esos árboles que nos han acogido durante tantas tardes, me quedo reflexionando....
Me voy de este pueblo con un sabor amargo, ráfagas de tristeza me han embargado caminando por las calles, o desayunando en el hotel. Esa tristeza que duele en el estómago, que no se sabe de dónde viene. Cuando me centro en ella comienzo a pensar en este pueblo, un pueblo que vive callado, mudo.
Caminando por las calles, parques y facultades, plazas y mercados, hemos conversado con mucha gente, hemos recogido testimonios desgarradores, hemos visto contrastes terribles...un mercado que parecía un laberinto de estrechos pasajes, donde un puesto de venta es consecutivo al otro, sin espacio ninguno, sin árboles o vegetación que den sombra o refugio cuando las altas temperaturas suben hasta los 40 o 45 grados, como nos han informado que son las temperaturas normales del verano. Todos los puestos son de construcción precaria en chapa. Allí, pasan las noches algunos de los vendedores. Una avenida o quizás más de una lo atraviesan. Por allí pasa el autobús. Los niños pequeños, sin ningún tipo de protección caminan por allí, juegan, trabajan, y seguramente algunos van aprendiendo a resignarse a este estado de cosas o a desear lo que tienen otros, lo que puede convertirse en fácil catapulta que los lleve a delinquir o terminar engrosando las filas de narcotraficantes...¿Podemos culparlos?
Quizás...Pero antes prefiero culpar a quienes se ocupan de diagramar las políticas, de destinar los dineros o planear la educación. ¿Cuándo piensan en estas vidas como las del mercado, que transitan día tras día esta miseria sin sentido humano? ¡Cuándo piensan en que ellos deberían vivir con un poco menos, para que otros tengan un poco más! Jamás se piensa en esa gente, excepto que sea para segregarlos un poco más; como en una noticia que anunciaban los medios de comunicación en estos días en Paraguay, de que querían sacar los vendedores ambulantes. ¿Afean los lugares? ¿Delatan la pobreza? ¿Molestan la conciencia de algunos? ¿No los dejan dormir tranquilos?
Algunos tienen fe, incluso fe en la justicia divina pero esperan que ésta llegue como quien espera la lluvia, sin intervenir, sin expresarse, porque el miedo es más fuerte. Pero hay que entender también el proceso que viene de generación en generación, ...la guerra de la Triple Alianza, -donde mi país fue parte de esa masacre-, dictaduras terribles como la de Stroesnner, una dictadura cívica como la que sacó a Lugo como presidente. Generaciones de exclusión, de pobreza, de tristeza, que se combinan con nefastas políticas económicas dirigidas desde el poder. En las calles de Asunción se puede ver cuáles son las prioridades, las veredas están todas rotas, el mensaje es claro: no importa la gente que camina, sino aquellos que andan en auto. Los ómnibus están treinta años en el pasado.
Pero existen lugares que son la contratara, barrios residenciales, o casi, con unos sistemas de vigilancia, seguridad y lujo, donde tranquilamente uno pyadriana5puede aislarse y no pensar para nada en los que no tienen. Me dirán que esto pasa también en mi país y en Argentina, sí, así es, pero aquí además de la pobreza se respira el aire del miedo, porque se conoce la impunidad de algunos y la indefensión de otros. Aquí la vida de “algunos” no vale nada, y todos lo saben. Sí, es una diferencia solamente de grado, soy muy conciente de que Argentina y Uruguay marchan por el mismo camino. En Uruguay, pocos se dan cuenta,...pero el flagelo de la corrupción y de la droga corre y se infiltra como una peste por todas las calles, y en todas las familias. Aún así esa diferencia de grado hace que sintamos muy diferente la vida, y de que tengamos distintas herramientas para luchar.  Y esa diferencia es la que hace que hayamos vivido en Paraguay lo que vivimos.
21 de noviembre de 2014.
Partimos, nos hemos despedido de Giorgio, Sonia y todos nuestros hermanos, de quienes ahora nos sentimos más amigos, más compañeros. En la terminal de ómnibus hemos estado pocos minutos y vimos a los mismos cuatro niñitos que el día anterior. Sucios, pequeñitos, desde 3 a 6 años más o menos. Los guardias los han corrido. Estos ángeles no valen para este mundo capitalista y cruel. Sin embargo estos chiquitines se cuidaban entre ellos al subir y bajar las escaleras. Ruego al Padre por ellos y por todos los inocentes de esta tierra. Aunque no soy nadie, ruego, pido tu Justicia Divina para que al fin exista la libertad y la evolución de las almas que lo merecen.
Montevideo, 10 de diciembre de 2014.
Adriana Navarro.

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