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El Hombre Nuevo (Tercera parte)

hombre

3º Capítulo
“LA DIALECTICA DE LA CONCIENCIA”
(Fragmentos de la Biblioteca Gnóstica)

Durante el trabajo esotérico relativo a la eliminación de los yo psicológicos o elementos indeseables que nosotros llevamos dentro nuestro, a veces surge la molestia, el cansacio, el aburrimiento. Si deseamos de veras un cambio radical, sin duda necesitamos siempre volver al punto de partida original y reponer un nuevo valor a los fundamentos del trabajo psicológico. Cuando se quiere con sinceridad una completa transformación interior, es indispensable amar el trabajo esotérico. Mientras no amemos el trabajo psicológico que conduce al cambio, la revaluación de los principios es completamente imposible. En realidad, si no hemos llegado todavía a amar el trabajo, es absurdo suponer que podemos interesarnos en ello. Esto significa que el amor es insustituible cuando de tanto en tanto intentamos revaluar los fundamentos del trabajo psicológico. Apremia ante todo saber qué es eso que se llama Conciencia, visto que es mucha la gente que no ha tratado nunca de saber nada sobre a ella. Nadie ignora que un boxeador, cuando cae K.O sobre el ring, pierde la Conciencia. Está claro que cuando el desafortunado boxeador vuelve en sí, recobra la Conciencia. Por consiguiente quienquiera puede entender que existe clara diferencia entre personalidad y Conciencia. Todos nosotros, cuando venimos al mundo tenemos un tres por ciento de Conciencia y un noventa y siete por ciento que puede ser dividido entre subconsciencia, infraconsciencia e inconsciencia. El tres por ciento de Conciencia puede ser aumentado en la medida en que trabajamos sobre nosotros mismos. No es posible incrementar la Conciencia con procedimientos exclusivamente físicos o mecánicos. La Conciencia puede ser despertada, sin lugar a dudas, sólo con trabajos conscientes y sacrificios voluntarios. Tenemos que entender que existen varios tipos de energía en nosotros. 
Primero: energía mecánica. Segundo: energía vital. Tercero: energía psíquica. Cuarto: energía mental. Quinto: energía de la voluntad. Sexto: energía de la Conciencia. Séptimo: energía del Espíritu Puro. Aún multiplicando la energía estríctamente mecánica, no llegaremos nunca a despertar la Conciencia. Muchos procesos psicológicos se realizan dentro de nosotros mismos, sin que mínimamente intervenga para esto la Conciencia. Por más poderosas que sean las disciplinas de la mente, la energía mental no podrá despertar nunca las diversas funciones de la Conciencia. La fuerza de voluntad, aunque multiplicada al infinito, no puede conseguir el despertar de la Conciencia. Estos tipos de energía se sitúan en varios niveles y dimensiones, pero no tienen nada que ver con la Conciencia. La Conciencia puede sólo ser despertada con trabajos conscientes y esfuerzos correctos. El pequeño porcentaje de Conciencia que el género humano posee, en lugar de ser incrementada suele inútilmente ser desperdiciada en la vida. Es obvio que identificándonos con todos los acontecimientos de nuestra existencia despilfarramos en vano la energía de nuestra Conciencia. Deberíamos ver la vida como una película, sin identificarnos con ninguna comedia, drama o tragedia; ahorraríamos así la energía de la Conciencia. La Conciencia en sí misma es una energía con elevada frecuencia vibratoria. La Conciencia no debe ser confundida con la memoria, visto que son tan diferentes una de la otra como la luz de los faros de un automóvil y la calle que es iluminada por ellos. Muchos actos se realizan en nosotros sin participación alguna de la Conciencia. En nuestro organismo se verifican muchas reparaciones y re reparaciones, sin que por eso la Conciencia os haga partícipes de ello. El centro motor de nuestro cuerpo puede conducir un automóvil o dirigir los dedos sobre el teclado de un piano, sin que haya la más insignificante participación de la Conciencia. La Conciencia es luz que el inconsciente no percibe. Tampoco un ciego percibe la luz física del sol, pero ésta existe por sí misma. Necesitamos abrirnos para que  la luz de la Conciencia penetre en las espantosas tinieblas del yo mismo. Ahora comprenderemos mejor el sentido de las palabras de Juan cuando en el evangelio dice: . Pero es imposible que la luz de la Conciencia logre penetrar en las tinieblas del yo mismo, si primero no ponemos en funcionamiento el maravilloso sentido de la auto observación sicológica. Necesitamos despejar la calle a la luz para iluminar las profundidades tenebrosas del yo de la psicología. Si uno no tiene interés en cambiar, no se auto-observará nunca; este interés sólo es posible cuando se desea reálmente el camino esotérico Crístico. Ahora puede ser más claro porque aconsejamos revalorizar y profundizar de vez en cuando la comprensión de las instrucciones concernientes al trabajo sobre sí mismo.
La Conciencia despierta nos permite experimentar en forma directa la realidad. Desafortunadamente el animal intelectual erróneamente llamado hombre - fascinado por la capacidad de crear fórmulas que la dialéctica lógica posee - ha olvidado la dialéctica de la Conciencia. Sin embargo el poder de formular conceptos lógicos en fondo es muy pobre. De la tesis podemos pasar a la antítesis y, a través del razonamiento, llegar a la síntesis pero esto, en sí mismo, se queda en un concepto intelectual que no puede coincidir de ningún modo con la realidad. La dialéctica de la Conciencia es más directa: nos permite experimentar la realidad de cualquier fenómeno en sí mismo y por sí mismo. Los fenómenos naturales no coinciden nunca exactamente con los conceptos formulados por la mente. La vida se desarrolla de instante en instante y cuando la capturamos para analizarla, inevitablemente la matamos. Cuando intentamos inducir conceptos mientras observamos un fenómeno natural, de hecho dejamos de percibir la realidad del fenómeno y vemos en ésto solo el reflejo de rancias teorías y conceptos que no tienen nada que ver con el hecho observado. La alucinación intelectual es fascinante, y queremos a la fuerza que todos los fenómenos de la naturaleza coincidan con nuestra dialéctica lógica. La dialéctica de la Conciencia se basa en las experiencias vividas y no sobre el mero racionalismo subjetivo. Todas las leyes de la naturaleza existen dentro de nosotros mismos y si no las descubrimos en el interior, no las descubriremos nunca fuera de nosotros. El hombre es contenido en el universo y el universo es contenido en el hombre. Real es lo que uno experimenta en uno mismo; sólo la Conciencia puede experimentar la realidad. El lenguaje de la Conciencia es simbólico, íntimo, intensamente significativo y sólo quién está despierto puede comprenderlo. Quien quiere despertar la Conciencia tiene que eliminar de su interior todos los elementos indeseables que constituyen el ego, el yo, el mi mismo, dentro de los cuales está embotellada la esencia.
G.F.
 

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