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OTRA200
Por Erika Pais
Una noche tibia, una tarde con sabor a despedida, con nudos en la garganta, con palabras en el alma, las estrellas que conocen de mis adentros se escondían para que no las mire.

Mis dientes masticaban palabras que quizás nunca más pronunciaré, sentimientos ahogados entre el mar de emociones humanas, divinas, místicas, ciertas y reales.

Y frente a mi humanidad solitaria, en la oscuridad de la sala, me parecía ver delfines danzando sobre las tablas del escenario. Veía ojos, rostros, manos, luces que envolvían seres de una civilización que aún hoy es posible concebir, a pesar de todo.

Escuchaba voces que gritaban sonidos de verdad, melodías de esperanzas, dulces notas disfrazadas de fuertes palabras. Veía el futuro que se expresaba frente a mí. Veía el Hombre Nuevo del que tanto se ha escrito y por el que tantas vidas se han extinguido como estrellas fugaces en el horizonte. Lo veía finalmente cobrando vida, destruyendo Leviatanes y hombres lobos de si mismos y construyendo camino de Justicia. El Hombre Nuevo que promulgaba el Che, que daba forma Gandhi, que soñaba Luther King . El Hombre Nuevo que logrará Amar al prójimo como a si mismo… estaba allí dando sus primeros alaridos como el niño cuando sale del claustro materno, llenando sus pulmones de aire de mar, de perfume de rosas, aliento de eternidad.

Todo tenía sentido en ese mágico momento que veía a estos chicos que entre nerviosos y desfachatados expresaban el lenguaje más universal que el Hombre pudiera conocer: el arte.

Y el arte de estos chicos dibujó frente a mí el camino hacia donde llevar mis pasos, expresó la Sed de Justicia que habita en mi corazón, pronunció en 20 minutos las millones de palabras que se pronuncian durante horas en una conferencia para un público ciego y mudo y sobre todo inerte. El futuro se manifestó frente a mi y me arrastró a un torbellino y pareciera que me hubiera metido dentro del túnel de un huracán, recorrió mi espalda y se metió en mi a través del plexo y proyectándose en una especie de espacio tiempo alternativo vi al Padre. Si. Lo vi.

Lo vi moverse entre las manos que gesticulaban, lo escuché en el grito de dolor pronunciado fuertemente, Lo leí entre las líneas de los textos que acompañaban las escenas. Textos escritos sublimemente. Lo vi vestirse de diferentes colores y con diferentes ropajes y sobre todo Lo vi a través de aquellos ojos profundos, oscuros y que expresando la pureza infinita del amor, cuando te observan te atraviesan el alma y te escrutan el espíritu.

Vi al Padre que como el rocío de la mañana deja caer, una vez más y para siempre, partículas de polvo cósmico que se impregnan en el alma. Lo vi arriba, bien arriba manejando los hilos del destino, acomodando las piezas del ajedrez eterno y presentándo a Su creación Divina para aquellos que quieran y busquen ver.

Lo vi al Padre a través de las lágrimas que caían por nuestros rostros.

Lo sentí en el camino que nos invita a recorrer.

Lo observé desde una platea repleta de muertos en vida que miraban con asombro a la vida que se manifestaba sobre esas tablas. Lo vi al Padre dirigir el gran escenario de nuestras vidas, representado en simples escenas sobre esas humildes tablas que formaban el teatro. Lo vi poner un gran espejo frente nuestro y a medida que los personajes desfilaban me veía en ellos, nos veía a todos.

Lo escuché gritar, lo vi escribir y dirigir el corazón de sus parvulitos.

Ahora creo, porque he tocado, he olido, he besado, he abrazado, he temblado de emoción, he amado.

Ahora creo porque he vivido.

He visto evolucionar esta inmensa Obra lentamente hacia su epílogo, he visto crecer año tras año los frutos de aquel que una vez me invitó a seguirlo. Y todo es tan claro, tan mágico, tan lógico.

¿Qué más podemos pedir?

Necios y ciegos seguimos caminando a tientas llenándonos de falsas luces disfrazadas de información espiritual que no logra hacer caer los pensamientos acartonados y los sentimientos egoístas que nos alejan cada vez más de la Luz.

Pero yo quiero correr a su encuentro, quiero ir más allá, quiero beber de la fuente Divina, quiero matar lo poco que queda de mí y arrojar mi cadáver a los tigres, quiero renacer a través del Servicio a estos jóvenes que esa noche me mostraron La Verdad expresada como solo el Padre puede hacerlo.

Quiero ver la luz del futuro que brilla en sus ojos. No importa nada de nosotros, viejos, soberbios, llenos de miserias y debilidades, no importa morir mañana e irme a la segunda muerte con las manos vacías…

No importa porque yo Lo vi.

Vi al Padre, vi sus ojos, sentí Su Potencia, lo vi encarnar y manifestarse.

Lo vi llegar para esperar a Su Hijo.

Ahora creo, ahora se.

Erika Pais.

14 de diciembre 2017

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