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¿AHMADINEJAD Y OBAMA: DOS ACTORES PARA UN FINAL YA ESCRITO?
Mientras las imágenes de pruebas misilísticas en Irán, aunque se trate de un test de la industria aeroespacial nacional , llenan las pantallas de los noticieros occidentales, dando la impresión de una inminente y oscura amenaza, se da en cambio muy poca información sobre el despliegue de las baterías de misiles patriot, deseado por Obama, en los países árabes del Golfo pérsico.
Kuwait, Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes. Cada uno de estos países, según el general Petraeus, recibirá dos baterías de sistemas defensivos de misiles anti-misil, denominados patriots, mientras se está negociando con el Omán. El término “defensivo” no tiene que engañarnos. El sistema está concebido para responder a eventuales represalias iraníes, seguidas a un ataque que involucre a la península árabe como tránsito aéreo. De este modo Washington pretende obtener una serie de resultados: aumentar la presión sobre Teherán; tranquilizar a los países árabes cercanos, sin que intervengan en el lugar tropas que podrían contrariar la opinión pública de estos países; calmar y disuadir a Israel de un ataque preventivo.
Los países árabes del Golfo están cada vez más inquietos de frente a la tensión internacional que crece entre Irán y Occidente y también porque se percibe una cierta intensificación del país persa como una potencia regional, con efectos desestabilizadores hacia las propias minorías chiitas internas.
Desde varios sectores, de forma cada vez más explícita, se admite que la crisis nuclear pueda desembocar en un conflicto abierto. Según el Washington Post la coordinación militar entre los Estados Unidos y estos países se está reforzando cada vez más estrechamente en los últimos años. Con la ayuda americana Arabia Saudita está preparando una armada que cuenta con alrededor de 30 mil hombres. Los Emiratos Árabes Unidos, principal cliente bélico de los Estados Unidos han gastado en los últimos dos años 17 mil millones de dólares para sistemas de defensa electrónicos y aviones de combate (entre los cuales hay 80 F-16).
Por lo tanto Irán ha comunicado a la AIEA la intención de proceder unilateralmente en el enriquecimiento de su uranio del 3,5% al 20%, para usos civiles (en ese caso para el sector médico radiológico). La noticia llegó luego de días difíciles.
El pasado 2 de febrero, el líder de la oposición Mir Hossein Mussavi, lanzó un durísimo ataque en contra de las instituciones estatales, llegando a deslegitimar las bases del sistema de la República islámica, nacida de la revolución y que “muestra las raíces de la tiranía y de la dictadura [...] No existe peor dictadura que aquella en nombre de la religión [...] La más evidente manifestación de un comportamiento tirano, son los repetidos abusos del parlamento y del poder judicial, en el cual hemos perdido la esperanza completamente [...] Reprimir los medios de comunicación, llenar las cárceles y asesinar brutalmente a las personas que pacíficamente piden el respeto de los propios derechos, demuestra que las raíces de la tiranía y de la dictadura han quedado intactas desde la época de la monarquía. No creo que la revolución haya alcanzado sus objetivos”.
Pocas horas después de las declaraciones de Mussavi, Ahamdinejad se abría al Occidente sobre la posibilidad de trasladar lo nuclear al exterior: “De verdad no hay ningún problema”. Algunos se agitan por nada. Firman un contrato. A ellos les damos el uranio enriquecido al 3,5% y en el lapso de cuatro, cinco meses nos lo devuelven al 20%.
Esta apertura fue confirmada por el ministro del Exterior Manucher Mottaki, que el 5 de febrero en la Conferencia Internacional de Mónaco de Baviera, sobre la seguridad, declaró “cercano” un acuerdo satisfactorio para todas las partes [...] personalmente creo que se han creado las bases para proceder a un intercambio en un futuro no muy lejano”. Pero esta abertura era sistemáticamente frenada por el secretario de Defensa americano Robert Gates: “No me da la impresión de que estemos más cercanos a un acuerdo, Irán no ha hecho nada para asegurar a la comunidad internacional su voluntad de respetar el Tratado de no proliferación, o de poner fin  a los avances hacia un arma nuclear”. .
Por primera vez, de forma pública y explícita, Robert Gates se alinea contra Irán. Esta es una fase  determinante, considerando que viene de un exponente de la Administración americana al mando (al menos en el rol público), del componente realista que había auspiciado el diálogo con Teherán. Esto significa que el cambio de estrategia, las decisiones tomadas detrás de los bastidores en los meses anteriores ahora pueden salir abiertamente. Una especie de aclaración y de aceleración, se han cortado los puentes y el gobierno americano se mueve con una compacta unidad de intentos.
No por casualidad la página de internet de la televisión iraní Press-Tv ha divulgado incluso la noticia de que el jefe de la CIA Leon Panetta (otro exponente atribuible a la “facción” de Robert Gates), fue secretamente, a finales de enero hacia Israel, para encontrar al primer ministro Netanyahu, al ministro de Defensa Ehud Barack y al jefe del Mossad Meir Dagan. Con motivo del meeting (previsto inicialmente para el mes de mayo), la creciente posibilidad de una guerra en la región. Objetivos señalados: Irán, Líbano, Siria, Hamás, en los territorios ocupados (1).
Finalmente llegamos al 7 de febrero, cuando Ahmadinejad, durante un discurso en la televisión, anunció: “Yo les dije (a las grandes potencias) que concedíamos dos o tres meses (para cerrar el acuerdo sobre el intercambio de uranio) y que si no hubieran estado de acuerdo habríamos empezado solos. Ahora, doctor Salehi (jefe de la agencia atómica iraní), emprended la producción de uranio al 20 por ciento con nuestras centrífugas”.
La intención iraní de proceder autónomamente, es justo recordarlo, no es una provocación o un desafío como lo han titulado casi la totalidad de los medios de comunicación occidentales, sino que es, desde el punto de vista jurídico internacional, valerse un derecho específico. Irán, de hecho como suscribiente del Tratado de No Proliferación, tiene la posibilidad de enriquecer uranio, bajo el control de la AIEA, como está sucediendo regularmente para objetivos civiles.
Otro tema concierne la oportunidad política. La respuesta occidental ha sido dura ante el anuncio de severas sanciones, paralizantes. “Si la comunidad internacional permanece unida, estamos todavía en tiempo para que las presiones sobre Irán y las sanciones tengan el efecto deseado, pero tenemos que trabajar juntos. La comunidad internacional ha ofrecido muchas posibilidades a Irán para alentar sus intenciones con respecto al programa nuclear. Pero los resultados han sido muy desilusionantes” ha declarado Robert Gates.
Y el almirante italiano Giampaolo Di Paola, presidente del Comité militar de la OTAN, en una entrevista al diario La República, ha ilustrado el oscuro clima que se respira en las cancillerías occidentales hacia Irán (“sobre Teherán oscuridad completa”) y de cómo los momentos de apertura iraníes, como el de Mottaki, hayan sido percibidos como el enésimo intento de ganar tiempo “una tomada de pelo”, la falta de comprensión de la “gravedad del momento” (2).
Y sin embargo, una lectura más atenta de los hechos puede llevar a consideraciones mucho más racionales y objetivas. Ahmadinejad y la Agencia atómica iraní han especificado que en caso de acuerdo el enriquecimiento del uranio puede quedar suspendido en cualquier momento. Este elemento y las aperturas precedentes demuestran que el gobierno iraní está buscando desesperadamente una vía de escape e intentando obtener una ribera en el exterior.
De hecho Ahmadinejad se encuentra asediado en el interior del país. Por un lado la onda verde, que con palabras de Mussavi, amenaza al corazón mismo del régimen; por el otro lado la “oposición” conservadora, lista para aprovechar cada paso en falso del presidente, para atacar a su bloque de poder (Alí Larijani ha repetido nuevamente que la oferta occidental sobre el uranio es sólo una “mentira”).
Por lo tanto el gobierno tiene que mostrarse tan fuerte en el interior como listo para aceptar una oferta respetable del exterior a la cual aferrarse, que le permita salvar todo el cuadro. Demostrar debilidad, podría llevar a la división del sistema; demasiada dureza podría desembocar en un conflicto dramático.
Ahora los occidentales se encuentran diplomáticamente en la mejor condición posible para cerrar un acuerdo ventajoso. Si la mano tendida (“open hand”) de Obama hubiese sido sincera, se tendría que haber demostrado ahora. En cambio, luego de un periodo de silencio sobre el tema, hoy (9 de febrero) llega de parte de Obama la señal definitiva para el cambio de actitud, puertas completamente cerradas. “Irán está en camino para conseguir la bomba. Esto es inaceptable. [Estados Unidos  y los aliados desarrollarán] un importantísimo régimen de sanciones”. El partido de la guerra quería llegar a esta etapa del proceso, a este preciso punto.
Italia podría desarrollar eficazmente un rol de mediación. Por su historia, por las conexiones económicas con Teherán, por la credibilidad del gobierno de Berlusconi en el mundo islámico, dadas las buenas relaciones con Gadafi y las últimas afirmaciones sobre los crímenes del colonialismo italiano en África, que despertaron una óptima impresión en la otra parte del Mediterráneo. Este crédito ha sido totalmente arruinado con la reciente visita del premier a Israel y el discurso pronunciado en Knesset.
El reposicionamiento de la política exterior italiana, totalmente a favor de Israel, las acusaciones dirigidas hacia Irán y la justificación de la operación “plomo fundido”, en Gaza, han tenido su efecto diplomático, eso seguro, una bomba nuclear con respecto a las relaciones bilaterales con Teherán.
Incluso los analistas prudentes como Lucio Caracciolo han percibido lo problemático del desgarro: “Los ataques sin precedentes de Silvio Berlusconi al régimen iraní, representan incluso probablemente también el fruto de sus recientes encuentros con los dirigentes israelíes. [...] En nuestra relación con Jerusalén seremos evaluados sobre todo por lo que deseemos y sepamos hacer con Teherán. En particular, será necesario ver hasta qué punto estaremos dispuestos a sacrificar nuestros tradicionales y fuertes vínculos económicos y comerciales con Irán. [...] En todo caso los próximos meses serán decisivos. Si las sanciones son o no ineficaces, es posible que no solo Israel, sino también los Estados Unidos vuelvan a hacerse sentir con el “partido del bombardeo”, como única alternativa a la bomba atómica iraní. En ese contexto, evidentemente, nosotros los italianos tendremos poco que decir. Pero ciertamente seremos de los primeros en sufrir directa e indirectamente las consecuencias de una guerra. Nuestros hombres en el Líbano y Afganistán, de hecho están bajo un ambiguo paraguas de protección iraní. Es obvio que, en caso de conflicto esta protección caerá. Nuestros contingentes serían objeto probablemente de las primeras represalias iraníes. Pero no está dicho que Berlusconi haya tenido presentes estas consideraciones en el momento en el cual se lanzaba en la ofensiva verbal contra Teherán” (3).
El actual intento de asalto a la embajada italiana en Irán demuestra cuán delicado es el momento. De ser posibles bomberos ahora nos encontramos en el medio del fuego que hemos contribuido a encender. Pero las peleas que han ocurrido deben de preocupar también en otro sentido.
Lo que Caracciolo llama “el partido del bombardeo”, necesita otro salto más en la escalada de la crisis. En vista del 11 de febrero, aniversario de la victoria de la revolución islámica, está previsto un pico de tensión en los enfrentamientos de plaza. Los ataques contra las embajadas occidentales denuncian la existencia de un grupo de extremistas (inspirados quién sabe por quién) que están predisponiendo el enfrentamiento, con el riesgo de auténticos choques civiles entre sectores opuestos. Un escenario que podría degenerar fácilmente y degenerar en la imposición de la ley marcial, arrestos indiscriminados (o incluso algo peor), entre la población y entre los líderes del movimiento de protesta. En resumen una especie de golpe de estado militarista ya no tanto desapercibido sino evidente. A ese punto la alarma hacia un país que ya no estará bajo control (y además determinado a tener la bomba) equivaldría a un estado de urgencia y de necesidad que podría justificar cualquier intervención desde el exterior.
Por Simone Santini - 09 de Febrero de 2010

(1) Secret CIA-Mossad meeting, preparation for new war? Press-Tv
http://www.presstv.ir/detail.aspx?id=117579§ionid=351020202
(2) "L'Iran nucleare minaccia del secolo". L'allarme dell'ammiraglio Di Paola. La Repubblica, 7 febbraio 2010.
http://www.repubblica.it/esteri/2010/02/07/news/di_paola_iran-2222233/
(3) "Se Berlusconi lancia l'offensiva anti Iran", Lucio Caracciolo
http://temi.repubblica.it/limes/se-berlusconi-lancia-loffensiva-anti-iran/10777Si
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