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Por Dra. Kattya González, Presidenta de la Coordinadora de Abogados del Paraguay

23 de Noviembre de 2014.

La fragilidad democrática que se visualiza dramáticamente en cada elección donde el dinero mal habido permite que personas con dudosos antecedentes y vínculos directos con el crimen organizado accedan a una banca en el Congreso, nos debe llamar como sociedad a una profunda reflexión.

A boca llena los indiciados alardean impunemente que llegaron a ser Diputados y Senadores por imperio de “la voluntad popular”. En principio el impresentable ladrón de galletas, tan delincuente como los otros y los honorables narcopolíticos tienen razón, sin embargo,  en esta inconsistente democracia lo que no se discute es lo esencial: esas personas no están ocupando un espacio para discutir la manera en cual combatiremos los conmovedores guarismos que hablan, que más de la mitad de los paraguayos se debaten entre la pobreza y la miseria; ellos (los narcopolíticos)  están ahí para defender sus intereses, para influenciar en la justicia y garantizar así una impunidad perpetua.

Los Poderes del Estado no dimensionan el daño que ocasionan a nuestro país al no incluir como prioridad, en la agenda, el tema que nos convoca a la reflexión  y  siguen postergando  decisiones y voluntades que podrían poner freno a este  vertiginoso avance de la narcopolítica; pasa lo mismo con nuestros vecinos; en Argentina la situación es cada vez más visible y alarmante.
 
Así las cosas nos preguntamos ¿Por qué tanto desamor con la patria? Las individualidades no bastan, las denuncias a través de los medios masivos de comunicación  tampoco. No podemos restarle la importancia que poseen en un proceso de saneamiento. Pero lo que verdaderamente importa es que el Poder Judicial haga su parte. ¿De qué manera? Y la tarea es difícil: primero, deberíamos sacar a quienes desde la propia Corte Suprema de Justicia protegen, encubren y blindan a los delincuentes; luego, generar consensos políticos de institucionalidad.
 
Los consensos políticos de institucionalidad son indispensables, pues, mientras no existan instituciones o éstas sean tan débiles que se dejan fagocitar por el enemigo todo lo que podamos decir  se reduce a la denuncia…a la  protesta.
 
Paraguay necesita ir un paso más allá y debemos empezar  a transitar el camino del cambio, mirándonos al espejo e interpelándonos:   ¿Al no involucrarnos con nuestra realidad, al optar por el silencio, al no obligarnos a debatir,  no nos estaremos convirtiéndonos  un poco en una especie de narco sociedad?

Fuente http://www.abc.com.py/edicion-impresa/economia/los-lectores-opinan-1308936.html

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