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manos1DISCERNIMIENTO
Por Daniel Amaral
Esta es una palabra que ha sonado como una campana de alerta, que nos ha traído a tierra muchas veces a lo largo del camino que hemos emprendido, una palabra muy concreta que encierra en sí misma un significado y un contenido que por si solo nos lleva inexorablemente a la reflexión.
Discernimiento, es lo que un hombre incorruptible, serio, responsable y sabio solía decirle a quienes lo rodeaban y acompañaban en la divulgación de un mensaje único, profundo y transparente como un manantial de agua dulce, donde la Verdad y la Justicia eran los estandartes que sostenían aquél conocimiento que ese hombre, Eugenio Siragusa, daba a manos llenas a todos los que querían tener claridad, para que los ayudara a entender en qué mundo vivían.
En tiempos en que muy pocos hablaban de seres cósmicos, de extraterrestres o alienígenas –como muchos dicen-, Eugenio Siragusa hablaba abiertamente sobre la existencia de estos seres y de las naves en que se transportaban, pero también hablaba de seres de luz y quizás haya sido el primero que habló de Cristo, relacionando el fenómeno extraterrestre a algo mucho más grande. Porque Eugenio no se dedicó a los platillos voladores, sino lo que siempre destacó fue su contenido, es decir los seres que venían dentro de estas naves y el mensaje que portaban que a él le tocaba trasmitirlo sin “pelos en la lengua” a toda la humanidad. Vaya menuda tarea que le tocó.
Pero Eugenio Siragusa en su apariencia era un hombre común, sencillo, simple, sin ostentación, pero con una personalidad fuerte y a la vez directo y muy concreto a la hora de realizar la tarea que se le había encomendado. Entonces Eugenio siempre fue muy claro y reflexivo a la hora de trasmitir los conocimientos, como un verdadero embajador de los extraterrestres, siendo una de sus palabras más importantes, (donde el ponía el “broche de oro”): discernimiento. Pero un mensaje tan grande como éste no podía quedar inconcluso, debía continuar y extenderse en el tiempo. Por eso un nuevo embajador tenía que ocupar su lugar y que mejor que un discípulo suyo, quien había recibido conocimientos y enseñanzas a lo largo de varios años, como un verdadero hijo espiritual.
Giorgio Bongiovanni que desde hace 21 años porta en su cuerpo los estigmas, que son el aval y el sello viviente del mensaje que representa, pasó a ocupar el rol de embajador en la década de los “90” y fue el mismo Eugenio Siragusa quien aplicando todo su conocimiento y discernimiento profundo, dejó en las manos de Giorgio la continuación de un mensaje que hasta nuestros días está latente y ha sido divulgado por todo el mundo.
Quien ha hecho posible que este mensaje crístico siga al día de hoy recorriendo el planeta es Giorgio Bongiovanni, que con sus estigmas sangrantes no ha parado y  lo que el Cielo le pide que haga, él lo hace a pesar de los obstáculos que se le ponen por delante y, que a esta altura ha recorrido miles y miles de kilómetros, una y otra vez de una forma incansable y, dudo que otro ser humano pudiera haber transitado un camino como éste. Claro está que han sido muchos los amigos y hermanos que lo han acompañado, en primera fila su familia y cuando digo su familia no hablo solo de los de sangre, sino otros hermanos y hermanas que no necesitaron tener su mismo “ADN” para acompañarlo hasta hoy, y es muy probable que si fuera necesario darían la vida por este mensaje y por el propio Giorgio. A esta primera fila, la refuerza otra, que es la que se ha ido sumando a lo largo de estos 21 años, a la cual se han subido y bajado muchos por distintas razones. Una de esas razones es porque este camino no es cómodo y requiere de mucho esfuerzo; hay que dejar todo. A tal punto que un día alguien puede preguntarnos con un arma en la mano, si nosotros somos parte de lo que Giorgio Bongiovanni divulga por el mundo, y si realmente creemos que estamos viviendo un mensaje crístico y  que Giorgio es su representante, tendremos que decir sí, aún a costa de nuestra vida.
Volvamos por un instante a Eugenio Siragusa que hablaba de estas verdades y que en su ser anidaba la sed de justicia, por la cual nunca estaba quieto, sino que por el contrario su andar por este mundo era incansable. Hubo gente en determinado momento que buscó tergiversar y entorpecer sus pasos, utilizando el engaño y es así que fue encarcelado, sin duda que ese fue un intento para acallar su voz, pero eso fue imposible, lo que demostró en aquél entonces que Eugenio estaba dispuesto a sacrificar su vida si era necesario.
Hoy por hoy en el mundo, en este 2011 que ha comenzado, Giorgio Bongiovanni continúa caminando y gritando en el desierto, pregonando en primer lugar el inminente y próximo Retorno de Cristo, denunciando con más fuerza al anticristo para cumplir la función de desenmascararlo y, mostrando con evidencias contundentes la presencia en los cielos de todo el mundo, de los seres que provienen de otros planetas y que son parte de las milicias que acompañan a Cristo y a la virgen santísima.
Pero como el mismísimo Eugenio que lo dio todo por este mensaje, Giorgio está dispuesto a dar su vida por la causa más justa de todas las causas y, ésta es la que el propio Cristo le ha encomendado, decir a todo el mundo que Él vuelve y que lo hará con Justicia, porque la primera injusticia que Cristo no podrá perdonar es la que se le haya cometido a los niños, sea cual sea el grado de injusticia, porque los niños son el presente y el futuro de esta humanidad.
Mis amigos y hermanos, ésta es la hora de agudizar los sentidos y aplicar con sinceridad el discernimiento, que es una de las llaves para poder seguir adelante, en este camino estrecho, espinoso y muy empedrado, pero que tiene en su final una luz, una esperanza y un futuro cierto.
Pero hasta aquí todo puede parecer metafórico y análisis simple, que todos en general más o menos conocen y puede sonar como algo serio, que cualquiera puede concretar y llegar al final de los tiempos sin mayores sobresaltos.
El que crea eso, o se suelta ahora, o se agarra muy fuerte, si es que quiere hacer algo por esta vida, por la gente y por nuestra Madre Tierra.
Porque ha sido dicho “por sus frutos los conoceréis”. Si alguien nos dice vamos a rezar un poco, a meditar, hacer una oración, a aquietarnos un momento, porque a veces es necesario para lograr un poco de paz y de serenidad, lo hacemos sin ningún problema y seguro que nos va a hacer bien, porque hará que nuestro cuerpo y mente se oxigenen, dándonos un respiro para continuar el camino. Pero si ese alguien nos dice, que hay que hacer la rutina diaria, trabajar, descansar y el resto del tiempo debemos dedicarlo a la meditación, de seguro que algo no anda bien. Es en ese momento, donde tendremos que aplicar el discernimiento y poner en práctica la espiritualidad, llevándola a la acción concreta.
Este es el tiempo de la acción, de denunciar todo lo que está a nuestro alcance, de dar una mano a quien lo necesita, de poner las evidencias arriba de la mesa y mostrar los acontecimientos que se viven en el mundo tal cual son, dando la mayor información posible para que esta humanidad piense, razone y así poder despertar la mayor cantidad de conciencias.
Hace muchos años en una conferencia pública en el Uruguay, una señora le dijo a Giorgio mientras todo el público escuchaba atentamente, que ella rezaba todas las noches por él y para que este mundo cambiara y Giorgio le contestó con amor y serenidad espiritual: “señora rezar sí, más un segundo después, actuar”.
Discernimiento, es el que debemos vivir en estos tiempos, en que la confusión y el engaño se quieren adueñar de nosotros y, debemos tener mucho cuidado con el “fuego cruzado” de las palabras y de no perder el tiempo en Internet, porque la “herramienta” debe servir para informar y hacer que circule la verdad de los hechos, para llevarlos a la práctica y hacer lo que cada uno pueda, con honestidad y con mucho respeto por los semejantes.
Discernimiento, el de ayer, el de hoy y el que tendremos que tener mañana, la lucha es día a día y podemos caer, una y otra vez, pero lo que no podemos perder es el objetivo, que es esa “lucecita” al final del túnel. Para llegar a ella tenemos que estar decididos y hacer una constante en nuestras vidas que nos mantenga bajo la luz del discernimiento.

Montevideo, 31 de enero 2011.
Daniel Amaral.

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