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8º capítulo LAS TRES MENTES (Fragmentos de la biblioteca gnóstica)
Existen muchos truhanes intelectuales por doquier faltos de orientación positiva, y envenenados por el asqueroso escepticismo. El repugnante veneno del escepticismo comenzó a contagiar las mentes humanas de forma alarmante, desde el siglo XVIII. Antes de ese siglo la famosa isla Nontrabada o Encubierta, situada de frente a las costas de España, se hacía visible y tangible constantemente. Sin lugar a dudas esta se encuentra ubicada en la cuarta vertical. Las anécdotas referidas a ésta misteriosa isla son muchas. Después del siglo XVIII ésta se perdió en la eternidad y no se supo más nada. En la época del Rey Arturo y de los Caballeros de la Mesa Redonda, los elementales de la naturaleza se manifestaban por doquier, penetrando profundamente en nuestra atmósfera física.
Existen muchos cuentos que hablan de duendes, genios y hadas, que todavía abundan en la verde Erin (Irlanda); desafortunadamente éstas cosas inocentes, ésta belleza del alma del mundo deja de ser percibida por la humanidad, a causa de la pedantería de los truhanes intelectuales y del desmesurado desarrollo del egoanimal. Hasta el día de hoy los sabiondos se ríen de todas estas cosas: no las aceptan, aunque si en el fondo, no han alcanzado ni siquiera remotamente la felicidad. Si la gente comprendiera que tenemos tres mentes, el cuento sería otro; es hasta probable que el interés por estos estudios aumentase. Para su desgracia, los doctos ignorantes, encerrados en los meandros de su complicada erudición, no tienen ni siquiera el tiempo de ocuparse seriamente de estos estudios. Esta pobre gente está llena de autosuficiencia, engreída como es del vano intelectualismo: piensa que procede de manera justa y ni remotamente imagina estar dentro de un callejón sin salida. En honor a la verdad tenemos que decir que, en síntesis, tenemos tres mentes: a la primera podemos y debemos llamarla mente sensual, a la segunda mente intermedia y a la tercera mente interior. Ahora estudiamos separada y analíticamente cada una de estas tres mentes.
La mente sensual elabora el contenido de los propios conceptos, por medio de las percepciones sensoriales externas. En estas condiciones la mente sensual es terriblemente tosca y materialista y no puede aceptar nada que no haya sido demostrado físicamente. Desde el momento que el contenido de los conceptos de la mente sensual tiene como base los datos sensoriales externos, indudablemente ésta no puede saber nada de lo que es real, de la verdad, de los misterios de la vida y de la muerte, del alma y del Espíritu… Para los truhanes intelectuales anclados totalmente a los sentidos y embotellados en los conceptos de la mente sensual, nuestros estudios esotéricos son un puro disparate. En la lógica de quien está sin lógica, en el mundo de lo descabellado, ellos tienen razón, porque están condicionados por el ambiente sensorial externo. ¿Cómo podría aceptar la mente sensual algo que no sea sensual? Si los datos de los sentidos sirven de muelle oculto para todas las actividades de la mente sensual, es obvio que éstas últimas tienen que dar lugar a conceptos sensuales.
La mente intermedia es distinta, sin embargo tampoco ella conoce en forma directa lo que es real: se limita a creer, eso es todo. En la mente intermedia se encuentran las creencias religiosas, los dogmas indestructibles, etc.
Para la percepción directa de la verdad es indispensable la Mente interior. Está claro que la mente interior elabora el contenido de sus conceptos con los datos aportados por la Conciencia Superlativa del Ser. La conciencia puede sin más vivir y experimentar aquello que es real. No hay dudas: la Conciencia sabe verdaderamente. Sin embargo la Conciencia tiene necesidad de un mediador para manifestarse, de un instrumento de acción: la mente interior. La Conciencia conoce directamente la realidad de cada uno de los fenómenos naturales y puede manifestarla a través de la mente interior. Para salir del mundo de las dudas y de la ignorancia es necesario activar la mente interior. Esto significa que solo abriendo la mente interior nace el hombre de la autentica fe. Mirándolo desde otro punto de vista digamos que el escepticismo materialista es la característica propia de la ignorancia. No hay lugar a dudas de que los doctos ignorantes son escépticos al cien por cien. La fe es percepción directa de lo real: sabiduría fundamental, experiencia vivida de lo que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente. Ahora veamos la diferencia entre creencia y fe: las creencias se depositan en la mente intermedia, la fe es característica de la mente interior. Sin embargo todavía existe una tendencia general a confundir la creencia con la fe. Incluso si puede parecer paradójico afirmamos claramente que: aquel que posee la verdadera fe, no tiene necesidad de creer. La fe auténtica es sabiduría experimentada, cognición exacta, experiencia directa. Por muchos siglos la fe ha sido confundida con la creencia y ahora nos es difícil hacer comprender a la gente que la fe es verdadera sabiduría, nunca vana creencia. Los sabios procesos de la mente interior toman directamente de los formidables datos de la sabiduría, contenidos en la conciencia. Quien ha abierto la mente interior recuerda sus vidas precedentes, conoce los misterios de la vida y de la muerte, no por lo que ha dicho o no dicho, no por lo que ha creído o no creído, sino por experiencia directa, vivida, terriblemente real. A la mente sensual no le gusta lo que estamos diciendo: ésta no lo puede aceptar porque sale de sus dominios, no tiene nada que ver con las percepciones sensoriales externas, es algo ajeno al contenido de sus conceptos, a lo que le han enseñado en la escuela, a lo que ha aprendido de tantos libros, etc. etc. Lo que estamos afirmando no es aceptado ni siquiera por la mente intermedia, porque entra en contraste con sus creencias, desacraliza lo que sus enseñanzas de religión le han inculcado. El Gran Kabir Jesús advierte a sus discípulos diciéndoles: “Mirad, y guardaos de la levadura de los Fariseos y los Saduceos”. Está claro que con ésta advertencia Jesús el Cristo se refería a las doctrinas de los Saduceos materialistas y de los Fariseos hipócritas. La doctrina de los Saduceos reside en la mente sensual: es la doctrina de los cinco sentidos. La doctrina de los Fariseos se encuentra en la mente intermedia; esto es claro e irrefutable. Es evidente que los Fariseos participan en rituales para que se diga de ellos que son buenas personas, para aparentar delante a los demás, pero nunca trabajan sobre sí mismos. No es posible abrir la mente interior si no aprendemos a pensar psicológicamente. Sin dudas cuando uno empieza a observarse a sí mismo, es señal de que ha comenzado a pensar psicológicamente. Hasta que uno no admite la realidad de la propia psicología y la posibilidad de cambiar radicalmente, de hecho no siente la necesidad de la auto-observación psicologica. Desde el momento en que uno acepta la doctrina de los muchos y comprende la necesidad de eliminar los distintos yo que lleva en la Psiquis, con el propósito de liberar la Conciencia, la Esencia, de hecho y de derecho comienza la auto observación psicológica. Es obvio que la eliminación de los elementos indeseables que llevamos en nuestra Psiquis provoca la apertura de la mente interior. Todo esto significa que tal apertura es algo que se realiza de forma gradual, paso a paso que destruimos los elementos indeseables que tenemos en nuestra Psiquis. Quien haya eliminado en un ciento por ciento los elementos indeseables dentro de sí, obviamente también tendrá abierta la mente interior. Una persona asì poseerà la fe absoluta. Ahora comprendereis las palabras de Cristo cuando dijo: “Si tuvierais la fe del tamaño de un grano de mostaza moveríais las montañas.”
Tema de profundización LA MENTE
No tenemos que confundir la mente con el Centro Intelectual. De hecho la “mente”, no es el cerebro (o encéfalo) y por lo tanto no pertenece al Cuerpo Físico. Más bien podemos definir a la mente como el conjunto de los contenidos del espacio psicológico, o bien, en sentido dinámico, como la energía producida por el conjunto de contenidos del espacio psicológico. En éste sentido el espacio psicológico es mente; y ya que el espacio psicológico, completamente en manos del Ego, constituye la Personalidad, la Personalidad es Mente. ¿Pero cuáles son los contenidos del espacio psicológico? Sustancialmente son tres: -ESENCIA LIBRE en un porcentaje del 3% del total; -EGO (Agregados psíquicos o defectos), que aprisionan el 97% de la Esencia. -EFIGIES MENTALES. Del Ego y de la Esencia ya hemos hablado en los temas precedentes. Con respecto a las efigies mentales, podremos decir que éstas flanquean a los Agregados físicos, para llenar completamente al 100% el espacio psicológico. Esas son las imágenes del mundo externo, todavía no organizadas en Ego, proyectadas en el espacio psicológico a través de la ventana de los cinco sentidos. Las Efigies sirven a la manifestación del Ego: la idea que tenemos de una porción de torta, efectivamente puede activar el Ego de la garganta. Pero el Ego sirve también para la consolidación de las Efigies: la Lujuria puede conducir a un sujeto a la búsqueda de una Efigie con la cual satisfacerse. Una vez constituidas, las Efigies tienen vida autónoma y actúan a través del pensamiento y del recuerdo. Es muy difícil deshacerse de una Efigie mental, una vez construida. De hecho, las percepciones que llegan a la psiquis, a través de los órganos de sentido no quedan impresas de forma temporánea, sino permanentemente, como sobre un soporte magnético. El hecho de no recordar no significa que no existan. Por lo tanto, cada experiencia modifica de forma permanente la estructura psicológica del hombre y por consecuencia, por acción del Ego, sobre los tres cerebros, incluso sobre su estructura física. Por lo tanto se debe ser muy prudentes al exponerse a las impresiones del mundo exterior y es indispensable la educación de los sentidos: de manera particular, no ver y no sentir todo lo que podría nos podría suceder de ver o sentir (imágenes, música, conversaciones, etc.), teniendo siempre bien presente como prioridad, la necesidad del trabajo interno. La mente se manifiesta bajo tres aspectos distintos: 1) Mente escéptica; 2) Mente dogmática; 3) Mente interior. Las dos primeras mentes son expresiones del Ego y por lo tanto se definen como mentes activas del ego. La tercera es en cambio expresión de la Esencia y se define mente interior pasiva. La Mente escéptica acepta solo lo que puede ser confirmado por los cinco sentidos y por lo tanto también se la llama Mente sensorial. Es la mente de la ciencia oficial, académica y cree solo en las experimentaciones reproducibles en laboratorio o en los estudios realizados con determinados “métodos” racionales. Duda de todo el resto. Ésta mente, a la cual generalmente se le confiere el único crédito, en cambio es engañosa, ya que los cinco sentidos no dan la imagen exacta de la realidad. La vista y el oído son por ejemplo, muy limitados: ciertos animales ven y sienten cosas que nosotros no vemos y no sentimos. La así llamada “ciencia” por lo tanto ha sido obligada, en el pasado a formular sus propias teorías, sobre la base de experimentaciones imperfectas; teorías que, todavía hoy, en consecuencia, continúa modificando en base a nuevas falacias, instrumentos de percepción producidos por la tecnología. Por lo tanto, la “ciencia” no posee la verdad por el simple hecho de que la verdad no puede ser provisoria. Del resto, esta misma admite que “la realidad es incognoscible", porque los datos de los cuales se puede disponer, son parciales y no permanentes. La Mente dogmática acepta solamente lo que le corresponde a ciertos contenidos suyos, pre constituidos y creídos verdaderos, pero que no son verdaderos: son en cambio, precisamente, dogmas producto de los Agregados psíquicos. Por lo tanto es una mente basada en el prejuicio. Una mente así nunca podrá estar abierta a lo nuevo y representa uno de los más grandes obstáculos para el trabajo interno. La Mente interior está conectada únicamente con la Esencia. Y por lo tanto mente de Verdad y de Saber. Se debe a la presencia de esta Mente, si quien busca siente la inquietud que lo conduce a la puerta del Conocimiento y logra abrirla. El único problema es que la Esencia en el hombre común y corriente es solo un 3% del total y por demás, completamente dormida. Las dos mentes del ego activas (escéptica y dogmática) son infieles y mecánicas, porque estando al servicio del Ego, no permiten la formación de conceptos reales. En éstas se elaboran pensamientos subjetivos, ilusorios, condicionados. Por lo tanto no son mentes creativas, sino repetitivas. Es decir, se limitan a repetir y a menudo de forma parcial e imperfecta, lo que han aprendido precedentemente y trabajan a través de la imitación y la credulidad. Por lo tanto éstas pertenecen al hombre de los dos primeros estados de conciencia. Los Egos que condicionan o componen las dos primeras mentes se estratifican en numerosos niveles (48 o 49, según ciertas condiciones). Tales niveles constituyen el inconsciente. Entonces se puede comparar a la Mente con un lago profundo, que en la superficie está representado por los Egos del preconsciente y en la profundidad por los del inconsciente profundo (el Ser, según Freud). El 3% de la Esencia, es decir el nivel de la conciencia y de la Mente interior, en ese lago no está representado, salvo ocasionalmente. Cuando el hombre cree ser consciente, en realidad se sirve de los Ego del preconsciente: confundiendo lo consciente con lo inconsciente, él cree estar despierto pero en cambio duerme y sueña. Dicho en otras palabras, aquél que no es capaz de entrar en relación estable con el propio porcentaje de Esencia libre, únicamente transcurre la existencia entre los distintos niveles del inconsciente, sin poder experimentar nunca el Yo consciente. Todas las distintas doctrinas psicológicas o psicoanalíticas reconocen una presencia estable del yo consciente en los seres humanos. Por todo lo expuesto hasta ahora, se deduce en cambio que el yo consciente, por lo general, no es para nada una presencia estable en la psiquis del hombre. Lo que se define como el yo consciente, en realidad es el yo del segundo estado de consciencia, que aparenta estar despierto y libre, pero que en cambio está totalmente condicionado y adormecido. Solo a través de la eliminación del Ego y de la progresiva reducción de las dos Mentes activas, el lago comienza a llenarse de Mente Interior, de pura Consciencia, construida alrededor de una cantidad cada vez mayor de Esencia libre. Es la situación que lleva a la constitución del alma formada. Los contenidos de las primeras dos mentes se expresan en el Centro intelectual a través de la memoria mecánica, es decir, una capacidad de recordar totalmente dirigida por la voluntad del Ego. En ciertos casos el recuerdo es fácil, porque pertenece a los Egos superficiales del preconsciente. En otros es más difícil o casi imposible, cuando pertenece a los Egos del inconsciente profundo, que yacen sepultados en los estratos más profundos de la psiquis. Para los Egos de este tipo, cuyo recuerdo es normalmente imposible ya se hace referencia a Freud que puso a punto una particular técnica de investigación, conocida como “método de las asociaciones libres”. Ésta aprovecha un funcionalismo fundamental de la mente egoísta, la asociación mnemónica mecánica (AMM), según la cual todos los contenidos de la mente, incluso los más profundos se ponen espontáneamente en relación entre ellos a través de pequeñas partes comunes (asonancias, semejanzas, analogías simbólicas, etc.) La persona que deja la propia mente libre de asociar los propios contenidos y escapa de las repeticiones mecánicas de la vida cotidiana, realizando, aunque por poco tiempo, una condición de perfecta relajación corporal y de aislamiento del ambiente exterior, será invadida por todo tipo de pensamientos y verá aparecer de frente a él numerosísimas imágenes conectadas entre ellas, de forma aparentemente ilógica, pero todas expresión de Egos bien precisos y a veces también muy profundos. Lo que cuenta es poder experimentar la presencia de este mundo sumergido y escondido, sus dinámicas y sus efectos sobre la psiquis y el cuerpo físico. A menudo las imágenes son tan breves y evanescentes que solo se perciben en el momento en el que se desvanecen. En la situación psicoanalítica, el experimentador es un sujeto externo, el analista que recoge las fugaces impresiones y documenta los trayectos. En la situación del investigardor solitario es en cambio el mismo sujeto quien tiene que convertirse en un científico objetivo de sí mismo. Esto es posible únicamente si éste entra en relación con su 3% de Esencia, se vuelve capaz de vivir el instante y de volverse consciente de sus propias dinámicas internas, en el momento preciso de su manifestación. Así se crea una verdadera práctica de conocimiento interior en la cual a través de la AMM, los distintos Agregados psíquicos tienen la posibilidad de ser observados de manera objetiva para ser estudiados y comprendidos. La Conciencia (el 3% de Esencia) no ocupa un lugar preciso en el lago de la mente, pudiendo penetrar por doquier, para iluminaros. A diferencia de Freud que ponía al Yo consciente al nivel más superficial de las instancias psíquicas y que por lo tanto nunca habría podido indagar en los estados más profundos, nuestro investigador solitario, polarizado en la Esencia, se da cuenta de poder iluminar incluso al propio inconsciente y de llegar a la auto revelación. Ahora proponemos tres técnicas distintas de autoanálisis, para ejecutarlas siempre con el cuerpo bien relajado y desconectado de posibles estímulos sensoriales. 1) Práctica de la pantalla cinematográfica: con la mente en silencio y con los ojos cerrados, imaginaremos delante de nosotros una pantalla cinematográfica. Después de un cierto tiempo se nos proyectarán espontáneamente muchas imágenes aparentemente caóticas y sin sentido, que estudiaremos pasivamente bajo la guía de la Esencia. 2) Práctica de la galería: Con la mente en silencio y los ojos cerrados imaginaremos delante de nosotros una galería vacía. En poco tiempo ésta será atravesada por todo tipo de imágenes y pensamientos, en un sentido y en otro, que observaremos y estudiaremos pasivamente, guiados por la Esencia. 3) Práctica del pueblo psicológico: Con la mente en silencio y los ojos cerrados, imaginaremos encontrarnos en una ciudad y recorreremos las calles. Visitaremos barrios nobles e innobles, edificios ricos y pobres, desvanes y sótanos, iglesias y hosterías. Encontraremos a personas desconocidas, pero también amigos y conocidos. Analizaremos todo esto pasivamente, dejándonos guiar por la Esencia, convencidos de estar en nuestro “pueblo psicológico”, es decir en el interior de nuestra psiquis, para conocer y estudiar a los Agregados. Todo esto que veremos en ésta práctica, de hecho corresponde a un Agregado bien preciso de nuestra mente, que se vuelve observable espontáneamente a través de las AMM. La Asociación Mnemónica Mecánica, característica de las dos mentes del ego, puede accionar en dos sentidos: vertical y horizontal. La asociación vertical solo se produce ocasionalmente y en circunstancias particulares, como en el sueño o en los ejercicios de introspección y conecta entre ellos a Egos de todo tipo, del preconsciente y del inconsciente profundo. Puede ser utilizada por el investigador polarizado en la propia Esencia para el progreso en el conocimiento de sí mismo y para el propio trabajo interno. Las tres prácticas apenas ilustradas utilizan para ello justamente la asociación vertical y permiten la manifestación de Agregados incluso muy profundos, cuya existencia por lo general es negada por la mayoría de las personas. La asociación horizontal, en cambio, se produce siempre, es una constante de la mente humana y acompaña al hombre exterior en cada instante de la propia vida. Ésta se desarrolla predominantemente entre los Egos superficiales del preconsciente y está en el origen de dos procesos particularmente perturbadores para el conocimiento interior: la charla mental y la fantasía. Tales procesos generan en el interior del espacio psicológico, un constante “rumor de fondo”, como una excesiva agitación de la superficie del lago, que impide la manifestación de la Esencia. Por lo tanto éstos se pueden reconocer y eliminar lo más rápido posible por aquél que busca, porque están en el origen de tres obstáculos fundamentales: sustraen energías, hacen imposible el auto recuerdo y la experiencia del instante, impiden el autoanálisis. Por lo que respecta a los recuerdos tenemos que distinguir los recuerdos de la memoria mecánica y los recuerdos de la memoria-trabajo. Los recuerdos de la memoria mecánica están conectados a las dos mentes de los egos activas (escéptica y dogmática) y por lo tanto son expresiones de los Agregados de la psiquis. Éstos no sirven al trabajo interno, es más lo obstaculizan, suscitando estados interiores negativos, como la añoranza, la amargura, el victimismo, el orgullo, la vanidad, etc… Incluso podemos definirlos como residuos negativos de la mente o esqueletos del pasado. Los recuerdos de la memoria-trabajo, en cambio están conectados con la mente interior. Por lo tanto no son expresión del Ego, sino de la Esencia y son útiles al progreso en el trabajo interior. Por ejemplo permiten el estudio de un defecto, el análisis de un sueño, la realización de un ejercicio, la comprensión de un libro, etc… Mientras que la memoria mecánica se basa en el pasado, la memoria-trabajo se basa en el presente, en el instante, en el momento. Por lo tanto es una memoria real, concreta, desconectada de todo tipo de fantasía. Por lo demás, el trabajo interior comienza desde el principio a cada instante y se cumple venciendo esa tentación de mirar hacia atrás, que hizo transformarse en una estatua de sal a la mujer de Lot. Fantasía es la charla mental, expresiones de la AMM propia de las mentes del ego activas, encuentran a sus correspondientes, en la mente interior, en la imaginación y en el silencio interior. Por lo tanto la imaginación es una facultad de la Conciencia (“imaginación consciente”) y se diferencia de la fantasía, porque no se cumple en la proyección activa del Ego, sino en la concentración sobre la Esencia. Lo que producimos con la imaginación consciente se cumple siempre, no solo en los así llamados “mundos interiores”, pero también en el mundo físico según el dicho: “imaginar es crear”. La eliminación de la charla interna y el consiguiente silencio de la mente activa, condición indispensable para la relación con el 3% de Esencia, permite experimentar un estado interior de fundamental importancia para el trabajo interno: la concentración. Por concentración tenemos que entender una particular facultad de la Esencia, expresada por la mente interior, que permite dirigirse a un único pensamiento, viviendo el instante en un perfecto auto recuerdo. Según esta definición, para que se pueda hablar de concentración son necesarias algunas condiciones bien precisas: - capacidad de usar las facultades de la Esencia: éstas, a causa del predominio del Ego en el espacio psicológico, por lo general se atrofian; se trata de despertarlas con el ejercicio constante, precisamente como se rehabilita un miembro atrofiado; - uso de la mente interior: la concentración por lo tanto es una facultad pasiva, espontánea que se produce sin ningún esfuerzo y sin ningún derroche de energías; - existencia de un único pensamiento: los pensamientos, que junto con los problemas relativos, generalmente invaden masivamente el espacio psicológico, durante la concentración se afrontan uno a la vez, con un riguroso método; - capacidad de vivir el instante: la concentración se cumple en el momento presente; el único pensamiento, es decir, debe ser relativo a una situación real que sucede en el “aquí y ahora” y tiene que respetar el principio de la “clave de S.O.L.” (Sujeto – objeto - lugar); - estado de auto recuerdo: quien practica la concentración tiene que vivir en conexión con la propia parte Real y en continuo recuerdo de la propia Esencia. Distinguimos además dos tipos de concentración. Una que ocurre mientras los Centros de la Máquina orgánica están activos (sobretodo el Centro intelectual) y se verifica en la vida corriente de todos los días; la otra ocurre durante el descanso completo de todos los Centros y se cumple mientras se hace un ejercicio particular. Concentración en la vida activa Se trata de cumplir con las actividades de la jornada, de acuerdo a las características de la concentración, apenas recordadas y es decir: 1) Vivir el instante con un único pensamiento ligado a la situación real. Lo que comúnmente se expresa con la frase: “si tienes que lavarte, lávate; si tienes que vestirte, vístete; si tienes que conducir el coche, conduce el coche; si tienes que lavar los platos, lava los platos”. Y así para todo. Si de hecho quien conduce el coche escucha los distintos pensamientos que pueden entrar en su mente, no vive el instante y conduce de forma mecánica, inclusive peligrosa. 2) Valerse de la mente interior, íntegra y pasiva y abandonar el uso de las mentes del ego, activas y fragmentadas, que aportan parloteos, fantasía y distracción. Eso significa llevar a término los objetivos individuales programados, sin permitir la intromisión de elementos de distracción. A éste propósito si la fantasía estéril es un ejercicio de abandono, la programación de la jornada, fijando incluso materialmente sobre una agenda los deberes y los vencimientos, puede ser de gran ayuda. En éste caso podremos incluso recurrir a algunas frases como: “si sales para hacer las compras, haz las compras y no te detengas en el bar; si tienes que ir a una conferencia, no te detengas a hablar con el amigo; si tienes que estudiar, estudia sin mirar alrededor”. 3) Estar en auto recuerdo. No existe concentración sin auto recuerdo, porque como hemos visto, la concentración es una facultad de la consciencia. La actitud interior de quien vive en auto recuerdo es del desapego, la consciencia, es decir que más allá de los objetivos prefijados, lo que cuenta es no perder la relación con la propia Esencia. Tal condición podría ser reasumida por la frase: “si tienes que lavar los platos, lava los platos, pero si no puedes hacerlo ahora, paciencia, lo harás luego”.
Concentración como “práctica”.
La práctica de la concentración es el punto de partida de todas las experiencias interiores y por lo tanto tiene que entrar obligatoriamente a formar parte de las actividades cotidianas de quien desea el conocimiento de sí mismo. Ésta se desarrolla en un ambiente tranquilo, asumiendo una posición cómoda con el cuerpo perfectamente relajado. La concentración puede dirigirse a un objeto externo (una naranja, una vela), o también una parte del cuerpo, como por ejemplo una mano o un brazo. Es particularmente útil, la concentración sobre el corazón. Al inicio, luego de haber conseguido un buen estado de relajación, se trata de dirigir el pensamiento hacia el único objeto prefijado, eliminando progresivamente todos los demás contenidos en la mente. Sucesivamente se analiza el objeto, teniendo en cuenta su origen, su finalidad, su utilidad, sus cualidades, sus defectos, sus características (forma, color, medida, consistencia, etc.). Finalmente se intenta penetrar dentro del objeto, para llegar progresivamente a concentrarse sobre sus estructuras más sutiles, hasta el átomo individual, en el cual incluso la mente interior se pierde. Es útil recordar una vez más que la concentración es un estado pasivo de la mente. Por lo tanto durante el ejercicio, el objeto (o el pensamiento) será investigado espontáneamente, sin ningún esfuerzo y sin intervención de las mentes activas. La verdadera dificultad inicial consiste justamente en bloquear la función de éstas mentes, que por lo general, parecen en cambio ser las únicas que existen y de ponerse en cambio en relación con la mente interior. A éste punto, se puede prolongar la concentración por un tiempo indefinido o bien traspasar gradualmente en la meditación. En ese caso la persona concentrada en el átomo, se puede hacer preguntas sin respuesta lógica, como por ejemplo: “¿es ésta la verdad?” o bien “¿si todo se reduce a la unidad, la unidad a qué se reduce?” (koan de la meditación zen). De la mente interior se anulará incluso el único pensamiento, el Cuerpo físico se dormirà y dejará libre a la Esencia para experimentar toda una serie de estados interiores, que culminarán en el éxtasis místico. Es bastante evidente que la meditación puede realizarse solo en el transcurso de un adecuado ejercicio. Los estados interiores que se experimentan en la meditación son, progresivamente: 1) la investigación sobre la clase y el origen de las cosas; 2) lectura de los registros del Akasha; 3) experimentación de los distintos componentes del Ser; 4) experimentación del Vacío Iluminador; 5) experimentación de la gran realidad; 6) éxtasis místico o sahamdi. Si entonces la concentración se sigue, estando despiertos y con la mente fija en un único pensamiento, la meditación se realiza con el cuerpo adormecido y sin ningún pensamiento. Las características de la concentración descriptas anteriormente pueden en un último análisis, ser resumidas en una sola: la utilización de la mente interior. Quien utiliza la mente interior, de hecho naturalmente ya está concentrado: la relación con la Esencia le permite vivir el instante en auto recuerdo y sin la charla mental. Si estas características han sido especificadas se ha hecho con un objetivo meramente didáctico, es decir, para poder diferenciar la concentración de otros estados interiores, aparentemente muy similares y con los cuales ella no debe ser confundida. Por ejemplo, la atención no es una facultad de la consciencia y no presupone el uso de la mente interior. Incluso falta el auto recuerdo. Sin embargo mientras las mentes del ego, aunque estén siempre listas a dudar y a confrontarse, son disciplinadas: su actividad se reduce al mínimo y está casi ausente la charla mental. Lo cual le permite a la persona atenta, vivir el instante y tener el pensamiento dirigido hacia un único objetivo. La condición opuesta a la atención es la distracción. En ella las mentes del ego son totalmente indisciplinadas y el sujeto es presa fácil de la charla mental y de todo tipo de actividad fantástica. No es absolutamente posible vivir el instante y el pensamiento vaga entre gran cantidad de distintos pensamientos. La identificación puede a primera vista, ser confundida con la atención, porque la mente está dirigida a un único objeto. Pero mirar un film identificándose con los hechos de los personajes, dejarse fascinar por un partido de fútbol, llorar escuchando cierta música, no es vida real sino un sueño. De hecho en la identificación lo que predomina en la mente es un Ego que lleva a la persona a perder no solo la conciencia de sí mismo, sino también el conocimiento del instante: en este estado, que es el estado interior de casi todos aquellos que no siguen un camino de autoconocimiento, la ilusión se intercambia con la realidad y la vida se consume en una serie de engañosas representaciones.
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Y ahora, queridos lectores e investigadores de la verdad, como he prometido os ofrezco la lectura de algunos de los mejores capítulos de éste importante libro, el cual, estoy seguro logrará sacudir dentro al investigador serio y espiritualmente preparado, en cada episodio, entonces encontraréis inserto un capítulo de éste libro. No añado nada más, para evitar que mis palabras puedan influenciaros en la comprensión de dicho libro, que tiene que ser absolutamente subjetiva, por lo tanto buena lectura a todos y gracias. En la página precedente al primer capítulo se leen las siguientes frases: “YO SOY la Vía y vosotros no me seguís. YO SOY
(Séptimo Capítulo)
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