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El Volcán, la Naturaleza y Europa
demagistrisEL VOLCAN, LA NATURALEZA Y EUROPA
Por Luigi De Magistris - 25 de abril de 2010
En estas semanas un distante volcán de Islandia – de improviso – ha recordado a los europeos, sin derramamiento de sangre, que el hombre no puede dominar a la Tierra. Los seres humanos deben respetar la naturaleza.
El hombre no puede pensar que puede gobernar todo, que puede preveer cada momento de la vida, que puede programar todo. La naturaleza nos ha narrado el miedo y la belleza de lo imprevisible. Millones de ciudadanos preocupados, aterrorizados, no por el volcán “bueno”, sino por el hecho de no llegar a poder hacer todo lo que tenían programado. La fascinación del instante imprevisto que se escapa de las manos. Incluso la Unión Europea ha ido detrás del volcán, dejándose encontrar desprevenida.
Las votaciones en el Parlamento han sido postergadas, se ha tomado en consideración revisar los límites de las rigurosas leyes en materia tal de permitir el vuelo de los aviones, se ha solicitado a las compañías que indemnizaran a los pasajeros que quedaron en tierra. Fuertes intereses económicos y presiones de lobby prevalecen sobre la seguridad, ¿o incluso reglas excesivas en ausencia de un peligro efectivo?
En las mismas horas se ha discutido sobre la violencia del hombre en contra de la naturaleza, en particular los devastadores incendios intencionales que el verano pasado destruyeron decenas de miles de hectáreas de bosques en Grecia, hasta rozar Atenas, patrimonio de la humanidad, provocando un escenario espectral, de horror. Se decide asignar al Gobierno griego cientos de millones de euros por la inconmensurable calamidad natural. Grecia hoy es un País que está de rodillas, en plena crisis económica-financiera de niveles desmesurados, al borde de un durísimo conflicto social. Todo esto está además acompañado por el inmenso derroche de financiamientos públicos, sobre todo europeos, que en lugar de generar un desarrollo económico, han alimentado negociados y corrupción. Violencia de la naturaleza por obra de los especuladores para enriquecerse, por un lado, utilización de manera perversa del dinero público por el otro. Es criminal depredar la naturaleza para sacar provecho.
El correcto aprovechamiento de los recursos naturales mejora la calidad de vida, genera desarrollo económico, crea las condiciones para obtener trabajo, valoriza el territorio.
La naturaleza no es un bien disponible, no puede ser privatizada. Amor por la naturaleza significa destrozar la espiral criminal entre su saqueo, la obtención de financiamientos públicos, la consolidación de la corrupción y la mafia.
Respeto de la naturaleza significa también una visión distinta de la ética pública. Amor por la naturaleza quiere decir oponerse a las centrales nucleares, a los incineradores, al puente que cruza el estrecho de Messina, a la depredación urbanística, a la remoción ilegal de los residuos de todo tipo. Vivir la naturaleza amándola es un mejoramiento del ser humano; el hombre no puede pensar en violentarla, de otra forma habrá siempre un volcán que nos haga regresar la memoria.
Extracto dell'Unità  25 de abril de 2010
 

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