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barbaratramontoPor Barbara Drago

Un cántico circunda la Navidad de 2016. Un himno, una composición para rendir gracias a Adonay. El Padre que todo lo abarca, que todo lo ilumina y que en este día donó el Hijo del Hombre a la humanidad. El Cristo, Aquel que Es, el Verbo encarnado que resuena en la morada del espíritu del hombre desde hace más de dos mil años.

Ha encomendado la Verdad a aquellos que la reconocen, sin trazar ninguna escritura, sino que confiando el Verbo y su vibración a los oídos de quienes entienden, a las partículas elementales de la naturaleza, que lo preservan y lo ofrecen a la eternidad. Es por ello que no se lo puede encerrar, no se lo puede contener ni cristalizar en un momento histórico, lo hace inmanente en cada célula de la Creación. Quizás sea por ello que la reunión de Navidad se abrió con una vibración, un mantra que quería transportarnos nuevamente hasta esa energía primigenia.

Adonay, Adonay, Adonay... la palabra se vuelve canto, la voz vibra, vibración y frecuencia hacen callar a la mente, el velo de Maya se desvanece. Adonay, Adonay, Adonay... el Yo soy pasa a formar parte del todo dinámico, el espíritu se sublima y es como renacer, como volver a encontrarnos con el eterno devenir, como entrar en el Sol, arder, estallar, amar. Una imagen pensamiento, un viaje acompañado por un dulcísimo despertar. Ese despertar repentino que hace que el corazón se sobresalte y que da una nueva e inmensa tibieza y uno se encuentra con la voz cálida y apasionada de Giorgio acompañada por esas manos que se posan delicadamente en las teclas de marfil de un piano, para componer la armonía de este canto: Sonia Tabita. Un ser al que tanto amo. Sus notas, llenas de precisión y devoción, inmortalizan este fragmento de vida.

A lo largo de mis treinta años bendecidos por Giorgio, mi Padre espiritual, he vivido innumerables encuentros, reuniones, momentos de camaradería, festividades... pero siempre es como la primera vez, cada ocasión es única, es especial y lleva consigo un nuevo y acumulativo grado de conocimiento. Y así llegó esta jornada de recogimiento, que inmediatamente se transformó en un taller de estudio, que nos invitó al cenáculo del conocimiento para conocer la naturaleza del Señor. Fuimos llevados de la mano, con una ternura infinita, para adentrarnos en Su íntima esencia, para rozar su comprensión que impregna todo, que genera todo en su expresión creativa de puro Amor.

No podemos predisponernos a escuchar sin antes despojarnos de todo. Las palabras de nuestro Maestro Giorgio nos invitan primero que nada a realizar un acto de Humildad, a hacer una reverencia ante la Libertad a la que se aproximan nuestros espíritus, que inevitablemente forma parte de una arquitectura divina que no contempla no alimenta forma alguna de violencia anárquica. Donde rigen la violencia y la anarquía existe la involución.

Nuestros intelectos limitados tienen que resurgir de la sibilina manipulación a la que cotidianamente estamos sometidos, tienen que aferrarse a estas enseñanzas y sentirse compenetrados por las mismas. “La compenetración es conocimiento – afirmó Giorgio - y forma parte de un orden preestablecido. Nos convertimos en dueños de una dimensión cuando observamos las leyes, cuando aplicamos el valor de la Obediencia... El primero en enseñarnos el valor de la obediencia es Cristo que vino a la Tierra para servir y no para ser servido...”. Por lo tanto la individualidad y el individualismo desaparecen y se nos guía para comprender que todo lo que ocurre es para hacer prevalecer este equilibrio que gobierna todas las cosas. La naturaleza tiene mucho que enseñarnos al respecto. ¿Acaso los cambios climáticos son actos de violencia desesnfrenda? No. No podemos pensar eso. No son más que hechos sintónicos que restablecen la armonía allí donde antes reinaba el caos.

Cada una de las preguntas de los hermanos fueron ampliamente respondidas y no podíamos tener dudas sobre las respuestas que, para nuestra gracia, recibíamos. Tenemos que mantenernos firmes en estos valores, incluso tenemos que ser duros para protegerlos y afirmarlos. Porque “Jesús se encarnó para liberar a nuestros espíritus de la materia que Yahveh nos inculcó, para liberarnos del pecado porque la humanidad se aferró a Jehová. Y Dios puede lavar los pecados solo si se manifiesta... Él nos salva más allá de nuestras decisiones, pero cuando regrese no habrá una salvación sino un juicio... éste es el tiempo del juicio y de la separación del trigo de la cizaña”. Jesús nos redimió y nos salvó de las tinieblas y además nos dio la llave para llegar a Él. “El que me ve a mí, ve al Padre”… (Juan 12, 45). Este fue el pasaje del Evangelio que nos hizo entrar en el corazón del mensaje de esta Santa Navidad.

Hasta el día de hoy habíamos conocido al Cristo como el hijo unigénito de Dios, pero Cristo es el Creador, es el Espíritu Santo. Jesús de Nazaret es Su forma expresiva. “Cristo es la máxima manifestación del Espíritu Santo en nuestro planeta. Cristo es parte del Todo y es el Todo al mismo tiempo. Además es la Virgen, Aredos, Adoniesis... Todo... es el dueño de la vida y de la muerte y de las leyes del universo. La prueba suprema de que Él es el Espíritu Santo es que Él resucitó de entre los muertos”.

Reinaba el silencio. Todos estábamos escuchando, atónitos, con los ojos del espiritu para recibir en lo más profundo estas palabras.

Así supimos que Cristo no es solo el hijo de Dios y una emanación Suya, sino que Él mismo es Dios. El Todo. Omnicreante, Omnisciente y Omnipotente. Es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Dios insita omnibus, presente en todas las cosas que Giordano Bruno llegó a percibir.

No es solo el portador del fuego sino que Él mismo es el fuego. No es solo el arpa que toca la melodía sino que Él mismo es la melodía.

Maravilla. Siento la maravilla de mi alma de niña, que por primera vez descubre la flor más hermosa. La observa admirando sus colores, su perfecta geometría, su perfume. Está allí, manifiesta todo su esplendor armónico y matemático, forma parte del Todo...

Francesca, una de nuestras hermanas, hizo una pregunta que me llamó la atención ya que se refería a si alguna vez lograremos llegar a contener Su revelación y la comprensión del Todo, cómo poder concebir mejor a Poimandres, el pastor de las almas. La respuesta es Cristo. Desconcertante, simple y compleja al mismo tiempo.

Nos ha sido permitido escribirla. Cuántos pensadores, antiguos maestros y filósofos habrían querido hacer esta revelación. Giorgio miró a Francesca y le dijo “tu podrás hacerlo, no ellos”... A nuestros espíritus les ha sido permitido reconocerlo. Es una gracia que tenemos que merecernos día tras día y que nos deja sin palabras.

Una Navidad única en la que nos sentimos unidos por un nuevo conocimiento que tenemos que transformar en virtud, conciencia, obras.

Claro está que entre todos los presentes estaban Gaia y Lorenzo, los recién nacidos de nuestra Arca, se habrán regocijado por la plena comprensión del Espíritu Santo. Si tuviéramos sus ojos seguramente sabríamos distinguir, siempre, la luz de las tinieblas. Nos ha sido dicho “Los niños son Dios”.

Con una enorme gratitud y devoción. Honrada por vivir este tiempo contigo y en tu familia Giorgio. Maestro, hermano, padre, amigo. Cada día del año que empieza tendríamos que merecer esta Navidad, a la espera de Tu Retorno.

Barbara

13 de Enero de 2017

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