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Adriana NavarroPor Adriana Navarro.

El título de esta crónica es la pregunta espontánea de un niño que está por cumplir 6 años.

Mi nieto, conversando con sus padres, tuvo de pronto esta inquietud. Y cuando me lo contaron luego de contestarle mi parecer, quedé profundamente ligada a esta simple pregunta, imaginando si cada integrante de nuestra sociedad tuviese que contestarle a este niño ¿qué le diría?

Si quienes tuviesen que responder fuesen estudiantes de ciencias económicas, o de la escuela de administración, probablemente se apresurarían nerviosamente a responderle que el dinero es un valor de cambio, que con esto nos evitamos de andar con una enorme bolsa de papas al hombro para intercambiarla por una de naranjas, y bla, bla, bla….

Quizás, siempre en el campo de la especulación, los políticos y gobernantes le dirían que con el dinero que ganan sus padres por trabajar, tienen para obtener –comprando- todo lo que necesitan para su alimentación, vestido, y bla, bla, bla…

Y lamentablemente muchos de nosotros, los hombres y mujeres que no estamos en la televisión, ni somos famosos, que no somos hombres y mujeres públicos, y que estamos educados en este sistema tan macabro, le diremos, que lo que sucede es que así el que trabaja tiene su sueldo, porque lo gana dignamente y los atorrantes que no trabajan no tienen nada, porque no se lo merecen. De esta manera le iríamos trasmitiendo la mezquindad a esta alma inocente, que pone de manifiesto la sabiduría del espíritu. Pero, como lo hace así, como una dulce bofetada, en muchos hará surgir la risa, otros irónicamente pensarán “lo que es la inocencia”, y otros sentirán adentro surgir el orgullo, y menospreciarán totalmente esta pregunta, quitándole toda importancia, porque si de verdad tuviesen que contestarle, todo el orgullo de su civilización, el porqué de sus riquezas, de su poder, todo quedaría por el piso, así que mejor ignoremos al niño.

¿Cuántos contestarían la verdad? ¿Cuántos tendrían el coraje de explicar al niño con palabras sencillas la verdad?

Cuántos le dirían, cara a cara, que el mundo no es gratis, porque así se puede ejercer el poder de unos sobre otros. Porque así, el que tiene más dinero, puede pagar lo que quiere que se haga, y por tanto someter a otros, porque es el gran empresario, o el dueño de la multinacional, o el Fondo Monetario Internacional, o un presidente, o un capo mafioso. El que tiene el dinero es el que planifica el rumbo de un país, el que mueve los medios de comunicación masiva, y forma la opinión pública, es decir que forma nuestra forma de pensar de acuerdo a la información que nos da.

Quien le dirá al niño que de esta manera podemos hacer con la especulación financiera, que en definitiva regula cuánto dinero tendremos en el bolsillo cada uno, que algunos sean pobres, y otros no tanto, y otros muy ricos. Que algunos con su dinero dentro de los bancos, generando interés por el sólo hecho de estar ahí “guardado”, podrán vivir en palacios, mientras otros mendigan todo el día por un trozo de pan. ¡No!, qué fuerte, quién puede hablar así a un niño, no son cosas para decirles a los niños, porque a ellos, hay que mentirles poco a poco, acostumbrarlos poco a poco, a que el mundo no puede ser gratis, a que es normal que un ser humano por no tener un papel en el bolsillo, se muera de hambre, no coma, no se vista, no viva en ninguna casa, coma de los contenedores, etc., etc. Y si se arrebata, si como una fiera decide emprender contra los que tienen, entonces como fieras defendemos ese papel, porque todos sabemos que sin él no hay comida, para nadie, porque todos sabemos que ese papel divide a los grandes señores, de los de clase media, de los pobres, y toda una amplia gama intermedia.

Otros le dirían al niño que si no hubiese dinero, un gran caos se desataría, porque habría personas que se aprovecharían del trabajo de los otros. Pero, ¿acaso el mundo no es un caos hoy por hoy por el dinero? ¿Por qué son todas las guerras y casi todos los conflictos sociales? ¿Por qué mueren personas de hambre en el mundo? ¿Por qué una persona que pierde su empleo se deprime, y luego entra en pánico? ¿Acaso no es porque sabe que sin dinero, no puede obtener nada, que solo le queda mendigar? Hasta la valoración como personas se termina con el dinero. ¿Quién le dirá a este niño preguntón, que si mañana sus padres se quedan sin trabajo y no tienen dinero, él pasará de ser un hermoso niño, considerado socialmente, a ser un mocoso, hijo de pobres atorrantes? ¿Y que tendrá que conformarse con ir a la escuela sin merienda, y que no le comprarán ni un solo juguete más, o que su ropa ya no podrá abrigarlo, porque estará vieja, y que tendrá que aceptarlo porque sus padres no tienen dinero.

Mientras tanto verá en la TV, y en todas las formas posibles, grandes avisos, de cosas para comprar, donde se ven personas, niños también, felices de tener todo lo que se vende. Pero él no lo tendrá si sus padres no tienen dinero. A menos que si no consiguen trabajo, pueden dedicarse a otras cosas ilícitas, que les darán dinero, y entonces sí, aún aquéllos que hablaban de los atorrantes sin trabajo, estos padres que tengan dinero, aunque todos sepan que no es por trabajar honestamente, igualmente le venderán todo lo que puedan comprar con ese dinero.

…Y podríamos seguir dando argumentos a este y a tantos pequeños. Lo que no sé si haríamos es dejar nuestros argumentos de lado, nuestra complejidad mental, nuestra adultez, y pensar por un instante cómo sería este mundo si no existiese el dinero, o las tarjetas de crédito, de débito, o cualquier otra forma de representar en definitiva el dinero.

No tendríamos que controlar ganancias o pérdidas, o cuentas, ni riquezas de ningún tipo, no se necesitarían los bancos, ni ningún organismo de control, y por tanto todas las personas que tienen este tipo de empleos podrían dedicar sus manos a producir las cosas que sí necesitamos todos para vivir. Es decir a cultivar la tierra, sin pesticidas, porque habría mucha más mano de obra, y no sería una multinacional como Monsanto la que dirigiría la producción de alimentos, sino cada comunidad, según sus necesidades y su medio, la que elegiría qué producir. Habría tantas manos para construir casas, con los materiales zonales, porque todos los millones de personas que hoy se mueren de hambre podrían trabajar, para tener una casa donde vivir, buscando el equilibrio con la naturaleza, sin depredarla. Así también habría quienes buscaran el avance de la ciencia pero no guiados por los intereses de las grandes empresas y los grupos de poder, sino de toda la humanidad, y de cómo convivir con la naturaleza que no nos cobra nada, que todo nos lo da absolutamente gratis.

Seguramente, hay otros niños en el mundo que son capaces de formular esta pregunta. A ellos les digo lo mismo que le dije a Aron: “EL mundo es gratis, el Sol sale todos los días y no nos cobra nada, y planeta no nos cobra nada por estar aquí. Es el hombre que inventó un sistema horrible en el que existe el dinero y todo lo que tenemos lo conseguimos sólo si tenemos dinero. Pero llegará un día en que no existirá más el dinero, y los que vivan en ese mundo, porque lo merezcan, serán felices, y libres, y no estarán más condicionados por él.


Montevideo, 4 de setiembre 2018.
Adriana Navarro.

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