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jovenes1EL SERVICIO
Hace poco, después de rezar un Rosario, en una de las charlas que a veces se generan a continuación de éste, hablamos de reunirnos el día de la Virgen, 8 de diciembre, para compartir esa fecha todos juntos, unidos como hermanos. Pero también se dijo que debíamos estar preparados para ese día en que se celebra la Inmaculada Concepción de María.
Fue así que se decidió hacer un encuentro previo el sábado 4 de diciembre. Ese día, en horas de la tarde, todos fuimos llegando al Arca de Rosario a la hora señalada o antes. Algunos estaban desde la mañana y la mayoría llegó poco después del mediodía. Sentados en el salón que previamente habíamos limpiado entre todos y que olía a incienso y a jazmines, reunidos en comunión, elevamos una oración y le pedimos a la Santa Madre que nos acompañe, que nos cobije con su manto, que nos ilumine con su bella mirada y que nos señale el camino a seguir.
Fue ese día cuando viví una de las experiencias más grandes de mi corta vida y, mas allá que sé que todos los presentes tuvieron la suya, yo voy a hablar de la mía. Sé que en ese momento de comunión cada uno de nosotros sintió cosas diferentes. Como por ejemplo Martín, quien supo que era un momento para hacer las preguntas necesarias para aclarar dudas.
Yo me adormecí y empecé a escuchar pensamientos que no eran míos, palabras que no sé de donde salían y que las percibía a una velocidad que me costaba entender. La palabra Cristo no dejaba de repetirse en mi mente y, entre las frases que recuerdo, había algunas como: esto no puede ser mentira, yo una vez vi una cruz en el Cielo, necesito relajarme o que bien que me siento. Como si fuera una música de fondo por momentos oía el sonido de las olas del mar. Cosas todas que puedo afirmar que no eran pensamientos o ideas mías.
En ese momento empiezo a establecer un diálogo con alguien que no podía ver y que sólo podía oír, hasta el momento en que le dije que quería verlo para saber con quien estaba hablando. Entonces, como en un pantallazo, por un instante vi su cara, similar a las conocidas imágenes de ciertos seres extraterrestres: tenía ojos grandes y estirados, en lugar de nariz solo parecía tener orificios nasales y su cráneo era alargado.
Este ser inició una larga conversación, a la vez que me permitió preguntarle muchas cosas que quería saber. Recibí valiosos conocimientos que hoy quiero compartir con todos mis hermanos, porque pienso que tal vez lo que me dijeron le pueda ser de utilidad a alguien.

Servir es lo primero
Me dijeron que lo más importante es el servicio y que así como nosotros necesitamos del Cielo, éste también necesita de nosotros, de nuestra disponibilidad, esfuerzo y entrega total del alma, el cuerpo y la mente. Es necesario para que así podamos servir y al mismo tiempo ser servidos, ya que a esto es a lo que hemos venido, a servir a Aquél que con total confianza en cada uno de nosotros nos envió, profetizándonos que algún día iba a venir a recoger a aquellos que jamás se olvidaron de Él, y a destruir a aquellos otros que, negándolo en cada acto de sus vidas lo decepcionaron, traicionaron y torturaron.

El autoconocimiento
Sólo hay una forma para poder ser un verdadero instrumento y esta es reconociéndonos y sabiendo en verdad quiénes somos, de dónde venimos y para qué estamos. Sólo así podremos saber qué debemos hacer y en cuales cosas debemos ayudar. Porque aunque todos hayamos venido aquí con el mismo fin, los caminos de cada uno son muy diferentes y las tareas a realizar son todas desiguales. Ninguna tarea es más importante que otra y son todas extremadamente necesarias e imprescindibles, aunque nuestras mentes orgullosas y egoístas nos digan lo contrario.

El Cielo nos necesita
Me reiteraron que el Cielo nos necesita, aunque esto parezca muy raro o difícil de creer. Reconozco que a mí me sorprendió mucho. Necesita que estemos en armonía, necesita vernos unidos y que participemos de ceremonias como las de ese día, para que elevemos nuestras vibraciones con plegarias de pedidos y con agradecimientos. El Cielo necesita ver fe en nuestro interior, firmeza en nuestra voluntad de ayudar y mucho amor, siempre el amor, hacia todos los seres del planeta. Porque si nosotros nunca hacemos este tipo de reuniones, si nunca nos unimos en comunión para pedir y agradecer, Ellos nunca podrían actuar en nosotros y a través nuestro.  

Las dimensiones
Cuando hacemos esto, este tipo de reuniones, dejamos de estar en la tercera dimensión, para habitar con nuestras conciencias en plena cuarta dimensión o tal vez más. Y al proceder así es cuando les abrimos las puertas a Ellos, porque nosotros vamos hacia ellos y ellos vienen a nosotros.

La ayuda impersonal
De esta forma, los Ángeles tienen un mejor acceso a la Tierra y pueden ayudar no solamente a quienes están reunidos, sino que también utilizan nuestra disponibilidad para ayudar a otras personas, personas que no están en la reunión, que pueden encontrarse muy lejos, a las que pueden llegar por la puerta que les abrimos. Ellos aprovechan ese instante para hacer descender Su energía hacia nosotros, los seres humanos.

El servicio debe ser constante
Una de las cosas que más me resaltaron, fue que estar constantemente en servicio es lo primordial para todas las personas que vienen al Arca. Y que este servicio puede traer como complemento el aprender, el sentirse bien y muchas otras cosas. Pero nadie debe venir por estas cosas, olvidándose de la principal, que es el ofrecerse como siervo ante el Rey que nosotros seguimos, el Cristo.

Las jerarquías
Me dijeron también que es importante tener siempre bien en claro las jerarquías dentro de la Obra. Es muy importante porque tenemos que discernir a quien obedecer ante dos órdenes o indicaciones diferentes. Para ello debemos saber quien tiene mayor autoridad, para evitar confundirnos. Porque a pesar de que ante Dios somos todos iguales, la jerarquía es necesaria para mantener un orden.

Ubicación de las Arcas
Me volvieron a recordar, como en muchos sueños anteriores, que el Arca de Rosario se encuentra o se ubica en cuarta dimensión todo el tiempo, y que cada vez que entramos a ella, nuestra conciencia se eleva, dejando atrás todo lo negativo que arrastramos del mundo cotidiano. Es por esto que muchos dicen que aquí se sienten tan bien, que se le pasan todos los dolores y se curan de cualquier enfermedad.
No vinimos a hacer nuestra voluntad sino la del Padre
Finalmente me recordaron que no vinimos a hacer lo que queremos, sino a cumplir con la Voluntad del Padre. Aunque el mundo nos diga lo contrario, no hemos venido a obedecer al mundo sino a nuestro Padre, que está en los Cielos.


Matías Lucas Guffanti
17 años
Arca Lily Mariposa
Rosario, Santa Fe, Argentina, atardeder del sábado 4 de diciembre del 2010

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