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elizagaPor Jean Georges Almendras - 2 de diciembre de 2017

A comienzos de los noventa, sentí que ambos tenían pendiente un encuentro. Un encuentro, para encarar juntos y cara a cara sus posturas opuestas sobre verdades universales y sobre la fe. Un encuentro para definir caminos, o al menos para ponerlos sobre el tapete público. Un encuentro, que se materializó finalmente a mediados de la década del 90, en los estudios de Montecarlo Televisión Canal 4, en la calle Paraguay esquina Freire, en Montevideo, en ocasión de grabarse un inédito programa de televisión – un unitario con perfil de debate titulado “Falso o Verdadero”- en el que participaron varios especialistas y estudiosos en diferentes disciplinas. Fue allí que el sacerdote Julio Elizaga y el estigmatizado Giorgio Bongiovanni se encontraron por primera vez. El programa fue moderado por el periodista Gerardo Sotelo; y Giorgio Bongiovanni y el sacerdote Julio Elizaga fueron las protagonistas del encuentro.

En el Uruguay y a nivel mundial Elizaga se destacó por ser un experto en ecumenismo, docente en Sociología, consultor de la Santa Sede, un carismático pionero y un exorcista oficial de la Iglesia uruguaya; y por 52 años estuvo al frente de la Parroquia de Belén en el barrio Malvón Norte de Montevideo.

Fue un sacerdote mediático por excelencia y poseedor de una reconocida sapiencia en temas relacionados con la fe cristiana y temas esotéricos

Fue entonces, que en aquellos años 90, durante el programa de televisión de Canal 4 “Falso o verdadero”, en el que tuve la oportunidad de participar, como periodista especializado en temas espirituales y como biógrafo de Giorgio Bongiovanni, inexorablemente Elizaga dejó una profunda huella en su interlocutor. Y si bien ambos se manifestaron contrarios y opuestos en sus planteamientos, estrechamente relacionados con la revelación del Tercer Secreto de Fátima, los estigmas, la reencarnación, el retorno del Cristo y la presencia extraterrestre, conformando un árido debate (de un muy alto índice de rating), hubo entre ellos un vínculo que fue mucho más allá de las diferencias teológicas y conceptuales públicamente expresadas.

Modestamente pienso que la dinámica humana y los diseños divinos tuvieron mucho que ver, en ese encuentro y en ese muy respetuoso vínculo, en el que seguramente también se dieron cita energías de una aparente polémica. Entre ambos, se registró una muy sustanciosa vibración, donde las coincidencias en materia de la fe, subrayaron la jornada, principalmente cuando en humildad mutua, mismo en el plató de grabación del programa y al finalizar el mismo, mientras se desarmaba la puesta televisiva y los técnicos se empeñaban en desactivar micrófonos y escenografías, Giorgio pidió ser bendecido por el sacerdote y éste hizo lo propio.

Abstraído de la banalidad televisiva los vi juntos, impartiéndose la bendición y despidiéndose en un abrazo fraterno y cargado de una dosis de fe indescriptible. Una imagen que nunca se me borrara de la mente porque fue la demostración más contundente de una caballerosidad espiritual inédita que se hallaba completamente al margen de la reciente polémica televisiva.

Elizaga y Bongiovanni, de caminos diferentes, ese día demostraban que las controversias sucumben a la luz del amor crístico. Y digo más, se entrelazan; se diluyen y se transforman en una enseñanza.

Personalmente, por el hecho de conocer a Elizaga desde comienzos de los ochenta, esa escena me resultó en extremo significativa y alentadora. Giorgio Bongiovanni lo encontraba por primera vez. Y no fue la última. Veinte años después se encontraron otra vez, también en Montevideo, pero alejados completamente de cámaras de televisión y por fuera de estudios de televisión.

Fue el tres de abril de 2016. Giorgio, acompañado de su familia, lo fue a visitar expresamente a la Parroquia de la calle Zarazoga, en el barrio Malvin Norte de la capital montevideana. Hablaron de temas de actualidad. Hablaron de Dios. Hablaron del mundo. De las violencias. Y de las preocupaciones de los hombres de fe ante el demoledor panorama de esta humanidad y del planeta de los tiempos que corren. Hablaron con la franqueza de dos viejos conocidos, hermanados por amor al Cristo, aún estando en caminos diferentes. Lo que hace de ese encuentro, una verdadera reliquia; un verdadero signo; un muy preciado regalo del Cielo.

Ya entrado en años, el sacerdote Julio Elizaga, se sintió honrado de la visita de Giorgio a su Parroquia, a su casa. Y como en el pasado, al despedirse, ambos se impartieron la sagrada bendición.

Se abrazaron fuertemente. Fue su último encuentro. En horas de la mañana del día viernes 1ero de diciembre el sacerdote Julio Elizaga fallecía en Montevideo, a la edad de 88 años.

El estigmatizado Giorgio Bongiovanni y el sacerdote Julio Elizaga practicaron juntos la tolerancia y fueron una enseñanza. Una enseñanza a la vista de Dios y de los hombres.

Mientras el sacerdote, ya en la Luz, sigue con su camino, Giorgio sigue el suyo, obedeciendo al Padre y anunciando el retorno del Cristo. El Cristo que también conoció Elizaga.

 

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