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juan alberto2011Por Juan Alberto Rambaldo
Acerca del libro “El estigmatizado Giorgio Bongiovanni y su profetismo”,
del teólogo jesuita Carlo Colonna.
“Ladran Sancho, señal que cabalgamos”
Miguel de Cervantes Saavedra
(El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha)

Ab initio, quiero resaltar que no soy imparcial, lo que no quiere decir que no sea objetivo.
Digo que no soy imparcial por cuanto amo profundamente a Giorgio Bongiovanni, a quien considero un hermano, un amigo y un maestro. Pero también digo que soy objetivo, porque esos sentimientos que expreso no surgieron de la nada, sino que se forjaron a través de la observación de su conducta vital, de su entrega sin descanso a un proyecto universal de Paz, de Amor y de Justicia. Proyecto abarcativo de todos aquellos hombres y mujeres que sientan arder en su corazón la esperanza de un mundo donde reinen la libertad en la igualdad y el amor en la justicia, sin que importe cuál es su extracción social, su identidad religiosa o su formación ideológica.
Es que -como nos lo enseñara el Maestro de maestros- “No es el que me dice ¡Señor! ¡Señor! el que entrará en el reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre del Cielo” (Mateo: 7-21).
El señor teólogo Colonna lanza toda una serie de acusaciones -con poco o nada de fundamento- contra Giorgio Bongiovanni; pero estoy absolutamente seguro que él no es más que la figura visible y que su libro es la expresión de una decisión tomada en ámbitos que están más allá de su persona.
Podría comprender que los actuales portadores de la misma ignorancia que acusó a Galileo Galilei y quemó en la hoguera a Giordano Bruno se espanten ante una cosmovisión que los excede en su capacidad de comprensión. Pero pasaron muchos años de historia y tanto Galileo como Giordano Bruno debieron ser reivindicados por la institución eclesiástica, y si bien el oscurantismo persiste, su fuente ya no es la ignorancia sino algo mucho peor...
Hace años que Giorgio Bongiovanni viene vinculando las diversas escrituras sagradas de los distintos pueblos de la tierra, reconociendo la presencia de diversos enviados cósmicos llegados en diferentes etapas de la historia de la humanidad, rescatando lo que es una unidad conceptual en la formación de la conciencia de la humanidad y engarzando todo ello con la presencia extraterrestre (“Los ángeles de antigua memoria”, dijera Eugenio Siragusa).
Esto lo sabían las autoridades vaticanas, pero hasta este momento se habían mantenido calladas.
¿Por qué, entonces, manifiestan ahora su crítica, que más que crítica es una manifestación de ira?
No creo en las casualidades, menos aún cuando esto ocurre en el momento en que Giorgio denuncia (y a la vez recoge las denuncias de otras fuentes) sobre los escándalos éticos, morales, económicos y financieros del Vaticano (pedofilia, contubernios con los dictadores del mundo, lavado de dinero, vínculos con las logias masónicas, etc.).
Esto me recuerda lo que expresara el Maestro Jesús a los mercaderes del templo: “Dios dice en la Escritura: Mi casa será llamada Casa de Oración. Pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones” (Mateo: 21-13).
Tampoco es casualidad que esto suceda cuando Giorgio Bongiovanni -cual moderno precursor- decidió cargar sobre sus espaldas la enorme tarea de anunciar a los cuatro vientos la segunda venida del Cristo, con la expresa referencia a que éste es el tiempo de Su retorno con total Potencia y Gloria.
Pero sigamos con las preguntas.
¿Por qué se está tratando de descalificar la actividad antimafia que realiza Giorgio Bongiovanni, bajo la dogmática acusación de que lo hace para ocultar su naturaleza anticrística?
Respondo con otros interrogantes:
¿Buscando descalificar a Giorgio, no se está también descalificando su trabajo y por ende colocando un manto de duda sobre sus acusaciones a las instituciones mafiosas y sus vínculos con la política?
¿No sería posible, acaso, que mediante este sofisma argumental se estuviera tratando de amparar elípticamente a la mafia?
Nada de esto parece descabellado.
Sr. Teólogo Colonna, quiero creer en su honestidad y por ello traigo a colación las palabras del Maestro: “¿Por qué ves la pelusa en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo?” (Mateo: 7-3), sáquese el velo de sus ojos, obsérvese y observe a su alrededor.
El Armaghedón está en curso. Llegó la hora de alinearse en las filas de los que claman justicia o -de lo contrario- en la de los perversos; los que producen las armas y financian las guerras; los que medran con el sufrimiento, el hambre y la desculturalización -en realidad, la deshumanización- de los seres de este mundo.
Recuerdo cuando en una oportunidad Giorgio dijo: “Estamos en guerra. En guerra por las almas. Debemos ser pescadores de almas… abrir conciencias…”. Estas son sus enseñanzas y -más allá de sus estigmas- su vida es el ejemplo que las nutre.
Sr. Teólogo Colonna, recuerde las palabras del Maestro: “Por sus obras los conoceréis” (Mateo 7-16; Lucas 6-45). Usted decide.

Dr. Juan Alberto Rambaldo
Juez de la República Argentina
8 de junio 2012




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