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educarePor Marco Casagrande

Segundo encuentro formativo con la maestra Alice Valeri.

Después de la primera cita de noviembre continúan en el arca de Gubbio los interesantes encuentros con Alice (maestra Steineriana), que nos pone en conocimiento de forma magistral y profesional, y al mismo tiempo sencilla y atractiva, las múltiples facetas relativas a la correcta educación y por lo tanto al crecimiento del niño. 

Mientras el primer encuentro se basó sobre el desarrollo del niño en los primeros tres años de vida, en este el tema central ha sido el ritmo septenal de crecimiento y específicamente la fase de cero a 7 años, porque según la pedagogía Steineriana cada 7 años en el cuerpo físico ocurre un cambio total, de hecho, por ejemplo, una vez que pasa este lapso de tiempo ya no encontraremos más en nuestro cuerpo ni una sola célula de las que había antes de los 7 años y por esto es muy importante tomar conciencia de este ritmo para entender cómo educar de la mejor manera al niño según su naturaleza. 

Este período llamado primer septenio de la imitación no termina para todos en el mismo momento sino que depende de la naturaleza del niño. Hay niños que adquieren determinadas competencias por ejemplo a los seis años y otros a los ocho, por lo tanto todo lo que Alice nos explica son principios generales que luego hay que personalizar, según el niño que nosotros tengamos que educar, porque cada niño es diferente y por lo tanto no se puede estandarizar la educación como en cambio yo creo que lamentablemente ocurre en las escuelas, donde la mayor parte de nosotros ha recibido una educación de la que hemos salido todos homologados y de esta forma se acaba reprimiendo fuertemente los talentos y la creatividad de cada individuo engendrando adultos no emancipados que a su vez criarán hijos que serán adultos no emancipados alimentando así la cadena que mantiene al hombre esclavo desde hace siglos. Tenemos que aprender a dejarle al niño la posibilidad de hacer sus conquistas como puede ser caminar, hablar, etc. respetando su propio tiempo, no según el nuestro. No tenemos que forzar nada, la naturaleza nos lo enseña. El ritmo de la naturaleza es lento pero constante, cada estación necesita su tiempo y los seres humanos, siendo parte de la naturaleza, aunque ahora nos creamos superiores, tenemos que vivir y educar a nuestros hijos según los tiempos que la naturaleza nos dicta, de lo contrario estaremos mal porque no hay otro camino correcto que recorrer para estar bien, sino solo el de vivir en armonía con nosotros mismos y con nuestros semejantes, respetando la ley de la naturaleza que está por encima nuestro. 

Durante este período el niño construye toda su estructura orgánica, de hecho, el plasma sus órganos interiores y todo su físico por medio de sus fuerzas interiores pero también por los impulsos externos que actúan en él y que podrían ser incluso extremadamente nocivos para la salud del niño y de esto nos daremos  cuenta solo  después de muchos años. 

Rudolf Steiner nos dijo que "Observando esta particular actividad orgánica interior nos daremos cuenta que tiene un significado muy particular en la elaboración plástica del cerebro y en la formación de la restante organización. El niño introduce en la organización físico-corpórea lo que con el nacimiento o con la concepción se ha traído de los mundos animico-espirituales, está ocupado en esta organización.  Durante la cual hace lo que quiere y cierra las puertas al mundo externo. Y nosotros no tenemos que interferir inoportunamente en lo que el niño está cumpliendo". 

Alice nos explica que eso quiere decir que todo lo que nosotros ponemos en la atención del niño en estos primeros 7 años le forman plasticamente porque actúan en él las fuerzas del cuerpo etérico. Nosotros sabemos, según la Ciencia Del Espíritu, que somos formados de cuerpo, alma y espíritu y que el alma está dividida por cuerpo astral y cuerpo etérico, este último es el que trabaja en el niño en el primer septenio. Es como si nosotros con la educación creamos una casa dónde paulatinamente el espíritu puede entrar. La educación tiene que crear una estructura dónde luego la individualidad del niño pueda manifestarse pero si nosotros no logramos crear esta estructura en los primeros 7 años será mucho más difícil que la individualidad del niño pueda emerger y pueda cumplir su propio destino, por lo tanto para facilitarlo tenemos que crear un entorno apto al niño dónde él pueda hacer lo que quiere y nosotros adultos deberíamos intervenir lo menos posible. 

Como he dicho antes el cuidado del niño debería ser orientado hacia el niño mismo y hacia sus necesidades y no hacia las necesidades y las ambiciones de los adultos, también porque el querer inculcar a la fuerza en edad temprana lo que el niño puede controlar (aprender) solo más adelante, cuando se libera de las fuerzas (etéreas), solo puede provocar efectos deletéreos sobre la organización física actual y futura del niño mismo, en efecto muchos problemas pertinentes al ámbito del aprendizaje que vemos que está aumentando continuamente, como la dislexia, la disgrafia y la discalculia se deben al hecho de que se le ha privado al niño de las fuerzas de la formación de su cuerpo, intelectualizandolo precozmente con conceptos abstractos que él, por su naturaleza, no logra entender y por lo tanto carece de ellos y le cuesta más porque no ha tenido tiempo para metabolizar físicamente una conquista, todo debería pasar primero a nivel físico y luego en el aspecto cognitivo. Con la liberación de las fuerzas etéreas, que llamamos nacimiento del cuerpo etérico en el niño y que coincide más o menos con el nacimiento de los dientes permanentes estas fuerzas se libran de la envoltura y pueden ser empleadas para el aprendizaje. 

En el primer septenio la palabra clave es que el mundo es bueno. 

Es esto lo que el niño tendrá que sentir y percibir en cada palabra y en cada gesto que el educador hará en su presencia. CON ESTO PODEMOS ENTENDER COMO NO ES EL NIÑO EL QUE TIENE QUE SER EDUCADO SINO NOSOTROS COMO EDUCADORES. 

Rudolf Steiner nos decía: “De esto resulta que nuestra tarea no es la de querer enseñar todo al niño según nuestra voluntad, sino estar cerca de él, de forma un poco más incómoda, para que el niño pueda imitar lo que queremos hacerle aprender. El Niño, de hecho, es receptivo en todo lo que hacemos, en como nos movemos y también en lo que se refiere a nuestros sentimientos y nuestros pensamientos. En estos primeros años entonces es necesario concentrar la educación en educarnos a nosotros mismos, de manera que al lado del niño, sentimos y queremos lo que él puede ver". Con eso Steiner nos está diciendo que lo fundamental es el ejemplo, tenemos que dar nosotros el ejemplo a nuestros hijos con nuestro comportamiento cotidiano. 

El crecimiento del niño se desarrolla por varias etapas, exactamente 4 que son la primera la fase egocéntrica, después el desarrollo de la vida del sentimiento, el desarrollo de la voluntad y junto a este última el desarrollo de la moralidad. 

En la Fase egocéntrica de 0 a 7 años el niño necesita sentirse como un Sol al centro de la familia, necesita sentirse al centro de las atenciones de mamá a papá y de los adultos de referencia, si el niño no vive completamente esta fase egocéntrica con sus necesidades satisfechas existe el riesgo de que llegue a ser un egoísta de verdad, así que los adultos que le cuidan no tienen que pensar que dándole atenciones continuamente se corre el riesgo de que luego sea viciado, necesita atenciones y es justo que se les dé.  

La fase del desarrollo de la vida del sentimiento ocurre cuando la conciencia del yo inicia a despertarse y eso sucede alrededor de los 3 años más o menos, en este período el niño se percata que puede decir NO al mundo y que con esta negación experimenta con más firmeza su proprio ser y la posibilidad de modificar lo que ocurre a su alrededor. Esta fase, 2-3 años, muy a menudo los adultos la ven como un período "terrible" porque el niño inicia a decir NO y por lo tanto a decidir lo que quiere y lo que no quiere hacer. Pero en cambio habría que vivirlo con la conciencia que se está manifestando delante de nosotros, la maravilla de la individualidad que se está encarnando y por lo tanto nosotros los educadores deberíamos irnos a dormir todas las noches con estas preguntas. ¿Quién eres tú? ¿Qué puedo hacer yo por ti? Así, nosotros podemos modificar nuestra relación con el niño y él, al no estar todavía completamente encarnado, es muy receptivo y siente todas nuestras emociones e intenciones y se comportará en consecuencia creando situaciones que hasta el día anterior parecían imposibles que ocurrieran. 

Este período también se llama período de obstinación. 

Cuando la experiencia del YO, de la propia individualidad se ha desarrollado al punto que está presente aún NO siendo estimulada por la oposición al mundo circunstante, la fase negativa desaparece. 

En esta fase el niño inicia a sentirse como una individualidad diferente de todo el resto del mundo, en efecto si pensamos bien los niños cuando empiezan a hablar primero se llaman con su propio nombre, después dice ME, y después se transforma en YO, por lo tanto primero se sienten diferentes de sí mismos, luego empieza a comprender que es él el que habla y que quiere decir las cosas EL YO SOY, EL EGO SUM y esto es MARAVILLOSO. 

Después de este primer período que incluso puede durar meses, la conciencia del YO toma ulteriormente forma de dos modos, es decir que se vuelve gradualmente continuativa, mientras primero se manifestaba solamente en determinados momentos exteriormente contra el mundo ahora pasa a ser interior, empieza a expresar sus juicios sobre el mundo. Estos procesos se prolongarán hasta el sexto año de edad para que el niño sea idóneo para la escuela. 

La vida de sentimiento del niño tiene su expresión en el JUEGO INFANTIL, en efecto mientras hasta los 3 años el niño juega con todo lo que ve casualmente cerca de él y por ello está ligado al entorno circunstante dónde alegría y pena se alternan en él con rapidez, alrededor de los 4 años el juego del niño se modifica intensamente porque surge en el ámbito del sentimiento una fuerza que se llama FANTASÍA CREATIVA, que se asoma al mundo externo proveniente de su interior y lo transforma según sus exigencias interiores. De hecho podemos entender si un niño ya está listo para la guardería si juega de forma simbólica y creativa con los demás.

Ahora el juego se ha intensificado notablemente, el niño juega siempre, sólo quiere jugar y esto es normal y nosotros adultos tenemos que dejarles jugar facilitando su fantasía, por ejemplo dándole juegos cada vez menos complejos como las construcciones de madera de modo tal que él pueda crear cosas con su fantasía, o para las niñas muñecas, mejor si realizadas por su mamá, blandas y no muy expresivas de modo tal que la niña pueda modificarla a su gusto en base al estado de ánimo que quiere que tenga, el adulto debería tomar muy en serio estos juegos y enriquecer su vida interior infantil ofreciendo nuevos contenidos y ulteriores posibilidades externas. Los CUENTOS por ejemplo nutren la vida de sentimiento del niño y también los juegos que pondrá en acto. Una actividad muy bonita que podemos hacerle también hacer por ejemplo cuando está un poco cansado es sobre todo el dibujo con acuarelas porque es muy relajante.

Éste también es el período del amigo invisible, es un período muy importante para el niño y nosotros adultos no tenemos que romper absolutamente esta magia, más bien somos nosotros los que deberíamos aprender de los niños esta belleza. Alice nos explica en fin como al contrario de nosotros adultos que por ejemplo hacemos las cosas con un fin, yo pongo el agua en el vaso para beberla, EL NIÑO VIVE EL PROCESO, por lo tanto cuando preparamos una actividad tenemos que hacer vivir al niño el proceso y no solo el objetivo, no tenemos que forzar a los niños a hacer manualidades, o bien a llevarlos a toda costa a cabo porque si no lo hacen se ve que todavía no ha surgido en ellos lo de hacer algo por un fin, lo cual surgirá espontáneamente y será una señal de que el niño está listo para la escuela pero para ellos lo importante es el proceso, porque durante el proceso se forman las sinapsis.  

Otra cosa importante de este período es EL RITMO, con el que podemos cantar, hacer coreografías que tienen que tener siempre los mismos movimientos y los mismos ritmos, porque los niños adoran repetir las cosas y aprenden por el ritmo y la repetición. En la escuela Steineriana por ejemplo en la primera clase o sea, en primero de básica, la mañana empieza con una hora de ritmo, con este método, entreteniéndose, los niños también pueden aprender las tablas de multiplicar (sin llamarlas tablas de multiplicar), incluso en primero de básica. Las repeticiones son muy importantes porque dan forma a su estructura y la nutren en profundidad, por tanto, dentro de lo posible, sería necesario cíclicamente, en base a las estaciones, a las festividades o a otras solemnidades, proponer por ejemplo al niño juegos rítmicos de coreos, cantos o cantilenas. En las escuelas Steinerianas se celebran solemnidades durante las cuales se hacen siempre las mismas cosas y eso es importante porque crea un ritmo en el niño y lo hace entrar en el tiempo, porque los niños siempre viven en el presente.

Todo lo que hacemos tiene que seguir un ritmo, como por ejemplo internamente el latido cardíaco o el ritmo de la digestión y la respiración, y externamente como por ejemplo las estaciones o la alternancia día-noche porque todo en lo micro y en lo macro sigue un ritmo en la naturaleza, por lo tanto también el día que vive el niño debería ser alternado por momentos de expansión (por ejemplo juego libre, y momentos de introspección (por ejemplo dibujar), lo importante es que el niño se tiene que divertir en lo que hace, entonces también para hacerle hacer actividades cotidianas que le parecerían aburridas podríamos hacerlas cantando, por ejemplo inventarse la canción para lavarse los dientes, etc. 

Una de las frases clave de la infancia es AYUDAME A QUE LO HAGA YO, porque en el juego fingiendo ser adulto, por ejemplo, ayudando a la mamá en los quehaceres domésticos aprende como somos como adultos, como nos hacemos  adultos, pero como hemos dicho antes, solo si él quiere, el adulto no tiene que obligarlo. 

Otra etapa fundamental es el desarrollo de la voluntad, al principio el niño va detrás de sus instintos que son por ejemplo comer y dormir, lentamente este instinto se transforma en deseo (quiero esto, quiero aquello), en fin paulatinamente este deseo se transforma en la voluntad real de poder modificar el juego que está haciendo y luego creando actividades que puedan alcanzar un objetivo más alto. Ahora el niño inicia a proponerse una tarea que quiere llevar a cabo. Ésta es una señal de que el niño está listo para la escuela.  

En este momento nosotros tenemos que animar al niño en sus pequeñas conquistas cotidianas, tenemos que preguntarle lo primero si se ha divertido haciendo una determinada actividad sin juzgar el resultado. La formación de la voluntad necesita un estímulo externo, de resistencia, de experiencias fuertes para poder poner a prueba sus propias fuerzas y adquirir nuevas capacidades, nosotros tenemos que incentivar al niño a hacer cosas nuevas, por ejemplo hay niños que tienen miedo al principio de saltar de una pequeña silla pero con la ayuda y el estímulo de un adulto lo hacen y después de poco tiempo se animarán y lo harán solos. 

Con el desarrollo de la voluntad nace también la moralidad, pero tiene origen durante los primeros años de vida, cuando el niño todavía vive de lleno el período de la imitación. El niño asumirá de forma natural la moralidad que hay a su alrededor. Con la ayuda de las buenas costumbres se ponen las bases, imitando asume las costumbres de su entorno, por tanto en un entorno ordenado con ritmos de vida bien regulada se ponen las bases de la seguridad interior y del sentido del orden en vistas de un buen cumplimiento de sus tareas (en futuro). La imitación que el niño vive exclusivamente en los primeros años de vida continua a estar presente actuar en esos estados de la inconsciencia donde nos quedamos niños. 

A propósito del proceso de imitación STEINER decía "NO SE `PUEDE LLEGAR A SER HOMBRES ADULTOS SI NO HEMOS SIDO GRANDES IMITADORES DE NIÑOS" 

EL niño es completamente un órgano de sentido, no se acerca al mundo con un sentido individual sino con toda su sensibilidad general, todo el cuerpo del niño es como una especie de ojo que prueba todo. Su vivencia existencial y bajo cierto aspecto todavía no completa, no permite ningún tipo de distancia, el niño no juzga ni evalua las impresiones sensoriales, sino que vive a fondo los procesos vitales de su físico. Efectivamente en ningún otro momento de la vida el hombre es tan influenciable desde el exterior hasta dentro de su físico como en el periodo de su infancia. Toda la excitación del alma del niño pasa por la circulación, la respiración y la digestión. Pero el niño no es un espectador pasivo de este proceso sino que vive una actividad volitiva laboriosa en su querer percibir e interiorizar el mundo, pero no existe en él una fuerza contraria capaz de dispersar las impresiones sensoriales que recibe y que tienden continuamente a dar forma a su ser, esto quiere decir que el niño absorbe todo lo que percibe del mundo externo por este motivo, cómo decíamos antes, los adultos que son puntos de referencia tienen que ser los primeros en dar el justo ejemplo. La imitación luego hacia los cinco años se vuelve atención intencional y éste es otro período de crisis evolutiva para el niño que inicia a alejarse del jardín de la infancia y entra cada vez con más fuerza en la tierra, empieza con sus primeras preguntas sobre la muerte y los primeros verdaderos miedos. 

Después de alrededor de 2 horas se concluye este maravilloso encuentro y no puedo hacer más que dar las gracias a Alice por todas las importantes informaciones que nos ha ofrecido, porque aunque en todo caso nos conciernen un poco a todos nosotros, incluso a quién no tiene niños, a mí me interesan en primera persona ya que soy padre de una maravillosa criatura de DIOS de 11 meses que se llama Nives, por lo tanto cada concepto que he aprendido esta noche quiero con todo mi ser mismo tratar de aplicarlo en mi mismo y aplicarlo con mi hija para educarla de la mejor manera posible porque sólo aprendiendo en primis nosotros adultos, luego por consiguiente podemos enseñar a nuestros hijos a vivir de modo equilibrado, en sintonía con la naturaleza según los verdaderos valores de la vida y podremos ser dignos de ser llamados SERES HUMANOS.

Los niños de hoy serán los adultos de mañana y nunca como en este período histórico no sólo es importante sino realmente FUNDAMENTAL educar a las nuevas generaciones con los valores más elevados que un hombre puede y tiene que manifestar que son EL AMOR LA JUSTICIA, LA COMPASIÓN, LA SOLIDARIDAD y LA HONESTIDAD que se reflejan todos en el mandamiento de los mandamientos que encarnó Jesús Cristo hace 2000 años y es decir AMA A TU PRÓXIMO COMO A TI MISMO. Sólo así podremos tratar de poner fin a esta difusa bajeza moral que atenaza esta sociedad y que nos ha llevado a una situación catastrófica sin precedentes contaminando sea las relaciones humanas que el planeta mismo que nos hospeda con el riesgo concreto de autodestruirnos.

En fe 

Marco Casagrande 

1 de marzo 2019 

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