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flavio3 100Por Flavio Ciucani

La Navidad es una fiesta cuya calidez se siente desde muchos días antes. Claramente hoy, para quienes tienen una edad avanzada, es diferente o, por lo menos, tiene una menor motivación espiritual en cuanto a lo que representa la Navidad. En las casas se decora el árbol y, en algunas, se sigue armando el pesebre. Hay que considerar que el pesebre es típico de la tradición popular italiana y recuerda la Navidad de 1223, cuando el señor feudal de Greggio organizó en honor a Francisco de Asís, quien estaba muy enfermo, casi ciego y cansado, un pesebre viviente. Mientras las canciones, los ritos religiosos, las madres y los niños recuerdan el nacimiento de Jesús, que se hizo hombre entre los hombres. Él, que estaba en el Cielo a la derecha de Dios Padre, hay muchos eminentes prelados, doctores de la enseñanza de las cosas sagradas, los “sacra docens”, los sacerdotes, que presiden los grandes rituales natalicios, que ponen en duda la existencia de Jesús y la divinidad de Cristo.

flavio1Ya la gran crisis espiritual de nuestra época ha forjado una Navidad constituida por luces brillantes, mesas abundantemente servidas, paquetes de regalo, escenas de bienestar, imágenes de belleza, todo condimentado con una melosa pátina de bondad. A decir verdad todo esto responde a una tendencia que lleva muchos años, importada sobre todo de los Países liberales luteranos y anglosajones. Naturalmente el deslumbre materialista y el destello del bienestar desvanecen y hacen desaparecer las imágenes de la guerra, de la violencia, del suplicio de los niños, de los hombres y mujeres que padecen los efectos de las bombas y de las explosiones de las bombas, por un par de meses desaparece el hambre, la contaminación, los abusos, las injusticias. En este período aparecen las publicidades para juntar fondos para los niños enfermos, heridos, hambrientos, que apuntan a hacernos sentir los primeros responsables de las causas de la indigencia, mientras se sigue comerciando con la muerte a través de la venta de armas y de droga y nadie destaca cuáles son las principales causas del estado de esos niños.

En esta atmósfera, que si la miramos bien no tiene nada de navideño, aparecieron cuatro Cardenales que le escribieron al Papa Francisco y le plantearon que en algunos pasajes de la encíclica Amoris Laetitia hay algunas afirmaciones que provocan serias dudas sobre la conformidad con la fe y con la doctrina católica. Del Vaticano no llegó ninguna respuesta. En el Boletín de prensa de la Santa Sede del 9 de Octubre de 2016 se lee la siguiente frase: “Durante el Angelus de hoy el Santo Padre Francisco anuncia un Consistorio para la creación de nuevos Cardenales”. El Consistorio para elegir nuevos Cardenales es la oportunidad tradicional para que todos los Cardenales, que pueden, se dirijan a Roma para otorgarle solemnidad al evento y para darle la bienvenida a los recién elegidos, también es el momento en el que el Papa se reune con todos los Cardenales para agasajar juntos a los nuevos purpurados y para hablar de los futuros acontecimientos que tendrá que afrontar la Iglesia.

El 19 de Noviembre, ante la gran mayoría del cuerpo cardinalicio, habría sido la oportunidad ideal para responder a las dudas de los cuatro Cardenales. El Papa Francisco, al término de la ceremonia, hizo subir a los nuevos Cardenales a dos camionetas y los llevó al Monasterio Mater Ecclesiae para ir a visitar al Papa emérito Benedicto XVI, con esa acción anuló de hecho la reunión con todos los participantes. La pregunta que hoy en día se hacen los observadores es: ¿por qué el Papa no responde a esas dudas que son verdaderas acusaciones, aunque sea veladamente, de herejía? Nosotros, que no somos observadores sino simples cristianos, que queremos entender lo que ocurre en las altas esferas de la Iglesia de Roma, nos preguntamos ¿quién está al lado de Bergoglio tutelando la fe y la tradición apostólica?

Todo parece estar en calma, todo sigue según las costumbres milenarias, pero detrás de esta imagen con la que la Iglesia se presenta al gran público, se abren puertas que dejan entrever algunas sombras que provocan otras serias dudas. Es sabido que el Papa Francisco ha intensificado las reuniones con las demás iglesias cristianas, con las que intenta emprender una unificación. Para algunos la falta de respuesta del Pontífice a las dudas parece tener el sabor de un intento de rendición, o una señal que la Iglesia católica está dispuesta a aceptar algún tipo de pacto. Este miedo no aparenta ser simplemente una elucubración si consideramos cuáles son los personajes que están al mando de la “delegación” que estudia, promueve y participa en las reuniones de las iglesias cristianas. El Vaticano cuenta con un dicasterio (es decir un ministerio), cuya función es la de promover el diálogo y la colaboración con las demás iglesias cristianas, denominado Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, creado por Juan XXIII en 1960. El dicasterio fue ratificado en 1966 por Pablo VI, y fue definitivamente confirmado con la definición y la función actuales por Juan Pablo II. Este ministerio tuvo un gran avance durante la presidencia del Cardenal Walter Kasper (foto) entre 2001 y 2010. En 2010 pasó a ser Presidente honorario. Kasper nació en 1933 en Alemania, estudió filosofía en la Universidad de Tubinga y en la Universidad de Múnich. Obtuvo su doctorado en la Eberhard-Karls-Universität de Tubinga, en la Facultad de Teología en la que comenzó a enseñar, en 1961, junto al teólogo Hans Küng. El mismo Küng convocó a Joseph Ratzinger para dar clases cuando Kasper ya estaba dejando la presidencia de esa Universidad.
Para comprender mejor quién es el Cardenal Kasper es fundamental saber cuáles son sus ideas sobre la Unidad de los cristianos. Es extraño, aunque no tanto, que el pensamiento del Cardenal se encuentra resumido en su libro “Martín Lutero. Una perspectiva ecuménica”. El Lutero de Kasper es un personaje magnético que “se ha convertido en un Padre de la Iglesia común a ambas confesiones, a la católica y a la evangélica... La invitación a la penitencia de Lutero no fue escuchada por la Roma de su tiempo y ni siquiera por los Obispos: en lugar de reaccionar con arrepentimiento y con las reformas necesarias, respondió con la polémica y la condena. Roma tiene una parte de la culpa – una gran parte – de que la Reforma de la Iglesia se convirtiera en realidad en una Reforma que dividió la Iglesia”. ¡Por lo tanto lo que hizo Lutero era algo obligado! A este propósito da un ejemplo que representa claramente lo contrario del comportamiento de Lutero: el agustino alemán “seguía la antigua tradición de los renovadores católicos que lo habían precedido. Si pensamos sobre todo en Francisco de Asís quien con sus hermanos quiso vivir simplemente el Evangelio y predicarlo de esa forma. Hoy se hablaría de una nueva evangelización”. Ante todo hay que hacer una consideración: ¡Francisco nunca se planteó como alternativa a la Iglesia, sino como verdadero reformador que seguía el mensaje original de Jesús! Él con su propia vida puso en práctica lo que predicaba, sin pretender estar por encima del Pontífice y jamás se permitió llamarlo “la encarnación del anticristo”. Por lo tanto ¿qué es entonces el ecumenismo de Kasper? “Por ecumenismo se entiende todo el globo terráqueo habitado, es decir, universalidad en lugar de particularidad. También se puede decir: a diferencia del catolicismo y del protestantismo, limitados en su aspecto confesional, ecumenismo significa redescubrir la catolicidad original, que no se limita a un punto de vista confesional”. Además afirma: “Es decir que en el ecumenismo cristiano está en juego la unidad de la Iglesia, al servicio de la unión y de la paz en el mundo. Se trata de un humanismo universal basado en Jesús Cristo como nuevo y último Adán”.

Según el Cardenal alemán “el aspecto confesional” limita al ecumenismo y no corresponde a la catolicidad original. Desde los primordios del movimiento, nacido de la prédica de Jesús, las diferentes comunidades cristianas (iglesias) han buscado puntos en común para reconocerse como una sola cosa, como seguidores de Cristo. Han tenido que pasar muchos años, discusiones y varios concilios para establecer cuál era el “credo” común en el que confluir y a través del cual sentirse seguros de estar siguiendo las enseñanzas de Jesús y de Sus Apóstoles. Así nació el aspecto confesional, el credo, o acto de profesión de la fe, que se recita cada vez que se celebra la eucaristía. Los cristianos se reunieron en pos de esta confesión, se reconocieron y por esta confesión se comprometieron y se sacrificaron para difundir el Evangelio, a causa de esta confesión sufrieron, fueron injuriados y perseguidos. Abandonar el credo, la profesión de la fe de los primeros cristianos, significa renunciar a la identidad de un pueblo que cree en un Dios omnipotente, creador, que es una sola cosa con Su Hijo, quien se hizo hombre y que fue concebido por el Espíritu Santo en el vientre de la Virgen María, padeció la muerte y resucitó, prometió además que regresaría a la Tierra para crear un reino de justicia y de amor.

El hecho de redescubrir la “catolicidad original” para Kasper no significa replantear la fe de los primeros cristianos que, según el mandato de Jesús, difundían los valores evangélicos en todo el mundo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16,15). Los cristianos de los orígenes no se planteaban el problema de si el mensaje de Cristo, ευαγγέλιον (euanghèlion  la “buena noticia”) era para todos, porque creían en Aquel que había afirmado que “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán” (Mateo 24,35). Por lo tanto la misma prédica de las primeras iglesias que anunciaban la buena noticia eran conscientes de que era algo católico: era una enseñanza válida “en todas partes” (καθολικός, katholikos) en todo el mundo. Según Kasper hay que renunciar a esto para poner en práctica “un humanismo universal basado en Jesús Cristo”.

A este punto es obligatorio preguntarse: ¿de qué Cristo se habla? Al respecto el Cardenal alemán tiene las ideas muy claras, cosa que queda demostrada en su libro Jesús el Cristo: “La confesión de Jesús Cristo funda tanto la determinación como lo inconfundible y distinguido del dato cristiano, así como también su apertura universal y la responsabilidad de todo el mundo. Los problemas eclesiológicos aún abiertos se podrán resolver únicamente en el contexto de una cristología renovada. Solo esta última será capaz de ayudar a la Iglesia a recuperar su universalidad y catolicidad sin por ello renegar al amor por la cruz ni renunciar al carácter provocador del mensaje cristiano”.

flavio2El concepto es claro: conservemos la pasión y muerte de Jesús, que representa una locura revolucionaria que le da un tono de provocación a todo el mensaje cristiano, pero revisemos el problema de Cristo que, como ha sido transmitido, tiene un sabor a poca credibilidad para todos. “¿Cómo ocurrió – se pregunta el Cardenal teólogo – que este Jesús, que no quería anunciarse a sí mismo, sino al Reino inminente de Dios, transmutó en el Cristo anunciado y creído?”
La conclusión es extremadamente explícita. A través del uso, con gran e innegable autoridad, del pensamiento filosófico de Hegel, el Cardenal Kasper explica que Jesús se convirtió en el “Cristo” porque la idea del Mesías, que está por venir,  está presente en el pensamiento de los judíos de su tiempo, y que lo mataron porque sus ideas se alejaban demasiado del Mesías que ellos imaginaban, un Mesías que era esperado en el mundo helénico, en una fórmula que aliviara al hombre del materialismo del Imperio y por ello fue condenado por los romanos. Al Mesías lo esperaban los Apóstoles que habían vivido de cerca la autoridad del profeta Jesús y por ello mitificaron al Hijo del hombre como Mesías, atribuyéndole milagros inexistentes y la resurrección de la muerte. flavio3

Quiere decir que, como diría Hegel, no hay que quedarse con los acontecimientos individuales sino con los de toda la evolución del pensamiento del hombre, a través de un proceso de conciencia de las realidades individuales, que lleva a la totalidad de la visión y por lo tanto de la realidad que coincide con la “verdad”. Se deduce que Jesús fue un predicador que supo exponer Sus ideas con autoridad, que jamás se definió como el Mesías, que la definición “el Dios de Jesús”, no es una expresión de parentesco, sino una simple pertenencia de fe, como lo eran las expresiones “el Dios de Adán y de Jacob”, “el Dios de Israel”, etc. Ahora el Cardenal Walter Kasper además de ser Cardenal de la Iglesia Romana es un sacerdote que celebra la misa. ¿Qué pensará cuando, durante la celebración de la misma, invoque a Cristo, nuestro Señor, y declare que espera Su retorno? ¿Por qué, a pesar de sus opiniones herejes, Kasper ocupa importantes cargos en el Vaticano y es muy cercano al Papa Francisco? ¿Acaso espera que el Pontífice Bergoglio pueda llegar a ser un nuevo Lutero que realice un cambio modernista en la Iglesia de Roma?
Flavio Ciucani
5 de Enero de 2017

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