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giorgioymatias2016Por Matías Lucas Guffanti

Detrás de las estrellas y los planetas, en la profundidad del universo, allí donde el tiempo y el espacio ya no son más, donde infinitos soles brillan iluminando todo y los colores exaltan la magnificencia del cosmos, allí Cristo nos llama desde siempre, reuniendo nuestras almas viejas que en la eternidad de la creación se buscan incansablemente una y otra vez para encontrarse en la felicidad de siempre. Su voz resuena en la inmensidad, llamándonos al encuentro, retumba en el cosmos así como en nuestro interior y desde el lugar en el que estemos y desde el planeta que habitemos sentimos su amor, que nos impulsa a la vida llena de pasión por la verdad, la justicia, la belleza y la alegría.
No importa el lugar en el mundo, ni la distancia que nos separa. Porque en su amor todos somos uno, un mismo ser que se mueve en sintonía, al unísono con la voluntad divina. Por él abrimos los ojos, nuestras piernas caminan y nuestros brazos se mueven, buscando cada día su energía. Nada tendría sentido fuera de Él.
Pero sin embargo, su presencia en la humildad del silencio es sutil, como una brisa en la noche. Su voz susurrante nos habla cotidianamente y sus milagros y señales suceden frente a nosotros sin que a veces podamos percibirlo. Él grita en la voz de los profetas, lucha en la fuerza de los revolucionarios, muere y se sacrifica en cada mártir que da su vida por la verdad y ríe en la sonrisa de cada niño. Su presencia es constante y omnipresente en cada lugar. Es el amor supremo por el cual nacemos, morimos y volvemos a nacer para la eternidad.
Él, Cristo, nos llama. Nos une en su amor. Nos busca y en cada encuentro nuestras almas resplandecen. Al seguirlo buscamos seguir sus pasos, que son los pasos de los justos y anhelamos oír una vez más su mensaje que nos envuelve y nos lleva a lo más alto de nuestro ser. Por Él existimos. Por Él queremos entregar hasta nuestro último aliento. Todo en nosotros comienza y termina en Él.
En cada encuentro con Giorgio, su luz se hace presente y nuestros espíritus responden a aquel llamado de la Vida. Ahí están su amor y su filosofía, manifestando lo imperceptible y haciendo mágica cada palabra y cada mirada que enciende nuestro plexo con el ardor del sol.
Tenía 15 años cuando pude sentirlo por primera vez. un destino divino me trajo a su lado y ya nada pudo ser igual. Su mensaje formó poco a poco mi personalidad y sus enseñanzas se hicieron mis ideales. Hoy mi vida es Cristo, gracias a él. Hoy mi vida es lo que es porque pude estar a su lado, viajar, reír, dejar caer mis lágrimas de emoción, conocer el amor más profundo que jamás haya sentido y mirar a Dios a sus ojos.
Ya no tengo nada más que pedir, solo seguir caminando con felicidad y amor eterno por el sendero que el Cielo dibuja a mis sueños, que son los sueños que a través de él me dio.
Gracias Giorgio por cada viaje, cada enseñanza y cada vida junto a vos. Tu verdad y tu justicia, que son las de Cristo, serán siempre los valores que harán latir mi corazón, en la espera del retorno de nuestro Maestro y Rey Jesucristo.
Matías Lucas Guffanti
15 de agosto del 2016

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