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adriananav200Por Adriana Navarro

Culminando el año 2017, entre hipócritas y auténticos saludos navideños, en un mundo cada vez más  caótico,  en el que sucumbimos casi por inercia, y robóticamente nos vamos hacia la autodestrucción, sea por  hambre,  guerra o  contaminación terrestre, _con la cual hemos conseguido acelerar un cambio climático en los últimos cien años dejando a la Tierra al borde de un descontrol total_, ¿tiene sentido cuestionarnos qué pasaría si la Iglesia diera a conocer hoy por hoy, el texto del tercer Secreto de Fátima revelado hace 100 años a tres sencillos niños?

Algunos hombres tienen una realidad tan terrible delante de sí, no existe diferencia entre lo que viven y cualquier catástrofe que pudiera ocurrir, para ellos todos los días son el fin del mundo. Otros, saben en una forma semiinconsciente que cualquier día podríamos despertarnos en un planeta totalmente destruido, pero su rutina diaria, establecida por este sistema maquiavélicamente perfecto, les impide casi reaccionar, unos porque deben sobrevivir todos los días, y otros porque el miedo y el deber de mantener todo lo que tienen, cuidar sus bienes, les impone tomar medidas materiales (cercar casas, poner alarmas, cuidarse de los robos),  culturales (elegir una carrera, educar para ser más competitivos, discriminar a los grupos sociales que pongan en riesgo sus intereses, dejarse seducir por lo que los medios masivos de la tecnología y la comunicación imponen) y políticas (elegir hombres que prometan “cuidarnos de nuestros miedos”), las que les ocupan todo su tiempo y que van en el mismo sentido que el sistema en el que vivimos, es decir existe un Sistema Reproductivo del Sistema mismo.

El Tercer Secreto de Fátima es una revelación hecha a tres pequeños en el 1917, celosamente apropiada por la Iglesia, y que sólo se conoció en el mundo por una filtración a la prensa, y por la divulgación de algunos pocos valientes, como el contactado Eugenio Siragusa y por el estigmatizado Giorgio Bongiovanni. Sin embargo, sabemos que fue dado a conocer a los jefes de las grandes potencias mundiales, en la década del 60 fecha en la que se percibía la posible ocurrencia de un grave conflicto nuclear mundial.

¿Cuál es la relevancia tan grande de este texto secreto hasta nuestros días?, ¿qué pasaría si la Iglesia, decidiera revelarlo? ¿cambiarían en algo nuestras vidas?

Para responder estas interrogantes solo podremos hacer un ejercicio de imaginación, pues tristemente no tenemos indicios de que la Iglesia, aún viendo que estamos parados en el abismo como humanidad, se apreste a revelarlo.

Tal como está escrito en la versión diplomática que se filtrara a la prensa en los años sesenta,    una inteligencia superior al hombre, _que se revelara como la Virgen a los tres  pequeños videntes en 1917_,  pedía que su mensaje fuese revelado a la humanidad, a toda la humanidad, y en ningún momento confiado por esta Inteligencia a la Iglesia.

Vivimos en un mundo lleno de contradicciones, ¿por qué la Iglesia, no revela el texto, y si como dicen sus representantes no está dispuesta a asumir la veracidad de dicho mensaje trasmitido a sólo tres niños, pues por qué no lo da a conocer, aclarando que no cree en el mismo? No, no lo hace y no lo hará porque sabe que es cierto, muy cierto y no quiere afrontar las consecuencias que se ocasionarían...¿pero quiénes dentro de la Iglesia no quieren revelarlo, y por qué?

Lo que pretendemos aquí es tan sólo un acto de imaginación, en el cual analizar paso a paso cuáles podrían ser las consecuencias, en el mundo, si la Iglesia tuviera el coraje de decir la Verdad sobre el Secreto de Fátima, y como podrían cambiar todas nuestras concepciones, y cosmovisiones, y por ende nuestra manera de comportarnos en la vida, provocando cambios impensados.

Veamos:

Comienza así dicho texto:

“No tengas temor, querida pequeña. Soy la Madre de Dios, que te habla y te pide que hagas público para el mundo entero el presente Mensaje. Haciéndolo encontrarás fuertes resistencias. Escucha bien y pon atención a lo que te digo:

Los hombres deben corregirse. Con humildes súplicas, deben pedir perdón por los pecados cometidos y que pudiesen cometer. Tu deseas que Yo te de una señal para que cada uno acepte Mis palabras que, por tu intermedio, digo al género humano. Has visto el prodigio del Sol y todos, creyentes, incrédulos, campesinos, ciudadanos, sabios, periodistas, laicos, sacerdotes, todos  lo han visto....”

Es decir, la inteligencia que se manifiesta en este Mensaje  resalta varias veces que el mismo se haga público al mundo entero, a pesar de que existan fuertes resistencias. También cuando hace referencia al Prodigio del Sol, se refuerza el hecho de que el mismo fue para todos, “creyentes, incrédulos, ...”.

Ahora preguntémonos: ¿qué hubiera pasado si la Iglesia hubiese revelado...?

Los hombres, todos los hombres tendrían la prueba de que existen fenómenos inexplicables para nuestro  grado de avance científico, pues aún en el caso que no sean creyentes,  el hecho de que una Institución como la Iglesia admita la veracidad de este texto, y hable al mundo de la forma en que fue recibido,_haciendo hincapié en los fenómenos inexplicables que acompañaron la serie de apariciones_,  sería una prueba aún hasta para los ateos, y nos pondría a pensar más humildemente con relación al planeta, y a muchas otras cosas.

Recién hoy por hoy, podríamos ofrecer algunas respuestas al Prodigio del Sol, inimitable por la ciencia humana, y que sólo podemos explicar si recurrimos a otras evidencias que muestran que hemos sido visitados por milenios por otras inteligencias también superiores al hombre.

Aunque quizás no todos aceptaran la idea de que el Prodigio del Sol pudo ser producto de la manifestación de inteligencia extraterrestre, es decir civilizaciones que provienen de otros lugares del cosmos, al menos se discutiría abiertamente esta posibilidad, y comenzaríamos a ridiculizar menos a quienes tratan estos temas, y a tener una actitud mental más abierta, más cósmica. El hombre se colocaría en una relación más humilde frente a lo que no conoce y no domina, y estaría en condición de reconocer que tanto la inteligencia que habló a estos niños _que se identifico como la Madre de Dios_, como quienes produjeron el prodigio, están científicamente mucho más adelante que nosotros, y también espiritualmente, que como veremos, se desprende de todo el texto.

Cuando se cambia la base del conocimiento de una cultura, los paradigmas cambian, y comienza a cambiar una cosmovisión determinada, lo cual nos permite posicionarnos en otra forma aún en el día a día, y en definitiva cambiar nuestro cúmulo de acciones como sociedad, pudiendo obtener distintos resultados. ¿Acaso alguien teme este cambio? ¿A quienes podría afectar negativamente?

No de menor importancia es que este ser,  _la Madre de Dios_, amonesta a la humanidad entera y dice que debemos arrepentirnos, hacer humildes súplicas. Si vamos un poco más allá del sentido religioso, y ahondamos en qué significa arrepentirse, y qué efectos pueden provocar las humildes súplicas podemos encontrar respuestas interesantes.

Arrepentirse significa darse cuenta de que se está obrando mal, y por tanto significa una toma de conciencia, a lo que se agrega una herramienta, la súplica, que puede interpretarse como una comunicación, un pedido de ayuda.

Medianamente, hasta una madre humana sabe que para que sus hijos crezcan debe dejarlos “solos” a veces y estar dispuesta a auxiliarlos en caso de necesidad. De la misma manera podrían obrar inteligencias superiores al hombre que lo tutelan pero no interfieren a menos que él lo pida _libre albedrío_. Meditar en estas cosas también nos haría cambiar nuestra cosmovisión, que en cierta medida sigue siendo como en la Edad Media, el hombre, máxima inteligencia de toda la creación, soberbio, colocado en el centro de la existencia; o, de acuerdo a las nuevas leyes impartidas por la tecnología, el hombre que solo ve recursos económicos, mire por donde mire. Para nada nos sentimos integrados, interrelacionados, o mucho menos parte de nuestro planeta, para nada somos capaces de sentir el mismo como un Ser vivo, como sí lo sienten muchos pueblos antiguos, que han conservado sus cosmovisiones, y que se comportan en una manera muy diferente en su accionar con respecto al planeta, no se comportan como depredadores, sino como hijos de la Tierra.

El conflicto que se ha puesto muy manifiesto entre el gobierno argentino y las comunidades mapuches (también en Chile), a raíz de la desaparición forzada de un joven blanco Santiago Maldonado, que pretendió apoyar la causa de estas comunidades, es lamentablemente una muestra de este tipo de conflictos que surgen no porque estos pueblos quieren vivir en una tierra determinada, y la quieren como su propiedad, sino que verdaderamente ellos luchan por el derecho de vivir de acuerdo a su cosmovisión, que no es desconectada de la tierra. Ellos conciben la Tierra como un ser vivo y espiritual, y esto no es despegado de su accionar cotidiano. Para vivir su cosmovisión deben hacerlo en un territorio, bajo sus paradigmas, y entre otras cosas no conciben la forma depredadora de producción del hombre “moderno”.

A su vez si la Iglesia fuera más abierta, podría ofrecer la posibilidad al mundo de conocer lo que explica Giorgio Bongiovanni, un estigmatizado de nuestros días, laico, que en forma muy simple nos dice que existen inteligencias superiores a la nuestra, al servicio de otras inteligencias aún más superiores, que podemos llamar Inteligencias Crísticas. En otras palabras que hay civilizaciones en otros planetas que conocieron y aceptaron a Cristo, (su filosofía, su enseñanza, su mensaje) y por tanto han podido evolucionar mucho más rápidamente que nosotros, generando una cultura de paz, mucho más avanzada tecnológica y espiritualmente. Esta es una interpretación lógica y simple del Mensaje de Fátima pero que generaría enormes cambios en nuestra forma de pensar.

Continuemos con la lectura del texto y nuestro ejercicio de imaginación:

... “Y ahora proclama en Mi Nombre:

Un gran castigo caerá sobre el género humano entero, no hoy, ni mañana, sino en la segunda mitad del Siglo XX. Ya se lo había revelado a los niños Melania Y Maximino, en “La Salette”, y hoy te lo repito a ti porque el género humano ha pecado y pisoteado el presente que le otorgara. En ninguna parte del mundo hay orden y Satanás reina sobre los más altos puestos determinando el andar de las cosas. Él, efectivamente, logrará introducirse hasta la cúspide de la Iglesia; tratará de seducir a los espíritus de los grandes científicos que inventan las armas, con las cuales será posible destruir en pocos minutos gran parte de la humanidad. Tendrá en su poder a los Poderosos que gobiernan a los pueblos y los instará a fabricar una enorme cantidad de éstas armas...”

Aquí, primero se anuncia parte de la consecuencia de no atender el pedido de la Virgen, que en definitiva no es más que no tomar conciencia como humanidad del peligro que significamos no sólo para la supervivencia de las distintas especies planetarias, sino para nosotros mismos. Hay por tanto una profecía, un relato de lo que nos sucederá de seguir por el camino en que nos encontrábamos en 1960, momento en que debía ser revelado el secreto.

Imaginemos que en ese año la Iglesia hubiese hablado, ... por tanto quedarían delatados frente al mundo la existencia de hombres muy poderosos, que se encuentran en la cúspide de la Iglesia, y que persiguen fines anticrísticos; de otros que intentan dominar las mentes de los científicos para inventar las armas, y de políticos y gobernantes del mundo que quieren hacer la guerra, y se pondría en evidencia entonces que ninguna guerra se hace por justicia, o por libertad, o por luchar contra el terrorismo _en términos actuales_, sino sólo persiguiendo la destrucción y muerte de muchos millones de vidas, y también la destrucción del alma de las personas, hasta de las mismas que proponen estas guerras.

Viendo lo que está sucediendo al día de hoy, es un dato científico que la Tierra no puede regenerarse a la velocidad necesaria para que siete mil millones de habitantes tengan un status de vida como lo tienen los “países desarrollados” (Europa, EEUU), por tanto hay personas que piensan en matar, hacer guerras, para eliminar muchos millones de seres humanos. Estas personas que conciben planes tan macabros han perdido su alma, su posibilidad evolutiva, son como animales asustados y acorralados.

Si los pueblos del mundo hubieran percibido estas cosas, podrían haberse unido para exigir la paz, el desarme nuclear y quizás hasta las dictaduras en América Latina y otras en todo el mundo se hubieran evitado, si los hombres tomaban conciencia de que había que “cambiar la pisada”, para evitar ese castigo que se cierne sobre todos los habitantes del planeta.

Quizás no nos dividiríamos inútilmente y no hubieran ocurrido guerras y divisiones entre marxistas y cristianos. Si tuviésemos la humildad de reconocer que cuando usamos la religión para someter a los pueblos es verdad que ésta se transforma “en el opio de los pueblos”; pero cuando se constata la existencia de seres crísticos que nos han trasmitido una enseñanza con la cual podemos comprender que si somos todos hermanos no deben existir oprimidos ni opresores, entonces no será necesaria la guerra del proletariado para aplastar a los capitalistas.

De hecho, en América Latina, personajes como Camilo Torres Restrepo quisieron unir a marxistas y cristianos, en el entendido de que tenían ideales similares. Reconocido como el primer sacerdote que logró combinar la Biblia y el marxismo, en defensa de los sectores populares, en el 60 llamó a los marxistas y les preguntó ¿por qué luchaban los revolucionarios? Luego les dijo que si dudaban de Cristo, pues no había que discutir por ello, porque los problemas de la pobreza los generaban los opresores. Y luego preguntó ¿por qué deben luchar los cristianos?,  convirtiéndose así en un peligro para quienes no querían esta unión.

Por otro lado, si nuestros hijos y jóvenes se sintieran felices interiormente, porque pueden encontrar libremente su lugar en la sociedad, sin tener que responder con su formación a los intereses de las multinacionales o al Banco Mundial o al PNUD que determina los planes educativos en los distintos países, y porque podrían desarrollar un conocimiento más cósmico, más del siglo XXI y sus conversaciones no giraran entorno a desear una par de championes, o algún programa estúpído de televisión que les corroe la mente, o a los inmensos problemas que viven sus padres, consecuencia de la falta de trabajo, o remuneraciones miserables que sólo generan tensión familiar y social, y si nosotros supiéramos  que pueden pisar las calles sin riesgos, y no tuviésemos que coartarles la natural expansión que ellos buscan,  entonces el gran negocio del narcotráfico desaparecería, simplemente porque ningún joven necesitaría evadir su existencia a través de la droga.

El tercer secreto continúa:

“...Y si la humanidad no se opusiese, estaré obligada a dejar libre el brazo de Mi Hijo. Entonces vendrá el día en que Dios castigará a los hombres con tal severidad, como no lo hiciera con el diluvio.

Vendrá el tiempo de todos los tiempos y el fin de todos los fines si la humanidad no se convierte, y si todo quedase como hasta ahora, o peor, agravándose mayormente,....”

Esta parte del Tercer Secreto es muy importante pues establece una condición a la profecía: si el hombre no se arrepiente, no se convierte.

De nuevo preguntémonos: ¿qué hubiera pasado, si la humanidad tomaba conciencia de la importancia de sus acciones?

Continuando nuestro acto imaginario si esto se hubiera discutido no sólo en las iglesias, sino en las organizaciones sociales, en los medios de comunicación, en las escuelas y liceos, entonces cada persona podría ser conciente de que debía exigir, y comportarse en tal forma de que los gobernantes no se arrojaran _fundados en el derecho de representación-, gobernar tomando decisiones por cuenta propia, apartándose de todas las necesidades sociales que permitirían construir una sociedad mejor.

Nos preguntaríamos, ¿a quién se hace alusión en el mensaje de Fátima cuando se dice “Mi Hijo”? Y entonces la figura de Cristo saldría de las iglesias y no necesitaríamos religiones para saber de la existencia de un Ser tan maravilloso y poderoso, con capacidad espiritual para juzgar a la humanidad, para poner un coto a nuestro desborde, a nuestra arrogancia, y a nuestros crímenes.

Por otro lado esta inteligencia que se revela a través de tres niños, y que se autodenomina la Virgen, por el hecho de nombrarse así, nos remite a un código ético, a un código de valores positivos, que son los valores crísticos, las enseñanzas de ese Ser que algunos no creen que haya existido, y otros no lo consideran como el mesías o el salvador de la humanidad.

Sin embargo al remitirnos a su palabra “ama a tu prójimo como a ti mismo”, tenemos la clave para distinguir lo que nos puede salvar de este estado de autodestrucción inminente en el que nos encontramos. ¿Esto tampoco lo quiere la Iglesia que no revela este Secreto? ¿Qué intereses poderosos la condicionan?

Podríamos, si tuviésemos conocimiento de todo esto, incluso que estas enseñanzas se convirtieran en la guía para la educación de nuestros hijos, y entonces nadie podría pensar ni siquiera en una guerra, ni justificar ningún acto de intervención en otro país usando la fuerza, ni se pensaría en fabricar ningún arma de ninguna clase, pues sabríamos que inteligencias superiores al hombre no se conducen con violencia, que nos tutelan y que el único camino para la paz es la paz. Entonces tantas intervenciones violentas en nombre de la paz, y de la lucha contra el terrorismo, (Siria, Libia, sólo para nombrar algunas), quedarían solo como el recuerdo una ridícula y pasada historia humana.

Ningún joven creería que ninguna guerra puede solucionar algo, y no apoyaría con su voto a nadie que hable guerras, o de fabricar armas, o de combatir a alguien. Ningún joven educado con estos valores querría formar parte de un ejército, ni siquiera formar parte de un cuerpo policial. Tampoco nadie querría que su prójimo padeciese hambre, o miseria, y tampoco existiría la desconfianza en el otro, por lo cual ya no sería necesario ni siquiera el dinero en pocas generaciones....Todos brindaríamos lo mejor de nosotros a nuestra sociedad, para que todos tengamos lo necesario, sin pensar siquiera si el otro hace o no lo mismo. No habría producción ni en demasía ni de menos, se produciría solo lo necesario, pues ya no se produciría para alimentar los grandes mercados mundiales, a las grandes empresas  multinacionales, y como no habría que acumular dinero, tampoco serían necesarios los bancos.

Quizás a este punto, algunos lectores pensarán que todo es pura utopía y que no es posible creer en el otro, y sólo para fundamentar nuestro acto imaginario comentaremos cómo se comportaban los charrúas, _pueblo originario de tierras uruguayas, del cual sólo hubo algunos sobrevivientes, que mezclaron su sangre con los pueblos conquistadores, pues el primer presidente uruguayo cometió sobre ellos un genocidio y una traición_. Frente al holgazán, lo cual era raro, pero si ocurría, esa persona debía cargar con el repudio de la comunidad, no le negaban su alimento diario, a pesar que no contribuyera en la recolección, por ejemplo, sino solamente le hacían sentir su error, dejándolo de lado. Así también, la palabra dada tenía un enorme valor, se confiaba en la palabra, no había necesidad de firmar. Aún hasta nuestros días, algunas personas, siguen manteniendo este valor en nuestro pueblo: “Te doy mi palabra”.

Volviendo al punto, como no habría tantos trabajos innecesarios, bancarios, trabajadores de los distintos ministerios, y otros organismos administradores, podríamos invertir más horas hombre en la producción de alimentos, que a la vez serían menos horas trabajo por persona, pues muchos más podríamos dedicarnos así, y por tanto, cultivaríamos alimentos más sanos, sin herbicidas y pesticidas, sin venenos que nos maten de cáncer, y estaríamos más sanos y por tanto enfermaríamos menos.

Ya no tendríamos que estudiar materias como derecho, economía, u otras, y podríamos invertir más horas en el estudio de cómo alimentarnos saludablemente, en estudios de medicina preventiva natural, en pedagogía y psicología para conservar un estado psíquico saludable, en verdad descubriríamos que estos estudios tienen mucho que ver con el estudio del espíritu.

Si no necesitamos la energía nuclear para las armas entonces nos centraríamos en energías alternativas, como la energía solar, dejaríamos atrás la energía del petróleo, _las petroleras ya no podrían imponernos sus industrias contaminantes, y riesgosas, cada vez más, en la medida que el petróleo se acaba y las maneras de extraerlo se vuelven cada vez más perversas y arriesgadas_. Al no perseguir el lucro las tecnologías serían compartidas para todos, y el verdadero fin sería el bienestar humano, _físico, psíquico_ vehículos adelantados, para todos, nuevas tecnologías que realmente todos utilizáramos y no sólo quienes pueden acceder a las mismas.

¿Cómo podemos concebir, y creer que alberga alguna posibilidad de desarrollo una sociedad que oscila entre inventar una casa equipada con una computadora que nos dice hasta qué elementos faltan en el refrigerador, mientras que hay niños, que ni siquiera acceden a un vaso de agua potable por día? ¿En qué carajo están pensando aquéllos que hacen esos inventos? Son inventos egoístas, y por tanto primitivos y absurdos.

Sigamos adelante nuestra lectura del tercer secreto...

“...los grandes y los poderosos perecerán junto a los chicos y a los débiles. También para la Iglesia vendrá el tiempo de su más grande prueba: Cardenales se opondrán a Cardenales; Obispos a Obispos; Satanás caminará en medio de sus filas y en Roma habrá cambios: Lo que está podrido caerá y lo que caerá nunca se levantará. La Iglesia será ofuscada y el mundo envuelto por el terror. Tiempo vendrá que ningún Rey, Emperador, Cardenal u obispo esperará a Aquél que vendrá, pero para castigar según los designios de Mi Padre.

Una gran guerra se desencadenará en la segunda mitad del siglo XX. Fuego y humo caerán del cielo, las aguas de los océanos se convertirán en vapor y la espuma se alzará desordenando, y todo se hundirá. Millones y millones de hombres perecerán de hora en hora, y aquellos que queden con vida envidiarán a los muertos. Por todas las partes a las que se vuelva la mirada, habrá angustia, miseria, ruinas en todos los países.¿Ves? El tiempo se avecina cada vez más y el abismo se alarga sin esperanza. Los buenos perecerán junto a los malos, los grandes con los chicos, los Príncipes de la Iglesia con sus fieles y los reyes con sus pueblos.

Habrá muerte por todas partes a causa de los errores cometidos por los insensatos y por los partidarios de Satanás, el que entonces, y solo entonces, reinará sobre el mundo...”

Lo que antecede es la descripción terrorífica de lo que le espera al hombre de no modificar su conducta a nivel planetario, y describe otras cosas como la caída de la Iglesia, todas cosas que hoy por hoy podemos sin un gran poder imaginativo empezar a vislumbrar. (Renuncia de un Papa, denuncia creciente de curas pedófilos, implicaciones de la Iglesia en negocios financieros ilícitos, etc.).

Pero si los hombres supieran que realmente ocurrió en Fátima un gran aviso a la humanidad, si realmente lo supieran no se dedicarían a mirar películas sobre el Apocalipsis, como meras películas de ciencia ficción, sino que se sabrían en verdad viviendo el Apocalipsis, cosa que hoy por hoy sólo pueden saber aquéllos que han leído los evangelios. Además la humanidad podría tener otra visión sobre Cristo, no como una figura siempre misericordiosa, que nos perdona cualquier pecado, cualquier crimen con un simple rezo, sino que la Virgen muestra aquí otra cara de ese ser que nos mostró la llave enorme que es el Amor en el camino de la evolución, pero que hoy por hoy vendrá a mostrar otra llave implacable para la evolución que es la Justicia.

( “Tiempo vendrá que ningún Rey, Emperador, Cardenal u obispo esperará a Aquél que vendrá, pero para castigar según los designios de Mi Padre.”)

A la luz de los acontecimientos mundiales, podemos comprender otra cara de esa inteligencia superior que nos contiene, a quien llamamos Dios, que es la cara de la Justicia, que no es la venganza, sino la ley de causa-efecto manifestadas. Estas cosas sobre las cuales las personas no reflexionan habitualmente serían tratadas y comprendidas por todos los hombres si tan solo la Iglesia hubiese querido revelar la Verdad, y si estas cosas se discutieran en la clase de filosofía por parte de niños y jóvenes.

Muchas preguntas podrían hacerse los jóvenes y en general todas las personas, ¿Quién es Satanás? ¿Qué busca? ¿Hasta cuándo reinará? ¿Por qué los ricos perecerán junto a los pobres, los buenos junto a los malos, los chicos junto a los  grandes? ¿Será que todos estos son términos relativos, con los cuales el hombre se autodiscrimina, separándose inútilmente, para luego armar guerras y justificar todo tipo de egoísmos? ¿Cuánto podríamos aprender de nuestros niños y jóvenes si fuésemos francos con ellos? ¿Será que todos somos responsables frente al desastre que tenemos por delante, y que nos comportamos con total indiferencia? ¿Será que debemos ver destruido todo ante nuestros ojos para convencernos de que somos los causantes y los culpables, y de que sólo cambiando nuestros pensamientos y comportamientos y sentimientos frente a otros hombres podemos cambiar este triste final?

Como decíamos antes, hay muchos millones de hombres que ya viven el terror hoy por hoy en el mundo, pero como hay muchos otros que sólo lo vemos por TV o Internet, y muchas veces por casualidad, mientras buscamos sólo entretenimiento, actuamos como si todo ocurriera en otro planeta, al que no podemos llegar y por lo tanto nada podríamos hacer. No pensamos que la realidad que vive Siria desde hace años, atacada sin sentido por los ejércitos aliados de EEUU, hipócritamente en nombre de la paz, han venido convirtiendo un pueblo rico, en hombres despojados de todo, que huyen como animales heridos en medio de un incendio. Esto para nombrar sólo un ejemplo, de que lo que vemos lejos puede ser nuestro escenario al despertar mañana en la mañana, y no tomamos conciencia, y no cambiamos nada.

Pero podría ser diferente, si supiéramos que alguien nos relata nuestro final, y si las televisiones del mundo concientes del peligro facilitaran programas para tomar conciencia rápidamente de las consecuencias de la guerra nuclear, y de cualquier guerra; de la rápida contaminación planetaria que estamos ocasionando, produciendo un cambio climático que terminará dando paso a que las fuerzas de la naturaleza nos marquen el límite y nos pongan de cara frente a la realidad que no queremos ver.

...“Al final, cuando aquellos que sobrevivan a cada evento queden aún con vida, proclamarán nuevamente a Dios y a Su Gloria, y lo servirán como en otro tiempo, cuando el mundo no era así de pervertido. Ve, mi pequeña, y proclámalo. Yo a tal fin estaré siempre a tu lado para ayudarte”.

Tristemente hoy por hoy, año 2017, a cien años del aviso de Fátima, pareciera ser que sólo las fuerzas de la naturaleza, lograrán poner la hombre de rodillas, y volverlo humilde frente a todas las cosas que no conoce, más admirador del planeta, más agradecido con la creación, más solidario con sus hermanos y con las especies que comparten el planeta con él.

Estos hombres, los que “sobrevivan a cada evento”, podrán valorar las consecuencias nefastas que ocasiona una humanidad sin conciencia y con una tecnología destructiva, que se impone a la inteligencia humana; así como el hecho de que sólo es posible una cultura de paz cuando consideramos al otro verdaderamente una igual a nosotros, y somos incapaces de concebir hacerle ningún daño, en definitiva cuando podemos dar cabal cumplimiento a una frase que se nos ha inculcado sólo como una frase religiosa, y casi tonta:  “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Al final el hombre volverá la mirada respetuosa, hacia esas fuerzas mucho más inteligentes y sabias, que han tratado de protegerlo de si mismo durante milenios. Al final el hombre volverá su mirada a Dios, y proclamará “Su Gloria”, porque al fin quitará el velo de sus ojos, y descubrirá que siempre ha estado sumergido en Dios.

Con la esperanza en  Cristo,

Adriana Navarro.

Montevideo, 24 de diciembre de 2017.

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