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NOSOTROS SOMOS GUERREROS

En el firmamento del cielo las estrellas resplandecen altivas de su belleza. Con su luz difusa la luna parece velar desde lo alto el destino de nuestra humanidad.
En el silencio de la noche nos reunimos en el jardín de nuestra casa donde nos sentimos protegidos, como niños dentro de su cuna, en un oasis de paz y armonía en la oscuridad de estos tiempos oscuros. Estamos juntos para vivir unidos intensos momentos que tienen valor eterno y tenemos que custodiar celosamente dentro del cofre de nuestros corazones. El espíritu de la gran encina se alza sobre nosotros iluminado por un faro de luz que muestra su elegante vestido nocturno. También ella escucha y, con su frondoso follaje movido por el aire que casi no se percibe, susurra palabras con un código antiguo que puede comprenderlo solo el que ha crecido junto a ella. Susurra, nuestra gran encina, palabras de participación, fuerza, ternura, amor, como una madre hacia sus hijos. Ella, que ha compartido con todos nosotros los momentos de alegría y de tristeza vividos en estos años. Ella que ha acogido entre sus ramas el descenso del Maestro Jesucristo que se manifestaba a su amado y nuestro amado Giorgio, a sus pies. Momentos inolvidables, intensos, duros a veces, y sublimes otras veces, pero todos vividos juntos, indisolublemente ligados por el mismo amor por la Verdad, por el mismo amor por la Vida, por el mismo amor por esa Ley Suprema que gobierna y rige los mundos y las Estrellas. La Ley Universal que rige el Monarca Solar, nuestro Padre Adonay Arat Ra.

Como en una tribu de pieles rojas, el jefe de la tribu junto a sus guerreros, para combatir nuevas batallas. Sus amadas familias les esperan mientras llevan adelante las actividades que hacen florida y llenan de vida la comunidad, unida por los valores de la fraternidad universal. Cada vez que regresa de una batalla, el jefe de la tribu reúne a su numerosa familia para compartir intensos momentos espirituales, reforzar esos valores que dan vida y vigor a todos los seres que pueblan la tribu,  hombres, mujeres y niños.

Las notas de una armonía musical, en ciertos momentos dulcísima, emocionante, en otros momentos fuerte, impetuosa, resuenan a nuestro alrededor... Giorgio, nuestro Gran Jefe, prepara nuestros espíritus para recibir una vez más grandes enseñanzas. La voz intensa, profunda, abrazada por la ligera música de fondo, expresa palabras que van derechas al corazón... escuchadlas también vosotros...

Nosotros no hemos venido a este mundo simplemente para nacer, vivir y morir. Nosotros no hemos venido a este mundo para vivir una vida vacía. Nosotros hemos venido a este mundo para luchar. Hemos elegido de venir aquí para hacer una guerra. Somos soldados, guerreros. No estamos aquí para la paz, nosotros no traemos la paz, nosotros traemos la espada. Nosotros anhelamos la paz, pero para los demás. Luchamos para que los demás puedan vivir en paz, pero cuando la guerra termina y vemos que nuestro prójimo vive en paz, en amor y justicia, partimos de nuevo para otra batalla. Porque nosotros somos guerreros. Este es mi origen y el origen de mis hermanos y de mis hermanas. Nosotros no sabemos vivir en el mundo donde hay paz, nosotros traemos la paz para dejarla ahí, para que las civilizaciones puedan evolucionar, pero enseguida después tenemos que irnos, porque el guerrero sin una guerra que combatir puede incluso morir. Y como nosotros queremos vivir, vamos a otros lugares, donde es necesario luchar, para vencer. Para dar gloria a nuestro Rey que es el Rey de los Reyes, que es el Cristo. En este sentido os pido, queridos hermanos y amigos, que me acompañeis, si tenéis la fuerza, si tenéis el valor. Porque esta es mi naturaleza: combatir, luchar, por la justicia. Sin justicia, para mí, la vida no tiene razón de ser vivida. Pero no me pidáis paz, yo no soy portador de paz. Yo lucho para que los demás vivan en la paz y en la justicia.
Como paradoja también es verdad que hasta que no vea este mundo vivir en paz, nunca me sentiré tranquilo. A mi me gusta muchísimo, me encanta, me hace feliz dentro, ver a los demás vivir en paz. Como en una pantalla, en una visión de una estupenda pradera, de un estupendo campo o de un estupendo panorama. Las montañas, los lagos, los animales, la gente que vive en armonía, que se ama... me gusta observarla, pero no vivirlo. Moriría. Tengo que partir enseguida para encontrar un mundo donde reine el caos y ahí hacer renacer un cuadro precioso, con una representación artística que llene de vida todos mis sentidos. Ver como vive la gente en paz, que se ama, que se adora. Mi estrella, que se llama Maya, es un mundo que vive en paz y fraternidad. Tiene lagos espléndidos, reina la luz, nunca hay tinieblas. Yo voy allí por poco tiempo, después tengo que volver a marchar. Mi Señor me llama. Soy un guerrero, y moriré guerrero. Pero la muerte no existe, y por lo tanto seré así eternamente. He nacido para combatir. A veces pierdo las batallas, el Padre me hace perder las batallas a menudo, no siempre, porque quiere que el guerrero sea humilde, que acepte la derrota, que reconozca que otros son más fuertes que él. Pero que siga entrenándose, para ser como ellos, para llegar a la par y después derrotarles. Sin la humildad un guerrero es arrogante, perderá siempre. Con la humildad, la fuerza, la determinación y el coraje se vence y nosotros debemos vencer al anticristo con estos valores. Respetándolo, reconociendo que el en este momento es más fuerte. Pero a la larga, venceremos nosotros. También porque nosotros esperamos a nuestro Rey, a aquel que viene a liberarnos. Tenemos que resistir hasta que El llegue. Porque los guerreros que se rinden son cobardes. Los guerreros no se rinden nunca, prefieren morir en la batalla, reconocen que el enemigo es más fuerte, pero no dejan el arco, las flechas, la espada. Y dado que nos ha sido prometido que nuestro Rey regresará, tenemos que seguir combatiendo. Esta claro que no tenemos las ametralladoras, ni los cañones, pero tenemos la fuerza del amor, de la justicia y deseamos la paz de los demás, no nuestra paz. Nosotros no tenemos paz. Por esta razón la Madre Celeste, que en este momento toca Su música, ha puesto cerca de mí a los seres más pacíficos que existen en este Sistema Solar, mi familia y vosotros. Efectivamente yo me quedo sin palabras, perplejo y encantado de la paz que tienen. Y su paz y su amor dan fuerza a mi fuerza de guerrero.
Me encanta ver la expresión de ternura de la Madre Celeste, la madre de mi Rey. La que me levanta cuando el enemigo me da un puñetazo y me tira al suelo. La que me acaricia cuando mi rabia esta por transformarse en odio y Ella, con su manto, aplaca este fuego que tengo dentro. Lo transforma en deseo, pero no en venganza.
¡Por lo tanto, sed fuertes! Si no tenéis esta fuerza no podeis seguirme. Os quedareis atrás y yo no podré venir a buscaros, porque la batalla es dura, apremia, y la guerra es cada vez más fuerte. La unión es nuestra fuerza, el deseo de la justicia es nuestra certeza y la fe en nuestro Rey, Jesucristo, nuestro escudo. Para estar cerca de mí, queridos hermanos, tenéis que renunciar a vosotros mismos, de lo contrario no lo conseguiréis.
A veces el cielo me manda muchos signos: hombres de Dios, seres pacíficos, misioneros que se acercan, que me acarician, todas las caricias que recibo son el apoyo, el ánimo que me da alguien que está por encima de todos. Pero mi misión es otra, mi misión es hacer justicia. Y para hacer justicia es necesario gritar, es necesario dar la cara, no mirar a la cara a nadie, decir la verdad. He nacido para esto. No tengo nada y no quiero nada. No quiero ninguna gloria, ni dinero. Yo soy un ser libre. Solamente los seres libres pueden gritar la Verdad. Todos los demás están comprometidos. Dado que somos libres, y vosotros me seguís, ¡no tenemos que tener miedo, nunca, de nada!
Cuando uno posee la verdad puede ser pobre, le puede faltar el dinero, pero no debe temer a nadie, porque Dios estará siempre con el. No tiene nada. Se tiene solo a si mismo, que es todo.

Veis a Franchino (un hermano del arca), tú no posees nada, ni una redacción, ni una oficina. Esta es tu fuerza: la verdad que tienes dentro, es tuya y no te la puede tocar nadie. Y nada te puede detener, nada, porque Dios estará siempre contigo. También yo soy así: no tengo nada, pero tengo todo dentro. Todos vosotros tenéis que ser así. Apenas os dejáis embargar por alguna nostalgia o por alguna tentación material, entonces ya no sois libres y por lo tanto no podéis gritar la verdad. Sin embargo nosotros tenemos todos los papeles en regla para hacerlo. Los demás pueden tener las cosas materiales, pero no son libres. Salvatore Borsellino, por ejemplo, es otra persona que no tiene nada, no le importa nada, dice la verdad. Y es mi hermano. Ellos son mis hermanos, nuestros hermanos. Los que quieren justicia. Yo deseo justicia, pero para desearla la tengo que poner en práctica. Es decir que debo gritarla”.
El grito del Gran Jefe forja a sus guerreros marcando sus espíritus con el fuego, alcanzando las altísimas cimas del Cielo.

“Para nosotros” decía uno de las mas grandes caudillos Sioux “los guerreros no son lo que vosotros pensáis. El guerrero no es el que combate, porque nadie tiene derecho a tomarse la vida de otro. El guerrero para nosotros es aquel que se sacrifica a si mismo por el bien de los demás. Su deber es ocuparse de los ancianos, de los indefensos, de quien no puede cuidarse a si mismo y sobretodo de los niños, el futuro de la humanidad”. Toro Sentado (Tatanka Iyotanka), caudillo nativo americano de los Hunkpapa Sioux (Lakota) que estaba al mando de 3.500 guerreros Sioux y Cheyenne contra la séptima caballería estadounidense que estaba bajo el mando de George Armstrong Custer en la batalla de Little Bighorn el 25 de junio de 1876.

Emocionados y con esa carga interior que nos da el impulso de seguir adelante siempre con más fuerza y pasión, proseguimos la noche viendo el impactante trailer proyectado en la pantalla grande sobre la historia de Giorgio Bongiovanni que ha realizado nuestro queridísimo “hermanito” Giorgio Di Stefano, 16 años que ya es un genio en la realización de montajes de video, una de las joyas de Studio3TV. Se proyecta después el estupendo documental sobre los círculos en el trigo, extraordinariamente realizado por nuestros hermanos Pier Giorgio Caria, Piero y Giorgio Di Stefano y que pronto será transmitido por la RAI italiana y que os invito a ver.
La noche se concluye entre besos y abrazos, con el intercambio de emociones y de sentimientos de ternura, entre hermanos unidos por el amor de Cristo y hacia nuestro hermano Giorgio que una vez más ha encendido en nosotros ese amor hacia la Verdad que deseamos servir hasta el final.

Con toda la pasión viva en mí
Sonia Alea

Sant Elpididio a Mare, 27 de agosto 2008

 


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